Pasó 23 años en prisión por un crimen que no cometió

Creyeron que el hombre de Hesperia golpeó de manera salvaje hasta matar a su propia esposa

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Pasó 23 años en prisión por un crimen que no cometió
Richards a su salida de la cárcel como un hombre libre de nuevo después de 23 años.
Foto: California Innocence Project

William “Bill” Richards, de 67 años, salió en junio de la cárcel después de haber pasado 23 años en prisión, condenado por la muerte de su esposa en 1993.

Su mujer, Pamela, tenía 40 años y vivía con Richards, entonces de 43, cuando fue brutalmente asesinada. La noche del 10 de agosto de 1993, Richards llegó a su casa de Hesperia para, según contó a la policía, encontrar el cuerpo de su esposa tirado en el exterior, desnudo de cintura para abajo.

Pamela había sido golpeada salvajemente y su cabeza estaba destrozada, y cuando los investigadores llegaron encontraron manchas de sangre en la ropa de Richards que un experto afirmó luego no se habían producido durante el asesinato, sino cuando el hombre abrazó el cuerpo de su esposa muerta.

Él fue declarado culpable del crimen tras hasta tres juicios, después de que en los dos primeros el jurado empatara en su veredicto. Pero en el último se aceptó una prueba forense que, aunque después fue anulada, sirvió para inculpar a Richards, hasta que años después y tras cambios en la ley se ha revocado la sentencia.

Rochards fue declarado culpable en 1993, pero en su contra solo había pruebas circunstanciales y otra qu luego fue declarada falsa (Foto: California Department of Corrections and Rehabilitation via AP)
Rochards fue declarado culpable en 1993, pero en su contra solo había pruebas circunstanciales y otra que luego fue declarada falsa (Foto: California Department of Corrections and Rehabilitation via AP)

Richards era el sospechoso más plausible: el cuerpo de su mujer no había sufrido violencia sexual, no se había robado nada, vivían en una casa aislada en una zona desértica, y la pareja mantenía relaciones extramatrimoniales y planeaba divorciarse. No había más huellas que las del coche de Richards en la tierra alrededor de la casa y los perros de la pareja estaban tranquilos, como si hubieran reconocido al agresor.

Sin embargo, no había ninguna prueba que no fuera circunstancial contra Richards, excepto una: un mordisco en la mano de Pamela, que un forense dijo que coincidía con la dentadura de su esposo.

El mismo médico luego se retractó de esa declaración, pero aun así el jurado declaró culpable a Richards y fue condenado a entre 25 años y cadena perpetua en la prisión de Rancho Cucamonga. Una organización sin ánimo de lucro, el California Innocence Project destinada a exonerar a personas condenadas injustamente, se ha esforzado en sacarlo de la cárcel casi desde su fundación, en 1999.

Un cambio en la ley de California permitió a los testigos expertos retractarse de su testimonio, que pasaría así a ser considerado como una prueba no válida. Entonces la dudosa evidencia de la lesión en la mano de Pamela dejó de ser suficiente para mantener a Richards entre rejas y la Corte Suprema, que en 2013 había votado 4-3 para no rescindir su condena, cambió de opinión y votó 7-0 por su liberación.

Fue precisamente la decisión inicial de la Corte Suprema de no liberar a Richards la que motivó un cambio en la legislación, ya que hizo que varios ONG y estudiantes de la Escuela de Derecho McGeorge de la Universidad del Pacífico persuadieran a los legisladores para que incluyeran los testimonios forenses desacreditados dentro del concepto de “prueba falsa”, que garantiza un nuevo juicio.

Richards dice tener claro su nuevo propósito en la vida: continuar colaborando con el California Innocence Project para evitar que nadie más pase por lo que él sufrió. También, como contó a la cadena CBSLA, querría mudarse a Nevada y abrir una compañía de ingeniería (antes de su arresto, era ingeniero mecánico).

La vida de Richards fuera de la cárcel no será fácil: sufre un cáncer de próstata que denuncia no fue tratado adecuadamente en prisión y está en bancarrota, ya que todas sus propiedades fueron embargadas y los amigos y familia en los que se apoyaba ya han fallecido. Sobrevive a base de una mísera pensión por la seguridad social y vive temporalmente en la casa en Riverside de la abogada que luchó durante años porque fuera liberado, Wendy Koen.

Según las leyes de California, una persona condenada injustamente tiene derecho a una compensación de $140 por cada día que pasó en prisión, pero de acuerdo al California Innocence Project, el proceso de compensación es una pesadilla y algunos de sus clientes llevan hasta una década esperando recibirla. Richards, liberado hace solo unos meses, aún no ha visto un centavo.

Los fiscales que están revisando el caso de Pamela se han reservado el derecho de volver a abrir un expediente contra Richards en cualquier momento, si la investigación arroja nuevos datos que vuelvan a señalarlo como sospechoso.

El California Innocence Project defiende la hipótesis de que el culpable habría sido Ángel Resindez, “el asesino de las vías”, un asesino en serie que mató a decenas de personas en México y Estados Unidos durante la década de los 90.

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