El Colegio Electoral, lastre para la democracia

Columna de opinión de María Luisa Arredondo

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El Colegio Electoral, lastre para la democracia
Miles de personas expresan su descontento con el resultado de las elecciones en EEUU.
Foto: RINGO CHIU/AFP / Getty Images

Son muchas las razones que se han dado para explicar la derrota de Hillary Clinton —la economía, el mal manejo de los correos electrónicos, la intervención del FBI, el racismo, el sexismo, la desconfianza que generó entre muchos electores, la falta de entusiasmo de los demócratas para votar por ella, el resentimiento hacia los políticos de Washington, etc.— pero hay una determinante que me inquieta de manera particular: el papel del Colegio Electoral.

Como lo indican los resultados finales, Hillary perdió de manera contundente el voto electoral (232 contra 290 de Trump) pero se impuso en el voto popular.

Aunque la diferencia fue mínima (alrededor de 220 mil votos con el 92% de los votos contados) para los millones que sufragamos por Clinton es profundamente descorazonador que, al final, hayamos perdido pese a que superamos en número a los partidarios de Trump.

Se trata, por supuesto, de la forma en que funciona esta democracia desde la fundación de Estados Unidos.

Temerosos de que el pueblo eligiera a un candidato incapaz o peligroso para el país, los Padres Fundadores crearon el Colegio Electoral para que esta entidad fuera la que finalmente determinara al ganador de una elección.

La mayoría de las veces el voto popular coincide con el electoral y todos conformes.

Existen, sin embargo, elecciones como la actual en que no hay coincidencia entre ambos resultados y es entonces cuando surgen las dudas acerca de la función real de este sistema que no sólo previene que llegue a la presidencia un candidato totalmente inadecuado como Trump sino que favorece esta posibilidad.

No es la primera vez, en elecciones recientes, que el Colegio Electoral se opone al voto popular con resultados desastrosos.

En el 2000, Al Gore también se impuso en el voto popular pero perdió ante George W. Bush por los votos electorales, en una muy cuestionada decisión de la Suprema Corte sobre Florida que dejó un amargo sabor de boca a millones de demócratas.

Hoy, es claro que, de acuerdo con el sistema actual, debemos aceptar que el ganador es Trump. Pero es evidente también que ha llegado la hora de que se revise la conveniencia de tener un Colegio Electoral que no sólo es anacrónico y antidemocrático sino que definitivamente no sirve para evitar que sea elegido un individuo que, a todas luces, carece del temperamento, el juicio, la experiencia, el conocimiento, la tolerancia y la integridad moral para ocupar el cargo más importante de este país y del mundo.

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