Veterano latino lucha para recuperarse de los efectos de la guerra

Veterano latino lucha por regresar a la normalidad

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Veterano latino lucha para recuperarse de los efectos de la guerra
El veterano lucha día a día con el recuerdo de sus años en el ejército

La recesión económica del 2008-2009 dejó sin trabajo a Pablo Mena y con una familia que mantener decidió ingresar al Ejército de Estados Unidos, que en aquel entonces era una de las pocas opciones laborales.

Mena tenía 30 años de edad en el 2009 cuando recibió el entrenamiento de seis meses de las fuerzas armadas. En promedio, los soldados inician su servicio militar entre los 18 a los 20 años de edad.

“Aunque no tenía esa edad, yo me sentía físicamente preparado para servir”, dijo Mena, quien rápidamente se convirtió en líder de un grupo de soldados, convirtiéndose en la mano derecho del sargento que dirigía la tropa.

En el 2010 su tropa fue designada a trabajos de inspección de campo en Afganistán.

PHOTO PROVIDED BY PABLO MENA Photo of Pablo Mena

 Foto: Suministrada por Pablo Mena

“Realizábamos inspecciones en busca de minas y bombas. Nosotros éramos los primeros en enfrentarnos al enemigo”, dijo Mena. En una decena de veces, él y su tropa estuvieron presentes cuando detonaron bombas y granadas.

Aunque aún tiene sus extremidades, Mena sufre de daños a los nervios irreparables en las rodillas y ha sido sometido a varias operaciones.

“El dolor agudo es constante en las rodillas. También padezco de migrañas y de PTSD (estrés post traumático)”, comentó.

De acuerdo con el Departamento de Asuntos de Veteranos, el PTSD, ocurre por la experimentación o el ser testigo de un evento traumático y de mucho temor. Durante este tipo de evento, la persona experimenta que su vida o la de otros está en peligro y que no tiene control sobre lo que está ocurriendo.

Se estima que 6 de cada 10 personas experimentarán algún tipo de trauma en su vida y que 8 de cada 100 estadounidenses puede desarrollar PTSD.

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Foto: Aurelia Ventura

Además de los sentimientos de persecución y alerta, Mena también sufre por los sentimientos de culpabilidad que siente tras la muerte de su sargento y otros soldados que él tenía a su cargo.

En marzo del 2011 y mientras él se encontraba en Afganistán, su madre tuvo un derrame cerebral. Mena obtuvo un permiso especial para regresar a Los Angeles para estar con ella. En esa ocasión su tropa fue atacada y dos “hermanos” murieron en el enfrentamiento.

“Yo me culpé a mi mismo por no haber estado allá. Yo no hubiera permitido que eso sucediera o por lo menos eso es lo que pensaba una y otra vez. La culpa me invadió y ya no pude ver más allá”, dijo. “Yo tenía tanto dolor. Tanto dolor físico y emocional”.

Mena fue dado de alta del ejército porque ya no podía funcionar físicamente como era requerido de él por sus múltiples heridas en combate.

“Yo necesitaba ayuda para regresar a la vida civil. Yo necesitaba el apoyo de mi familia, pero en lugar de esto me aislé. No quería saber de nada ni de nadie. Quería que me dejaran en paz. Esto empeoró mi situación”, agregó el ex soldado.

Él no podía confiar en nadie, sólo en sus “hermanos” del ejército, por lo que buscó ayuda a través de la agencia federal encargada de ayudar a los veteranos de guerras. Esta agencia lo refirió al programa de Wounded Warriors y ellos lo enviaron al programa Operation Mend de UCLA.

“A través de muchas horas de terapia comprendí que yo no tenía control sobre nada de lo que sucedió. Comprendí que aunque hubiese estado ahí cuando sucedió el ataque a mi tropa, es posible que ellos aún hubiesen fallecido, pero la verdad es que nunca voy a saber porque no estaba ahí y no tengo control sobre nada”, dijo Mena.

Este ex soldado dijo que aunque ya pasó más de un año desde que dejó el ejército y varios años desde que participó en las operaciones de campo en Afganistán, él aún revive el pasado en su mente.

“Yo debería estar bien, pero no lo estoy. Odio estar en esa situación tan vulnerable emocional y físicamente”, dijo.

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Foto: Aurelia Ventura 

Como parte de su recuperación, él cultiva un jardín en su casa, le presta atención a su perrita que tiene tres patas, y pasa tiempo con su esposa y su hija adolescente.

“Vivo día a día. Aunque a veces siento que no estoy contribuyendo lo suficiente a la sociedad ni en mi casa, me tranquilizo y pienso en hoy. En este día”, agregó.

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