Pena de muerte: dos caras de una misma sentencia

Partidarios y opositores exponen sus perspectivas en cuanto a la máxima condena

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Pena de muerte: dos caras de una misma sentencia
El 8 de noviembre, los californianos podrán decidir sobre el futuro de la pena de muerte.
Foto: Archivo / EFE

Esta semana, la Oficina del fiscal de distrito del condado de Riverside anunció que pedirá la pena de muerte para John Hernández Felix, el joven de 26 años de edad acusado de la muerte de José Vega y Lesley Zerebny, y de intento de asesinato de otros tres oficiales de policía de Palm Spring.

A menos de dos semanas de las elecciones nacionales, el polémico tema de la pena de muerte ha cobrado un renovado interés entre quienes apoyan y quienes se oponen a este tipo de condena.

Si bien existe un consenso general sobre las deficiencias que existen en la práctica actual de la condena máxima, no todos coinciden en la solución. Hay quienes proponen abolir la pena de muerte y están a favor de Prop. 62 y quienes en cambio proponen modificarla, a través de Prop. 66. Según las leyes de California, cuando como en este caso, se adoptan dos medidas contradictorias, prevalece aquella que recibe la mayor cantidad de votos afirmativos.

La conferencia de obispos católicos de California se pronunció en contra de la pena de muerte.
La conferencia de obispos católicos de California se pronunció en contra de la pena de muerte (Foto: Archivo/La Opinión)

En contra de la pena de muerte

Uno de los mayores argumentos de quienes defienden la pena de muerte es que la condena ayuda a la víctima a procesar el duelo de su ser querido. Y sin embargo, existen familiares de víctimas de asesinato que no coinciden con dicho argumento.

“Mi esposo Dan fue asesinado en su trabajo”, señaló Dionne Wilson, viuda de un oficial de policía de San Leandro que perdió la vida cumpliendo su deber, y quien se opone a la pena de muerte. El oficial Dan Niemi, padre de dos niños, fue asesinado 11 años atrás, cuando respondía a un llamado por disturbios.

La viuda indicó que, si bien en ese momento luchó para que el asesino sea condenado a la pena de muerte, en la actualidad se opone a ella. “Mi familia entera estaba devastada, yo tenía mucho coraje y luché por la pena de muerte, pero estaba equivocada”, confesó Wilson.

El sistema de pena de muerte me ha fallado porque no desalienta el crimen, no nos mantiene más seguros y no nos ahorra dinero. Es más, desperdicia $150 millones de dólares por año”. Según Wilson, es más efectivo invertir en programas que sí mantienen segura a la comunidad.

El costo del Sistema penitenciario actual que incluye la pena de muerte es de más de $137 millones de dólares anuales, debido al alto precio del proceso de apelaciones y extensiones. El costo de un sistema que no contempla la pena de muerte, y en su lugar aplica la cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional es de $11.5 millones (Fuente: California Commission on the Fair Administration of Justice).

Según estadísticas recopiladas por el Centro de información sobre la pena de muerte, los estados que contemplan la pena de muerte tienen un mayor índice de asesinatos que aquellos que se oponen a la sentencia.

Quienes se oponen a la condena también alegan que debido a la duración que lleva el proceso de apelaciones, los familiares de las víctimas tienen que revivir el incidente y enfrentarse a los asesinos una y otra vez.

Beth Webb, cuya hermana fue asesinada en 2011 junto a otras siete personas en una peluquería de Seal Beach, dijo que hubiese preferido que le dieran cadena perpetua al culpable. El caso, que pudo haberse cerrado años atrás, se prolongó porque el fiscal del distrito pidió la pena de muerte.

Debido a los procedimientos de la corte, tuve que mirar [al asesino] casi 50 veces. Sentado allí, absorbiendo toda la atención. Es repugnante”, contó Webb. “Si no se aprueba Prop. 62, el asesino seguirá allí sentado por otros 20 años”.

Webb dijo estar a favor de Prop. 62 porque, “encierra a los asesinos de por vida, sin posibilidad de libertad condicional, y esto le brinda un poco de paz a aquellos que estamos en duelo”.

A favor de la condena

Si bien quienes apoyan la pena de muerte coinciden con quienes se oponen en que el tiempo entre la sentencia y su ejecución es demasiado largo, en lugar de abolirla, prefieren modificarla, a través de Prop.66.

Phyllis Loya, una partidaria de la pena de muerte, perdió a su hijo Larry Lasater 11 años atrás. Al igual que Niemi, Lasater era un oficial de policía de Pittsburg que perdió su vida durante la persecución de dos ladrones que habían asaltado un mercado y un banco.

El responsable por su muerte fue condenado a la pena máxima en 2007, pero desde entonces se han sucedido las apelaciones y extensiones.

Tengo 65 años de edad y sufro del corazón y probablemente no voy a vivir para ver la ejecución del asesino de mi hijo, pero estoy comprometida a luchar por la reforma de la pena de muerte, para que mi hijo reciba justicia”, aseguró.

Marc Klaas vivió la peor pesadilla que un padre puede vivir.
Marc Klaas vivió la peor pesadilla que un padre puede vivir (Foto: Suministrada)

Marc Klaas vivió la peor pesadilla que un padre puede vivir. Su hijita Polly, de 12 años de edad, fue raptada y asesinada en 1993. El asesino, Richard Allen Davis, luego tiró sus restos en una pila de basura, cerca de la bajada de una autopista, en California. Davis fue encontrado culpable y sentenciado a la pena de muerte, 17 años atrás, pero aún se encuentra en el pabellón de la muerte.

Klaas es un ferviente defensor de la pena de muerte.

“Debemos ejercer nuestra voluntad y exigir ser que se haga justicia. Se ha hecho evidente que esto nunca se logrará a través de la legislatura del estado de California”, opinó.

¿Y si era inocente?

Si bien el proceso actual entre la condena y la ejecución de una persona es extremadamente largo y costoso, hay quienes advierten que precipitar la ejecución podría resultar en la muerte de convictos falsamente acusados, como el conocido caso del puertorriqueño Juan Roberto Meléndez-Colón, que estuvo casi 18 años en el pabellón de la muerte, por un crimen que no cometió.

Meléndez pasó casi 18 años de su vida en el pabellón de la muerte, por un crimen que no cometió y ahora es un activista contra la pena máxima (Foto: Cortesía de Witness to Innocence)
Meléndez pasó casi 18 años de su vida en el pabellón de la muerte, por un crimen que no cometió y ahora es un activista contra la pena máxima (Foto: Cortesía de Witness to Innocence)

Pero el caso de Meléndez no es el único: según el Reporte del subcomité judicial de derechos civiles y constitucionales, desde 1973, más de 150 personas han sido liberadas del corredor de la muerte tras haberse probado su inocencia.

Para más información a favor y en contra de la condena de muerte, puedes visitar:

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