Jóvenes “DREAMers” reciben beca del Sueño México-Americano COFEM

En tiempos de incertidumbre sobre su futuro son animados a conseguir sus sueños de educación superior

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Jóvenes “DREAMers” reciben beca del Sueño México-Americano COFEM
Los estudiantes Irving Vargas y Karen Meza, aparecen junto al senador estatal demócrata, Tony Mendoza y Anabella Bastida, director ejecutiva de COFEM, durante la entrega de becas del Sueño México-Americano. / Jorge Luis Macías

A los jóvenes soñadores nada los detiene. Su espíritu de superación es más fuerte que la incertidumbre de no saber si el presidente electo, Donald Trump, decidirá desmantelar el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA).

Por ello, un total de 27 estudiantes brillantes y talentosos se vistieron de gala esta semana para recibir en Commerce la beca del Sueño México-Americano que otorga cada año el Consejo de Federaciones Mexicanas (COFEM) para premiar el esfuerzo y perseverancia que ponen los estos jóvenes para conseguir que sus sueños de ir a la universidad se vuelvan realidad.

“El presidente [electo] es una barrera y la podemos derribar”, dijo Irving Vargas, de 23 años de edad. “A nosotros nadie nos va a parar de lograr ser exitosos en la vida”, agregó el joven originario de Cancún, Quintana Roo.

En Santa Ana College, Vargas estudia la probable cura para la enfermedad del zika, que es similar al dengue, la fiebre amarilla, el virus del Nilo Occidental y la encefalitis japonesa.

“A mí nada se me hace difícil; tengo confianza en mí mismo”, narró Irving, quien confesó que en un principio quería ser boxeador profesional en el equipo de peleadores de Oscar de la Hoya.

La entrega de incentivos económicos se desarrolló en un ambiente agridulce ya que los estudiantes presentes están amparados bajo el programa DACA, acción ejecutiva llevada a cabo por la administración de Barack Obama para quienes llegaron a EEUU siendo menores de 16 años de edad. Un alivio que hoy temen perder debido a las declaraciones que hizo el mandatario republicano durante toda su campaña.

“Ellos no tienen la culpa de estar aquí [en Estados Unidos]; son jóvenes que viven momentos de incertidumbre y por eso estamos unidos”, dijo Anabella Bastida, directora ejecutiva de COFEM.

“Nosotros haremos todo lo que esté en nuestras fuerzas para ayudarlos y que no se queden desprotegidos; vamos a luchar porque si ya salieron de las sombras, no tiene sentido que regresen al pasado”.

Provenientes de familias de escasos recursos, estos Dreamers talentosos recibieron las becas con alegría lo cual es una motivación más para continuar sus anhelos de lograr una carrera universitaria.

Jóvenes llenos de talento recibieron incentivos económicos por un total de $27,000 por parte de COFEM. / Jorge Luis Macías.
Jóvenes llenos de talento recibieron incentivos económicos por un total de $27,000 por parte de COFEM. / Jorge Luis Macías.

Es el caso del mexicano Ricardo Beltrán Hernández, de 20 años de edad, quien hoy estudia ciencias políticas y filosofía en Cal State University Northridge (CSUN).

“Después de escuchar al candidato [Trump] mi primera reacción fue de incertidumbre y miedo”, contó. “Pero con organizaciones como COFEM y la ayuda que nos brinda California me da gusto porque tienen coraje y confianza en que no nos van a dejar solos; yo tengo mucha fe en que vamos a salir adelante”.

Acompañado de su padre, quien lleva el mismo nombre, Ricardo obtuvo una beca de $500 por parte de COFEM.

Ricardo Beltrán Hernández, de 20 años de edad, junto a su padre, quien lleva el mismo nombre. / Jorge Luis Macías.
Ricardo Beltrán Hernández, de 20 años de edad, junto a su padre, quien lleva el mismo nombre. / Jorge Luis Macías.

El joven, nacido en Cuernavaca, Morelos y quien llegó a este país hace solo cinco años, expresó que los Dreamers no se van a dejar atropellar por nadie y ahora más que nunca van a organizarse para la lucha contra la retórica antiinmigrante de Donald Trump.

“El miedo está ahí, pero no nos tiene que paralizar”, asentó. “Vamos a luchar por lo justo. Todos son jóvenes brillantes que se quieren dedicar a ser productivos… la justicia estará de nuestra parte y hay que demostrarle a todos que no somos criminales ni violadores y que podemos ser los mejores doctores, arquitectos y abogados que podrán escribir las segundas leyes de este país, y que podemos ser iguales o mejores que otros”.

