‘Es posible tener otra vida más allá de la pandilla’

Por 15 años fue miembro de la Mara Salvatrucha a la que fue orillado por el ambiente violento del hogar

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‘Es posible tener otra vida más allá de la pandilla’
Adrián Cáceres ha completado programas para dejar las adicciones y se ha dedicado a dar consejos a otros jóvenes a través de las organizaciones Homies Unidos y Homeboy Industries.

De la tormentosa niñez que Adrián Cáceres vivió en un hogar de violencia, alcoholismo y drogadicción brotó el resentimiento que durante muchos años marcó su vida de pandillero.
Ese pasado lo lleva inscrito en la piel, en dos letras, la ‘M’ que lleva tatuada en el antebrazo derecho y la ‘S’ en el izquierdo.
Son las siglas de la Mara Salvatrucha, la MS-13, la pandilla a la que ingresó cuando era todavía un niño y vivía en las inmediaciones de Koreatown y Pico-Union.
Adrián Cáceres tiene 27 años de edad y el enorme deseo de soñar en grande, de avanzar para dejar atrás esas huellas y lograr lo que él llama la “transformación”.
“A los 12 años ya había fumado marihuana y en mi primera pelea en la escuela no pensé en dar golpes, era tanto el odio que traía dentro de mí que lo que hice fue clavarle un lápiz en el ojo al otro niño”.
Cuenta que su padre los abandonó y su madre, víctima de golpizas en las que casi pierde la vida, se sumió en el alcoholismo.
“Ella trabajaba limpiando casas y no tenía tiempo para disciplinarme, por eso yo me la pasaba en la calle, ahí encontré a mi familia, los amigos del barrio me daban comida y dinero, dinero del mal”.
Por intentar acuchillar a un pandillero rival, a los 13 años cayó por primera vez en la juvenil, cárcel cuyas puertas fueron giratorias para Adrián durante los 5 años que se obstinó en cometer múltiples delitos.
Otros 5 años, de los 18 a los 23, los pasaría en otra prisión al ser sorprendido vendiendo droga a un policía encubierto.
“Ahí fue cuando me di cuenta que lo que yo glorificaba no significaba mucho, porque con todos los que yo estaba ahí eran de la calle, con los mismos problemas y por eso decidí darle una transformación a mi vida”.

Rescatado por Homeboy Industries

Lo primero que hizo fue borrarse el tatuaje con la palabra “MARERO” que lucía como bigote al acudir a Homeboy Industries, una organización que ayuda a los pandilleros a reinsertarse a la sociedad.
Pero tuvo una recaída en el alcohol y las drogas, pasaba las noches en los techos de los edificios hasta que un día lo arrestaron por cargar una pistola y fue encerrado otros dos años en una celda de máxima seguridad.
“Encerrado sin mirar la luz del sol me preguntaba qué había sido de mi vida y fue entonces que empezó mi transformación, porque aprendí que tenía que dejar la vida del dolor y aceptarme a mí mismo… Fue una época que tenía que pasar para darme cuenta quién era”.
Desde hace dos años, cuando salió de la cárcel, Adrián ha completado programas para dejar las adicciones y se ha dedicado a dar consejos a otros jóvenes a través de las organizaciones Homies Unidos y Homeboy Industries.
Actualmente estudia sociología en el Colegio Comunitario del Este de Los Ángeles (ELACC) y su meta es terminar un doctorado.
“Porque sueño en grande”, dice. “Porque quiero ser un ejemplo de que es posible tener otra vida más allá de la pandilla”.

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