Dejar esa fantasía sexual en un sueño o ir a cumplirla; he ahí el dilema

Mujeres me confiesan que disfrutan sus orgasmos en sueños, sí, mientras duermen, porque despiertas, jamás

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Dejar esa fantasía sexual en un sueño o ir a cumplirla; he ahí el dilema

“Qué detallista eres, me encantan tus detalles”, le contesté luego de leer sus comentarios sobre una de mis participaciones en televisión.

Me encantó que no tan sólo observara el contenido de mi narrativa, sino también hasta el más mínimo detalle de mi todo. Desde cómo iba vestida, peinada, maquillada, en fin, decorada.

Mas la realidad es que, en el fondo de mi corazón, le hubiera escrito lo siguiente: “qué detallista eres, me encantan tus detalles, ¡me encantas tú!”

Pero, no lo hice. Es más, no lo he hecho todavía, lo confieso. Es fácil imaginarme en sus brazos, jugando con su larga cabellera y palpando su cuerpo, robusto como es, enterito de arriba abajo.

Recrear sus manos sobre mi falda, pecho, en mi cintura y debajo de ella. Me excito con tan sólo imaginar sus besos y caricias, y cuán detallista será haciendo el amor. No, mejor no me confundo, teniendo sexo.

Son de esos gustos que una se quiere dar, por el bien de la salud física y emocional y sí, del buen humor y la mucha dopamina.

Si son tantos los beneficios del sexo, ¿por qué privarse? ¿Por qué evadirlo, o peor aún renunciar a ello, como hacen tantas?

Mujeres que me confiesan disfrutan sus orgasmos en sueños, sí, mientras duermen porque despiertas jamás. Inverosímil, digo yo.

Por mi parte, nunca he renunciado a ello, jamás, que yo recuerde y sí me acuerdo bien.

Unas veces más, otras menos, algunas dignas de repetir, otras no tanto, pero siempre activa. No, mejor dicho, muy activa.

Todo empezó desde pequeña. Desde que, no sé cómo, descubrí ese placer, ese gusto tan gustoso y placentero que luego descubrí se relaciona con el sexo. Palabra que jamás escuché en mi hogar, menos aún fue explicada. Yo sé que lo traigo de antes, de otras vidas. Es más, de Grecia, digo yo y es que esa imagen de estar caminando en el templo, entre columnas, mirando al mar, mi mar, no se aparta de mi mente.

En esa vida creo que yo era como una diosa del amor y ese gran día, ese día  que tanto recreo me tocaba enseñarle a las doncellas y mujeres de la corte el arte de la seducción y del buen sexo.

Seducción que no tiene nada que ver con fetiches y otros elementos externos alegóricos al sexo comercial.

Seducción que viene de adentro, de ese mundo interno bien cultivado, que tenemos todas, y que se manifiesta en lo externo y está presente en todo lo que hacemos, incluyendo el sexo y, sí, también el amor.

Tal parece que llevo muchas vidas cultivándome para disfrutarlo a plenitud, de esta santa manera, tanto, tanto.

Por eso hoy se me hace tan fácil hablarlo, explicarlo y disfrutarlo. Es muy fina esa línea entre la prudencia, los debería y los anhelos del corazón.

Y si bien es cierto que no somos animalitos salvajes copulando a diestra y siniestra, igual de cierto es que una vez al año no hace daño, una vez al mes hace bien y una vez a la semana porque me da la gana. Digo, creo que así fue que me ensenó la frase mi ahijada Natalia. No estoy muy segura, pero era algo así. Y yo le añado que una vez al día para mi alegría.

¡Me encantas tú! Decidido. Hoy mismo se lo digo.

Si son tantos los beneficios del sexo, ¿por qué privarse? ¿Por qué evadirlo, o peor aún renunciar a ello, como hacen tantas?

– Doctora Carmita Laboy

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