La pena de muerte otra vez en el tapete

Cada vez hay más hispanos en el corredor de la muerte

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La pena de muerte otra vez en el tapete
Urge replantearse otras alternativas a la pena de muerte.

La pena de muerte es un castigo irreparable en un sistema judicial que está muy lejos de la perfección. Es una condena que tiene un fuerte contenido racial al perjudicar de una forma desproporcionada. Estos son motivos suficientes como para que desaparezca.

Las encuestas de opinión indican que el respaldo a la pena capital sigue siendo mayoritario entre los estadounidenses aunque consistentemente se va reduciendo. En la Unión Americana, hay 19 Estados que ya la retiraron de los libros y otros más, como en California con la Proposición 62, tratan de prohibirlo.

Es bueno que los líderes latinos estén al frente de este movimiento. Hace unos días el National Hispanic Caucus of State Legislators, un grupo bipartidista que agrupa a 320 legisladores latinos de todo el país, hizo un llamado al Congreso, a los estados y municipalidades a buscar alternativas para combatir la violencia y eliminar la pena de muerte.

Lo mismo ocurrió en junio pasado cuando la National Hispanic Leadership Agenda, una coalición de 40 organizaciones latinas prominentes, pidió el fin a este castigo diciendo que los latinos se ven “directamente afectados por esta injusticia”.

Están en lo cierto. El número de latinos que están en el corredor de la muerte es cada vez mayor y no necesariamente debido al tipo de sus delitos. Numerosos estudios revelan la prevalencia de los jurados blancos a votar por la pena de muerte cuando los acusados son latinos y afroamericanos. De igual manera, es más probable que se dé la pena de muerte cuando la víctima es de raza blanca que de una minoría.

Otro error es creer como la gobernadora Susana Martínez de Nuevo México que intenta restaurar la pena de muerte como una manera de proteger la sociedad. En realidad no hay pruebas de que un individuo deje de cometer un asesinato por temor a este castigo. La pena de muerte se asemeja más a una venganza que a un acto disuasorio.

Pueden haber consideraciones éticas cuando el Estado es el que mata. En este caso es cuando mata inocentes. Cerca de 150 personas condenadas a muerte fueron posteriormente exoneradas, desde 1973, al descubrirse que no eran culpables. ¿Cuántos individuos inocentes habrán sido ejecutados?

No hay respuesta a esta pregunta. Lo mejor que se puede hacer es eliminar esa posibilidad erradicando un castigo cruento e irremediable como la pena de muerte.

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