Jueves 23 de Febrero 2017

Alto a la violencia en la Mission

En dos marchas separadas se pidió lo mismo: que paren las agresiones en el distrito latino de San Francisco

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Alto a la violencia en la Mission
Durante una misa en el templo Mission Dolores se leyeron los nombres de las 68 personas asesinadas en San Francisco en 2012. Foto Francisco Barradas/El Mensajero

SAN FRANCISCO.— Horas antes de que iniciara el velorio de Silvia Patricia Tun Cun y un día antes de que se celebrara el de Francisco “Bryan” Gutiérrez, Julio Escobar, quien trabaja con la arquidiócesis católica de San Francisco, envió el 15 de enero un correo a los medios para recordar que las familias de ambos —guatemalteca ella; hondureño él— necesitaban dinero para pagar los costos del funeral.

Curioso, porque años antes Escobar intentó también ayudar a David Morales, quien podría ser condenado a cadena perpetua por presuntamente haber causado la muerte de Tun y Gutiérrez en un accidente de tráfico, el 1 de enero, mientras escapaba de la policía.

Escobar dijo que se reunió con Morales hace “tres o cuatro años”, en el centro de detención juvenil de San Francisco. “Sé que es de Nicaragua. No conozco a su familia. Ahora estamos por contactarle, para ver cómo lo vamos a apoyar”.

Como director de Comunidad San Dimas, Escobar ha trabajado por 20 años con adolescentes y jóvenes encarcelados o en libertad condicional, ex pandilleros y aquellos otros que los trabajadores sociales suelen llamar “menores en situación de riesgo”.

Escobar es además, desde 2008, director del Ministerio de Justicia Restaurativa de la arquidiócesis de San Francisco, oficina que atiende a víctimas de delitos violentos y sus familias, lo mismo que a los ofensores y, en general, trata de involucrar a la comunidad en la solución de problemas relacionados con el crimen.

“Asistimos a las familias que tienen una persona que muere por causa de la violencia. Apoyamos desde el momento en que mueren, durante el funeral y posteriormente; bien recaudando fondos o con soporte espiritual”, explicó Escobar.

Pero además, continuó, “parte del trabajo de nosotros es ver por los ofensores. Acompañamos a las familias cuando los muchachos van a ser sentenciados por vida, o a muerte; estamos con la familia en todo el proceso”.

El sábado 12 de enero, el Ministerio de Justicia Restaurativa convocó a una marcha por el barrio de la Misión —del templo de San Antonio a la Misión Dolores—. “Camina y ora por la paz”, decía la invitación. Acudieron unas 200 personas.

Al término de esa marcha, se celebró una misa en la Misión Dolores; frente al altar fueron colocadas 68 cruces de madera, de unos 30 centímetros de altura cada una, para recordar a las víctimas de homicidios en San Francisco durante 2012.

Entre los asistentes estaba Esperanza Bermudez. Una de las 68 cruces era por su hijo, César, quien murió baleado la tarde del 24 de octubre, cerca de la intersección de las calles Harrison y 25, al sur de la Misión.

“Murió al instante. Tenía 19 años. Era un muchacho muy bueno, no peleaba con nadie, tenía muchos amigos; era muy amigable, muy cariñoso. No sé por qué lo mataron”, relató la madre.

“Esa persona que nos arrebató a nuestro hijo nos dejó partido el corazón”, continuó la señora Bermudez.

El Departamento de Policía asignó el caso a su comando especial antipandillas. En los nueve días anteriores a esa fecha, otros dos jóvenes habían sido muertos a balazos en la calles de la Misión. El homicido de César Bermudez continúa sin resolver.

“Ya no estaba en la escuela. Le faltó terminar la High School. Pero él buscaba trabajos por parte de la ciudad. Siempre estaba haciendo cosas; a él le gustaba hacer videos… no terminó de hacerlo, lo empezó pero no terminó. Pero él no era malo, no peleaba con nadie. Aún no puede creer por qué fue”. Una ronda final de rezos se impuso sobre la voz de la madre.

Cuatro días antes de esta escena, el 8 de enero, en la Corte Suprema de San Francisco, David Morales, asistido por un abogado de oficio, se había declarado inocente de los 10 cargos que se le imputan, dos por homicidio.

Morales, de 19 años, era ya un delincuente en libertad condicionada cuando el 1 de enero, también en el barrio de la Misión, escapó de la policía a todo motor en un vehículo que causó el accidente de tráfico en que perdieron la vida Tun, de 29 años, y Gutiérrez, de 26.

Tras presentar los 10 cargos que podrían enviarlo a prisión el resto de su vida, la fiscalía de distrito informó que David Morales tenía una sentencia previa, emitida el 13 de abril de 2012, por delitos con pandillas.

“Al escuchar esta noticia, u otras similares, siempre nos sentimos dolidos porque son los jóvenes con que nosotros trabajamos; muchas veces ellos salen adelante, otras no. Pero de todas formas, nuestro trabajo es acompañarles después de la sentencia; escribirles, que encuentren esperanza, fe y amor”, comentó Escobar sobre este caso.

Más: ElMensajero.com

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