Ni ‘bad hombres’ ni ‘needy latinos’

Los hispanos están entre dos aguas en esta campaña electoral

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Ni ‘bad hombres’ ni ‘needy latinos’
Ni demócratas ni republicanos pueden dar por sentado el voto latino.

Los latinos viven políticamente entre dos aguas, una más benévola que la otra, pero no por eso son más aceptables. Están entre los republicanos que los usan de piñata cuando les conviene y los demócratas que les mandan los mariachis solo cuando hay que votar. O sea que, según se ha dicho en esta elección, para unos son “bad hombres” mientras que para los otros son “needy Latinos”.

Estos estereotipos, uno del candidato republicano Donald Trump y el otro del presidente de la campaña presidencial de la candidata demócrata John Podesta, resumen la manera en que ambos partidos políticos ven a los inmigrantes y a los latinos. Ambos representa un maltrato para un significativo bloque de votantes.

La idea de identificar a los hombres como “hombres malos” no es una invención de Trump. La mayoría de los republicanos ha hecho de la inmigración un problema de seguridad, aludiendo que son una amenaza para la seguridad pública. La indignación partidaria con su candidato presidencial surgió por la manera en que se refiere y trata a las mujeres, pero fueron muy pocos quienes criticaron al millonario cuando dijo que quienes venían de México eran violadores.

Por lado demócrata, la referencia de los “latinos necesitados” es irónica por el contexto en que fue usado. Podesta tituló así un e-mail enviado a Hillary Clinton proponiéndole que contacte al ex gobernador de New Mexico, Bill Richardson y al ex Secretario de Transporte, Federico Peña, para ver si puede obtener el respaldo de estos políticos latinos para su candidatura. La comunicación revelada por Wikileaks muestra que si había alguien en ese momento necesitado, era la campaña presidencial y no los latinos.

No es extraño que el establishment demócrata de Washington vea a los latinos como un grupo de quejosos y necesitados de atención. La culpa no es de los hispanos sino de los candidatos demócratas que cada cuatro años visitan el barrio con promesas que luego no se cumplen y aseguran tener prioridades que pasan a segundo plano cuando están en la Casa Blanca, como la reforma migratoria.

No somos ni “bad hombres” ni “needy latinos”. El desprecio de los republicanos y la arrogancia de los demócratas permite que los latinos no estén casados con ningún partido. Es cierto que es mejor ser ignorado que ser golpeado, pero esas no deben ser las únicas opciones.

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