Editorial: La Casa Blanca no es un negocio

El gobierno no es un negocio familiar ni una campaña

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Editorial: La Casa Blanca no es un negocio
El presidente electo de EEUU Donald Trump.
Foto: Matthew Busch / Getty Images

Un aspecto inusual de la campaña presidencial de Donald Trump fue que resultó ser un buen negocio para sus empresas, que cobraron dinero federal y de sus donantes por los servicios prestados. Ahora existe la posibilidad de que el próximo gobierno se convierta en un negocio si se le permite ignorar los conflictos de intereses, como Trump quiere.

El estimado de la Comisión Federal Electoral dice que se pagaron cerca de $6 millones a la empresa área de Trump por los viajes de los agentes del Servicio Secreto que lo seguían para protegerlo.

La campaña pagó más de $8.2 millones de dinero donado por servicios dados por empresas de Trump, desde el alquiler de oficinas en la torre Trump hasta los empleados de la corporación que ayudaron en la campaña.

El desparpajo de mezclar el negocio con lo político hizo que Trump usara en marzo pasado una conferencia de prensa para promover los bistecs, el agua y la revista de la marca Trump. Ahora quiere llegar a la Casa Blanca con esta misma actitud.

La señal es la negativa del presidente electo a seguir los pasos de sus predecesores en liquidar sus bienes – como lo hicieron los adinerados John Kennedy y George W. Bush- para ser puestos en un fideicomiso ciego con un administrador independiente. La idea de Trump es que sus hijos, esos mismos que quiere como asesores informales, sean los que manejen su negocio.

Trump además quiere que se autorice a su yerno, Jared Kushner, para recibir los secretos de seguridad nacional porque estará junto al millonario en lo informes confidenciales diarios que se dan a los presidentes. Kushner está casado con Ivanka Trump, una de los potenciales administradores que quiere Trump, que ya tuvo sus controversias por aprovechar su papel político para promover su marca de ropa y joyas.

Trump es el presidente más rico de EEUU y el que más esconde sus finanzas y relaciones comerciales alrededor del mundo al no revelar su declaración de impuestos.

El peligro es que use la información recibida para sus negocios o que quienes negocien -empresas privadas, mixtas o estatales de otros países- con sus compañías, le den un trato especial para congraciarse con el presidente.

El gobierno no es un negocio familiar ni una campaña. No se debe permitir que el presidente electo tenga un conflicto de interés semejante. Es hora que se respeten las normas porque nuestro país no es una empresa Trump.

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