Chile, pretextos para un atentado terrorista

Alberto Buitre se especializa en movimientos políticos y contracultura

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Chile, pretextos para un atentado terrorista
Policías, bomberos y paramédicos atienden la emergencia generada por una explosión en la estación del metro en Santiago de Chile.
Foto: EFE

¿Cual es el fondo de la explosión de una bomba en el metro de Santiago de Chile? El Gobierno de Michelle Bachelet no ha logrado identificar responsables, no obstante, se adelantó a acusar a grupos “anarquistas”, que en el país son vistos como de “extrema izquierda”. Pero nadie dentro de ellos ha salido a reivindicar tal atentado. Sin embargo, parece ya no ser necesario. Los titulares fueron exhibidos y los cables oficiales circundaron el mundo con esa idea: “Terror en Chile”.

Pero, ¿y si existieran motivos que La Moneda no quiere revelar? Porque, si a alguien le sirve este “acto de terrorismo”, es a un poder que lleva años queriendo recuperar viejas instituciones de la dictadura como un aparato de inteligencia civico-militar que mitigue el creciente descontento social. Porque el cuento de la prosperidad capitalista en Chile, se está cayendo a pedazos.

La histórica guerrilla chilena del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), desmovilizada de la lucha armada desde el inicio de la era “democrática”, ha salido a decirlo:

“Buscan a través de lesionar a trabajadores/as y chilenos en general, crear condiciones políticas y sociales para dar luz a la refundación de los organismos de seguridad a la sazón de los gobiernos cívico militar, la creación de un nuevo organismo de inteligencia dependiente del Ministerio del Interior. Este nuevo organismo asumiría las tareas de la actual Agencia Nacional de Inteligencia (ANI). Este es el tema de fondo que esconde el actual gobierno”.

En su declaración pública sobre los atentados en el metro de Santiago de este lunes 8, el FPMR se desligó de cualquier responsabilidad, cuando algunas voces desde los medios de prensa se preguntaban si esto tenía que ver con un aniversario más de la Operación Siglo XXI que un 7 de septiembre de 1986 emboscó para intentar ajusticiar al ex dictador Augusto Pinochet. Y mas aún, a 31 años del golpe de Estado perpetrado por dicho personaje oscuro de la historia chilena, que diera con la vida del ex presidente Salvador Allende Gossens.

Pero entonces, como ahora, ni anarquistas, ni rebeldes mapuches, ni cualquier otro sujeto revolucionario en Chile, ha realizado atentado alguno en contra de la población civil. Nunca. Por eso llama la atención quienes y por qué, hicieron estallar un cilindro en el metro de Santiago, en el curso de la jornada laboral, hiriendo a personas inocentes.

En Chile, nunca los revolucionarios han atentado en contra sus pares, trabajadores inocentes, todo lo contrario, cada acción de cualquier tipo debe potenciar la clara idea en el seno de la gente común y corriente la construcción de una sociedad justa y distinta al actual modelo neoliberal capitalista que impera hoy, dijo el FPMR.

Si bien la asunción de Bachelet al Palacio de La Moneda no conlleva un riesgo para los grandes intereses económicos de Chile, su estancia revive el enojo de conocidos sectores de la ultraderecha chilena que no miran el compendio capitalista, sino el significado histórico-político de tener gobernando a una socialista sobreviviente de la dictadura de Pinochet.

Ese fue el caso del ex senador, Carlos Larrain, antiguo dirigente del partido ultraconservador Renovación Nacional y cuya carrera política comenzó justo en los tiempos álgidos de la dictadura.

Este personaje fue quien en el 2009 minimizó el apresamiento y tortura por el pinochetismo de la ahora dos veces presidenta chilena; la llamó “débil” y luego se refirió como “inútiles subversivos” a los estudiantes que clamaban por educación pública en las manifestaciones del 2011. Sin olvidar que consiguió que su hijo, Martín Larrain, no fuera condenado por asesinar a un trabajador a quien atropelló ebrio en 2013.

Y ha sido la ultraderecha chilena, derrotada en los comicios presidenciales del 2013, la que no perdona la inclusión de comunistas en el Parlamento ni en el Gobierno nacional, aún si éstos sólo obedecen al nombre y no a la historia.

Y ha sido la ultraderecha quién ha exigido a Bachelet la ampliación de la Ley Antiterrorista, entre lo que significaría una reforma a los aparatos judiciales y policiacos para acelerar procesos penales contra ‘enemigos del Estado’ y bajo el epíteto de terrorismo tener facultades constitucionales para reprimir y aprehender a quien se les de la gana.

¿Qué hacía falta para ello? Al igual que las presuntas armas de destrucción masiva que George W. Bush vio en Irak, la reacción conservadora en Chile también es capaz de sembrar sus propios pretextos. Y si no, al tiempo.

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