Los inmigrantes mexicanos que hicieron florecer todo un distrito escolar en L.A.

Nunca pensaron el alcance que iba a tener cuando, hace 23 años el echar de menos el campo mexicano, tuvieron una brillante idea

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Los inmigrantes mexicanos que hicieron florecer todo un distrito escolar en L.A.
Los estudiantes de la escuela Bell Gardens Intermediate muestran a un distrito entero cómo hacer más por su comunidad.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinion

Cuando hace más de 20 años, a dos niños inmigrantes mexicanos se les ocurrió crear un jardín de vegetales y frutas en la Escuela Intermedia Bell Gardens para sentirse cerca de la tierra que tanto extrañaban, nunca pensaron que se extenderían por todo el Distrito Escolar Unificado de Montebello.

Aunque tomó años en florecer la semilla, en la actualidad, las 28 escuelas del Distrito Escolar Unificado de Montebello tienen su propio jardín donde los estudiantes pueden cultivar.

“Entré en el sexto grado. Yo venía de San Simón, Puebla. Mis padres eran campesinos y yo desde los siete años empecé a trabajar la tierra. Al llegar aquí, Miguel Ángel Ochoa, que también venía de Puebla, y yo nos sentíamos extraños, no había nada que nos hacía sentir en casa. Allá, nuestra diversión era jugar canicas y visitar a los abuelos. Aquí todo era comer pizza y videojuegos. Así que pensamos, por qué no sembramos algo aquí”, recuerda Joaquín Olivares, ahora de 36 años y propietario de un negocio de renta de equipo para fiestas y festivales.

11/11/16/ BELL GARDENS/Joaquin Olivares (L), Miguel Angel Ochoa, and Eva Cupchoy, founders of community garden patch at Bell Gardens Intermediate School in Bell Gardens. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)
Joaquin Olivares y Miguel Angel Ochoa al lado de la maestra Eva Cup Choy comparten con los estudiantes cómo fue que hace 23 años crearon el jardín en la escuela intermedia Bell Gardens. (Foto: Aurelia Ventura/La Opinión)

Los dos menores se acercaron a la profesora Eva Cup Choy a quien le tenían confianza y sentían que tenía cariño por los estudiantes.

“Usted cree, le dijimos, que nos dejen sembrar una plantitas. La profesora Cup Choy buscó ayuda pero nadie la quiso apoyar. Nos dijeron que si lo queríamos hacer, sería por nuestra cuenta. Comenzamos a plantar tomates, camotes y sandías. Con las manos escarbábamos la tierra, acarreábamos agua de los salones. Cuando ya estábamos listos para cosechar, nos vandalizaron y destruyeron el jardín. Pisotearon nuestra fruta, fue muy triste”, cuenta Olivares

Pero los vándalos no los desanimaron. “Sentíamos que si abandonábamos el jardín era abandonar nuestra raíces. Volvimos a limpiar y a sembrar”, rememora.

11/11/16/ BELL GARDENS/(right to left) Friends Angel Alvarez, 11, Christopher Lara, 11, and Angel Medina, 10, plant seeds into a dirt plant containers, at the community garden patch at Bell Gardens Intermediate School in Bell Gardens. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)
Ángel Alvarez, 11, Christopher Lara, 11, y Ángel Medina, 10, plantan semillas en el jardín de la Escuela Intermedia Bell Gardens de Bell Gardens. (Foto: Aurelia Ventura/La Opinión)

Para los niños migrantes, el huerto escolar era un lugar donde iban a sacar el estrés. “Sufríamos mucho bullying por no hablar inglés, y los compañeros aunque eran latinos nacidos aquí se burlaban de nosotros porque lo poco que hablábamos de inglés era con acento. El jardín se convirtió en un desahogo. Ahí nos olvidábamos del mundo y nos sentíamos cerca de la tierra”, dice Olivares.

Para Ochoa fue un tremendo choque cultural, llegar de su rancho en Puebla, México a Los Ángeles, una ciudad de “puro cemento”, dice. “El jardín se convirtió en un pedacito de tierra donde podíamos sobrellevar la nostalgia, era nuestro lugar de pertenencia, realmente maravilloso. Nos encantaba ver como una semillita se convertía en muchas frutas”, platica quien ahora ejerce como psicólogo en Reno, Nevada.

Pero regresar a su escuela, décadas después, y ver que hay jardines frutales en todas los planteles del Distrito Escolar de Montebello, lo hace sentir que cada uno, puede tener un impacto en las cosas pequeñas. “No sabíamos el alcance que iba a tener. Nos hizo inclinarnos hacia lo saludable y orgánico. Nosotros preferíamos comer un jitomate con limón que dos hamburguesas de 99 centavos en la hamburguería de la esquina”, dice.

11/11/16/ BELL GARDENS/Elias Ayala with his two daughters Elisa, 12, and Erika, 8, plant vegetables at the community garden patch at Bell Gardens Intermediate School in Bell Gardens. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)
Elias Ayala con sus dos hijas Elisa de 12 y Erika de 8 plantan vegetales en el jardin de la escuela Intermedia Bell Gardens. (Foto: Aurelia Ventura/La Opinión)

Cambia la vida de los niños

Joaquín Olivares considera que los jardines escolares siembran la semilla de comer sano y los niños la llevan a su casa. “Fomentan en los menores el consumo de sus propias frutas y verduras, y eso los ayuda a combatir la obesidad, la diabetes y las enfermedades del corazón”, opina.