Las consecuencias de la hipotética eliminación de DACA podrían ir desde la pérdida de la condición jurídica de los casi 800,000 beneficiados; además de no contar más con un permiso de trabajo.

“Estamos con ellos”, aseguró el senador estatal Tony Mendoza, (D-Los Ángeles). “Nosotros nos aseguraremos que ninguno de ellos sea molestado por el gobierno federal; creemos en ellos y la mejor manera de que triunfen es mediante la educación”.

Desde 2008, COFEM premia el esfuerzo de estudiantes de origen méxico-americano, fue por ello que este año se repartieron $27,000 en becas.

“No solamente se trata de dar el incentivo económico”, dijo Bastida. La directora ejecutiva de COFEM agregó considera doblemente importante mostrar apoyo a los jóvenes que quieren alcanzar el Sueño Americano y no tienen papeles. “Queremos mostrarle a Trump que esto también es América”.

Bastida dijo que a los jóvenes se les da la oportunidad de que se involucren de manera cívica, obtengan la experiencia de trabajar en alguna oficina, ayuden en talleres de ciudadanía y desarrollen sus capacidades de liderazgo.

Un liderazgo como el que anhela cumplir Karen Meza, estudiante de 20 años de edad en Santa Ana College, quien aspira a ser la mejor veterinaria del mundo.

Aparte de la beca del Sueño México-American, los 27 chicos “soñadores” recibieron un diploma de reconocimiento. / Jorge Luis Macías
Aparte de la beca del Sueño México-American, los 27 chicos “soñadores” recibieron un diploma de reconocimiento. / Jorge Luis Macías

Estudiante paga sus gastos con el reciclaje

A sus 22 años de edad, Karla Cruz ha aprendido a hacer malabares con el dinero y “estirarlo” a más no poder, con tal de conseguir una licenciatura en sociología en UC Santa Cruz.

Literalmente, ella se parte el alma en el Colegio del Este de Los Ángeles (ELAC) para completar los cursos de sociología y consejería de educación, a fin de poder transferirse a la universidad.

“Hay que ahorrar y trabajar más”, dice. “En mi escuela reciclo botes y envases de plástico”. Al final de mes logra recaudar unos $60 que le sirven para comprar algún material requerido en sus clases.

Otros estudiantes hacen lo mismo. “La competencia está dura”, afirma. “Pero algo es algo”.

Aparte, de sus labores de reciclaje, Karla trabaja en el programa “Adelante”, asistiendo a alumnos de primer año cuando necesitan citas, a buscar clases apropiadas a sus intereses académicos y es mentora de algunos.

Nacida en Toluca, Estado de México, Karla fue traída por sus padres a Estados Unidos, a la edad de 10 años.

Sus padres David Alejandro Cruz Galván y María Antonieta Silva Moreno, ambos de Zitácuaro, Michoacán, residen en Huntington Park. Él trabaja en una compañía de servicios de paquetería. Y es el único sostén económico de la familia de seis integrantes.

Su mamá es ama de casa. Ella está al pendiente de sus tres hijos “soñadores”: Karla, David —su gemelo— y Francia. La hermana menor, Cynthia Alejandra es estudiante de secundaria.

Y aunque Karla tiene todo el deseo por alcanzar una educación universitaria, agradece que en California se haya aprobado el Acta de los Sueños, a través de la ley AB540 para estudiantes indocumentados.

Por otro lado, no puede evitar sentir temor de que el presidente electo Donald Trump haga realidad su promesa de cerrar el programa DACA, la acción ejecutiva de Obama que los protegería de la deportación.

“Vivo con miedo; no se sabe si lo renovaría”, indica. “De cumplir su amenaza ya no sé si podría juntar más dinero; he comenzado a sentir angustia porque antes era indocumentada y ahora no sabes a quien le has dado toda tu información”.

Mientras que no se despejen las dudas, Karla dice que continuará “echándole ganas” al estudio para continuar siendo receptora de becas CalGrant y trabajando para pagar la escuela.

“Del dinero que recibo compro los libros y pago la colegiatura”, señala. “Y con el reciclaje, ahorro los $60 para los útiles y el pasaje. Es difícil, pero sí se puede”.

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