California y la educación bilingüe: un camino tortuoso

La Proposición 58 la trae de nuevo a discusión pública en las elecciones del 8 de noviembre, después de que los californianos votarán en contra en 1998

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California y la educación bilingüe: un camino tortuoso
La educación bilingüe fue una realidad en California durante décadas, hasta que en 1998 se prohibió. Ahora existe la posibilidad de recuperarla.
Foto: Aurelia Ventura / La Opinión

Entre las medidas que los californianos votarán el próximo 8 de noviembre, hay una, la Proposición 58, que podría afectar de manera decisiva a la educación de sus hijos.

Un voto en contra prohibirá que en las clases se utilice el español o cualquier otro idioma que no sea inglés. Un voto a favor, que los niños cuya lengua materna sea otra puedan recibir instrucción en ese idioma mientras aprenden gradualmente inglés, en lugar de hacerlo en solo un año como se estableció en 1998 con la iniciativa 227.

La Prop. 58 también contempla que los niños que hablan sólo inglés puedan aprender un segundo idioma.

Tal y como funciona el sistema a día de hoy, al tener que aprender sólo en inglés, muchos niños pierden su lenguaje nativo y esto no sólo les afecta académicamente, sino también cultural y socialmente.

Pero el argumento que esgrimen quienes se oponen a la educación bilingüe es que impide que los niños aprendan inglés y se integren.

La cuestión de si el estado debería o no ofrecer opciones escolares en otros idiomas además del inglés viene de lejos. En realidad, es parte de una discusión más amplia sobre la lengua, la inmigración y cómo la sociedad estadounidense lidia con esta última. Los Republicanos, por ejemplo, llevan tiempo presionando sin éxito para que Estados Unidos adopte el inglés como lengua oficial -EEEUU no tiene un idioma oficial, pero la mayoría de los estados sí lo tienen- arguyendo que ayudará a los inmigrantes a integrarse y creará unidad.

Quizá la cuestión es cómo comprendemos la idea de integración; si como una asimilación por la que los inmigrantes pueden llegar a perder su idioma materno, o como un esfuerzo por crear una sociedad multicultural.

Además, la idea de fondo, que solo los inmigrantes “no integrados” hablan un segundo idioma, es errónea. Muchos ciudadanos estadounidenses o residentes con permisos legales son bilingües de inglés y otra lengua, o tienen un idioma materno que no es el inglés.

En California en torno al 25% de la población es de origen extranjero y se hablan más de 200 lenguas, pero la única oficial del estado es el inglés. La segunda lengua más hablada es el español, con proporciones considerables también de hablantes de tagalog, chino o coreano.

Dominar el inglés ha sido tradicionalmente considerado como un requisito para conseguir la ciudadanía estadounidense, y en 1906 se oficiliazó esta idea, que sigue en efecto a día de hoy. Lo que se discute es si debería ser también una exigencia para quienes tienen permisos de residencia pero no la ciudadanía, o para los menores que están dentro del sistema educativo.

En 1968 el Congreso aprobó el Acta de Educación Bilingüe, diseñado para ayudar a los jóvenes inmigrantes que se quedaban atrás académicamente de forma que pudieran, de forma voluntaria, estudiar algunas materias en sus idiomas nativos mientras iban adquiriendo un mayor dominio del inglés.

El Acta otorgaba financiación a las escuelas que incorporaban los medios para que los estudiantes pudieran escoger esta opción bilingüe, y se basaba en la idea de que era discriminatorio que no se proporcionara educación adecuada y suficiente a los estudiantes que hablaban otras lenguas.

La educación bilingüe se convirtió en un asunto político por temor a que diferentes idiomas dividieran al país (Foto: J. Emilio Flores/La Opinion)
La educación bilingüe se convirtió en un asunto político por temor a que diferentes idiomas dividieran al país (Foto: J. Emilio Flores/La Opinion)

Pero para algunos, esta educación bilingüe era una manera de segrear a los estudiantes de origen inmigrante y hacer que permanecieran separados del resto. Como señala la revista TIME, esta controversia que convirtió la educación bilingüe en un asunto político y que tomó gran fuerza en las décadas de los 80 y los 90 estaba alimentada por la situación que vivía la vecina Canadá.

Este país vivió por esa época tensiones internas nacidas de la diferencia idiomática entre las regiones, que amenazaban con que Quebec, la zona francófona, se escindiera y se convirtiera en un Estado independiente. Esto no llegó a pasar, pero sirvió para inspirar la medida 227 en California, que al ser probablemente el estado más multicultural de todo EEUU era también el de mayor riesgo.

Esta iniciativa defendía la restricción de la educación bilingüe bajo el pretexto de que recibir clase en su idioma nativo hacía que los estudiantes “languidecieran” y tardaran más en aprender inglés. En su lugar, quienes no fueran hablantes nativos de inglés debían tomar un año dedicado a aprender esta lengua antes de incorporarse al curso académico normal y recibir todas sus clases exclusivamente en inglés.

Los californianos votaron con una mayoría de más del 60% a favor de la medida 227, y terminaron así de manera efectiva con trés decadas de educación bilingüe en California. A día de hoy algunos estudiantes pueden cursas programas bilingües en una serie de escuelas repartidas por el estado, pero la mayoría de los 1.4 millones de estudiantes que están aprendiendo inglés pasa toda su vida escolar en un aula donde solo se habla este idioma.

Como ya hemos mencionado, una consecuencia de esto es que el inglés sigue siendo su segundo idioma pero pierden su idioma materno, solo para salir años después al mercado laboral y encontrarse que muchas ofertas valoran el dominio de más de una lengua y, sobre todo, piden español.

Ahora, casi 20 años después, la Proposición 58 da la oportunidad de revertir esa medida. Esto puede ser un signo de un cambio de paradigma de la concepción de integración social en California, y un fin del modelo de “solo inglés” para apostar por otro del que podrían beneficiarse también los hablantes nativos de inglés, que tendrían la posibilidad de aprender otra lengua desde pequeños.

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