“Vota por quien te dé la gana pero ejerce tu derecho”, dice el salsero Luis Enrique

Dice que fue un indocumentado con miedo que se sintió frustrado por no tener un estatus migratorio y llegó a pensar que nunca vería la luz al final del camino

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“Vota por quien te dé la gana pero ejerce tu derecho”, dice el salsero Luis Enrique
Luis Enrique.
Foto: Suministrada

El salsero Luis Enrique quien fue indocumentado desde los 15 hasta los 25 años, llamó a los latinos que pueden ejercer el derecho al voto para que sin importar su tendencia política, salgan a las urnas en las elecciones del 8 de noviembre.

Nosotros somos una gran mayoría. Es importante que nuestra voz se escuche a través del voto. Vota por quien te dé la gana pero sé responsable y ejerce tu derecho a votar”, remarcó en una entrevista con La Opinión, previo a su presentación en el concierto que la organización COFEM llevó a cabo para motivar el voto latino en Los Ángeles.

Luis Enrique contó que él como muchos inmigrantes llegó con una mano atrás y otra adelante, en busca de una oportunidad de ser productivo y hombre de bien. Dejó Nicaragua a los 15 años, al escapar de la guerra.

“Yo vine con mi hermano que era dos años menor que yo. Salimos de Somoto al norte de Nicaragua y viajamos hasta Tijuana. Un tío que sí tenía papeles nos cruzó en 1978. Aún no me explico cómo lo hizo porque yo sólo tenía pasaporte nicaragüense. No sé lo que es pasar y venirse en la Bestia, pasar por un río o el desierto pero sí fue un trayecto difícil”, recordó.

Contó que la vida de su pueblo a Los Ángeles fue un cambio drástico. “Yo no quería estar aquí. Yo quería vivir en mi entorno“, recuerda.

Luis Enrique llegó a vivir a Whittier con su hermano y sus tíos. “Cuando ya no vi posibilidad de regresar a Nicaragua. Dije ya estoy aquí, vamos a aprender inglés, estudiar, y voy a seguir mi sueño, ser profesor de música de niños especiales”, cuenta.

Confiesa que siempre le dio miedo ser indocumentado. “Me di cuenta que lo era al salir de High School, porque se me dio la posibilidad de conseguir becas para estudiar música y no pude por ser indocumentado. Me sentí frustrado. No veía una luz al final de túnel. Pero dije, me echo a llorar o hago todo lo que puedo. Pero ser indocumentado me enseñó a no perder la dignidad bajo ningún concepto”.

El músico y compositor dice que fue la música la que lo salvó. “Comencé a buscar cómo entrar al coro de la escuela, al grupo de jazz y las agrupaciones musicales de estudiantes”, menciona.

La comunicación se le complicaba, cuenta, porque no sabía inglés. “Al final, me llevan con el maestro de música de la escuela y él se da cuenta que tengo talento y hacemos click. Me hace examen de oído, a ver si canto afinado, si toco las notas. Cuando me escuchó tocar la guitarra, me dijo que era muy talentoso. Y ahí desarrollamos una amistad increíble”, observa.

Luis Enrique dice que él es un autodidacta de la música. Aprendió por su cuenta a tocar la guitarra y un poco de percusiones en su pueblo Somoto.

En cantante pudo regularizar su situación migratoria con la Amnistía de Reagan. (Foto: Suministrada)
En cantante pudo regularizar su situación migratoria con la Amnistía de Reagan. (Foto: Suministrada)

Se terminó la vida de miedo

En 1986 con la Amnistía de Reagan, logró obtener su residencia.

“La verdad llegué a pensar que mi situación migratoria no iba a tener arreglo. Pero con la Amnistía no fue tan fácil. Me dieron estatus de asilado político por dos años, después la residencia y a los tres años, me hice ciudadano. Fue increíble. Todo se facilita. Se terminó una vida con miedo, siempre mirando hacía atrás, cuidando que no me agarraran sin licencia de manejo, sin un seguro social bueno. Era un estrés increíble y una preocupación constante”, dice.

Para cuando le dieron el estatus de refugiado político, ya vivía en Miami, tenía entre 26 y 27 años y dos discos grabados. “A los 21 años me aventuré a irme a vivir a Miami. Si no lo hubiera hecho no estaríamos aquí en esta entrevista con La Opinión“, sostiene.

A sus 54 años, el salsero platica que su concepto del sueño americano no era necesariamente ser un cantante famoso de salsa. “Yo no he planeado mi vida, era imposible, era un niño indocumentado, no sabía si mañana iba a estar aquí. Todo fue consecuencia del destino.Vivía día por día”, considera.

>A los indocumentados, les dice que es importante que conozcan sus derechos y que sepan que no se los pueden violar. “Tiene que llegar el momento en que se dé una ley migratoria justa pero mientras tanto tienen que asumir que sí se puede, y lanzar lo que quieren al universo. A mí me ayudó mi terquedad. Me dediqué a estudiar música con religiosidad  porque me importaba cultivarme como un percusionista y trabajar con un buen grupo”, recuerda.

Pero mientras podía vivir de la música, hizo de todo para ganarse la vida. “Trabajé en el Wendy’s de Whittier.  Al tiempo que hacia hamburguesas no dejaba de soñar con escribir mis canciones”, dice.

También trabajó en el lavado de carros de basura con mangueras de presión aquí en Los Ángeles. “Eso me ayudó y me propuse que tenía que ser el mejor lavando carros”, recuerda.

Luis Enrique dice que la mayoría de los que viven de la Asistencia Pública no son latinos. “Por el contrario, son una fuerza laboral enorme. El motor del desarrollo de muchas industrias en Estados Unidos. Los mexicanos y centroamericanos están en las esquinas en espera de que alguien les dé un trabajo. No le hacen daño al país. Es lo contrario del discurso de Trump. Los latinos hemos venido a echar para adelante”, enfatiza.

Luis Enrique ha escrito más de 100 canciones. La mitad de sus composiciones están grabadas en sus discos. Una de las canciones con la que más se identifican los inmigrantes es la que lleva por título Autobiografía:

Fui de Managua hasta Tijuana

buscando al norte una esperanza

llegué a la tierra prometida

Aprendí otro idioma

comencé otra vida

crecí en las sombras del silencio

fui un ilegal con miedo

sin papeles y sin dirección

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