Daisy Reyes de doce años es la presidenta del Club del Jardín de la Escuela Intermedia Bell Gardens. “Es muy divertido ver como crecen los vegetales. Me gusta porque quiero ser más saludable”, dice.

Su madre Rufina León agrega que la familia ha aprendido a comer mejor desde que sus dos hijas han participado en el jardín. “Ellas no comían verduras verdes”, dice mientras que Daisy comenta que desde que cultiva el kale (col rizada), el basil (Albahaca) y el swiss chard (acelga), le gusta comerlos.

11/11/16/ BELL GARDENS/9 year-old Joseph Contreras helps Eva Cupchoy, co-director of the intermediate school's garden club, place dirt into plant containers, at the community garden patch at Bell Gardens Intermediate School in Bell Gardens. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)
Joseph Contreras de nueve años ayuda a la profesora Eva Cup Choy, cofundadora del jardín de la Escuela  Intermedia Bell Gardens a plantar las semillas en los contenedores. (Foto: Aurelia Ventura/La Opinión)

Una terapia para niños especiales

Para Ilder Ponce Jr. de 13 años quien sufre de autismo, la huerta escolar ha resultado su mejor terapia. “Ha cambiado mucho. Está muy motivado quiere saber todo sobre cómo sembrar y cuidar los vegetales. Siempre quiere ir a la biblioteca y buscar libros sobre el tema, al grado que abrimos un jardín pequeño en la casa. Sembramos tomate y cilantro. Y le gusta vender lo que cultiva”, platica su padre Ilder Ponce.

Elias Ayala quien es padre de familia y guardián del jardín de la Escuela Intermedia Bell Gardens, padre de Erika y Elisa sus hijas de 8 y 12 años que también participan en la huerta, coincide en que es una una magnífica terapia para niños con autismo. “Les fascina. Siguen muy bien las indicaciones de cómo regar y otras actividades”, comenta.

Añade que en general a los menores la jardinería, les quita la timidez y los ayuda a socializar en la comunidad.

11/11/16/ BELL GARDENS/Friends Daisy Reyes (L), 12, and Jazlyn Diaz, 11, collect ripe fruit and vegetable at the community garden patch at Bell Gardens Intermediate School in Bell Gardens. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)
Daisy Reyes, de 12 años, y Jazlyn Diaz, de 11, cortan frutas y verduras del jardín comunitario de su escuela en Bell Gardens. (Foto: Aurelia Ventura/La Opinión)

“Mis hijas no comían antes tantas ensaladas como ahora. Eso es muy bueno porque vivimos tiempos de mucha diabetes y cáncer en la comunidad”, subraya.

Se extienden por todo el Distrito

Eva Maria Cup Choy, la maestra que creyó en los niños inmigrantes mexicanos y los apoyó para establecer el primer jardín en las escuelas del Distrito Escolar Unificado de Montebello, dice que cuando se lo propusieron, le llamó la atención por la riqueza cultural que traían al venir de México. “Y por qué no, dije. Me siento orgullosa de haberlos ayudado en una época en que el que la Escuela Intermedia Bell Gardens no había plantas, jardines ni flores”, observa.

Tanto ella como el profesor John Garza son los cofundadores de los jardines en las escuelas del Distrito Escolar Unificado de Montebello.

11/11/16/ BELL GARDENS/Friends Daisy Reyes, 12, and Jazlyn Diaz, 11, collect ripe fruit and vegetable at the community garden patch at Bell Gardens Intermediate School in Bell Gardens. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)
Son miles los niños que ahora aprovechan de los jardines comunitarios en las escuelas del Distrito Escolar de Montebello. (Foto: Aurelia Ventura/La Opinión)

Esa idea que tuvieron estos dos niños, en 23 años ha evolucionado en miles de maneras. Es un hogar para quienes se sienten tristes, para quienes no son famosos en el fútbol o en el baile porque al trabajar en la naturaleza se sienten amados”, sostiene Cup Choy.

El doctor Phillip Nolasco, administrador de la secundaria Schurr en Montebello dice que los jardines han logrado unir a las familias. “Los niños de 9 a 12 años plantan kale, calabacitas, chiles. Aprenden un modo sano de vida y se enseñan hasta a hacer salsas y pan de calabaza”, observa.

Optimismo y esperanza

Jan Barber Doyle, maestra de la Red de Educación por un Medio Ambiente Responsable Globalmente de la Secundaria Intermedia Bell Gardens dice que por andar apurados con el día a día, se nos olvida que lo que nos mantiene vivos es la comida que consumimos. “Cuando vamos al jardín, apagamos el celular, olemos la tierra y cosechamos vegetales frescos y los consumimos, nos volvemos humanos, recargamos el alma. Cuando los niños ven una semilla crecer y convertirse en un pequeño fruto, se impresionan de ver que tiene nuevas hojas, nuevas flores y desarrollan un sentimiento de esperanza y optimismo”, confía.

En diciembre, los niños de las escuelas del Distrito Escolar de Montebello van a recibir el reconocimiento Golden Bell Award por parte de la Asociación Directiva de Escuelas de California por su ejemplar alianza con la comunidad a través de sus jardines; y del Departamento de Salud Pública del Condado de Los Ángeles por ser líderes en el acceso a comida saludable en las comunidades a las que sirven. En sus jardines siembran chiles, calabazas, tomates, ajos, berenjenas, albahaca, limones y hasta mangos, y muchas otras verduras y frutas.

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