A pesar de todo, Fidel es inmortal

Para quienes quieren mantener la Utopía viva, Fidel es inmortal

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A pesar de todo, Fidel es inmortal
Fidel Castro gobernó Cuba desde que en 1959 triunfó su movimiento armado hasta 2006, cuando cedió el poder por problemas de salud.
Foto: Getty Images

Fidel (sin apellido porque es uno de los grandes de la historia contemporánea) se fue. Pero para los marginalizados, para la imaginación de los que siempre serán jóvenes, para quienes quieren mantener la Utopía viva, Fidel es inmortal.

Cuando en la América Latina de la convulsionada década de 1970 se hablaba de reconfigurar la narrativa de pobreza y desigualdades que históricamente describieron a la región, muchos sectores de la izquierda proponían el modelo insurreccional cubano. Un modelo que tenía tanto de ideología política como de romanticismo.

Los programas educativos y los avances en materia de salud confirmaron el compromiso de los barbudos revolucionarios. Los programas de alfabetización, las brigadas en la cosecha de la caña de azúcar, los médicos cubanos en el África y la América Latina pobre, la figura del Che entregando su vida en la selva boliviana, imprimieron una imagen del idealismo revolucionario que perdura hoy en día.

Lo que no se esperaba (aunque estaba presagiado con la entrada de tanques comunistas en la Hungría de 1956 y en la Checoslovaquia de 1968), fueron las inclinaciones estalinistas que llevaron a la Revolución Cubana no sólo a un conveniente alineamiento estratégico con la Unión Soviética sino que a una represión de las fuerzas contrarrevolucionarias que mancharía el prestigio de los nobles ideales originales.

Después de los fracasos insurreccionales de la década de 1970, muchos en la izquierda latinoamericana hicieron la necesaria autocrítica y dejaron atrás el camino extra institucional. Cuba quedó más como un bello recuerdo de juventud, del que no se reniega pero que ya no es percibido como un modelo político alternativo serio. Ahora, en el muy diferente y complejo contexto del siglo XXI, la lucha de los progresistas es dentro de procesos políticos que, entre otras cosas, hacen énfasis en la relevancia de las libertades democráticas.

Hasta Cuba, con Raúl Castro al timón, se encamina hacia un nuevo horizonte económico y político que, aunque no está completamente definido, en su primera etapa ya produjo la liberalización de numerosos sectores de la economía y el restablecimiento de relaciones diplomáticas con su otrora enemigo mortal, Estados Unidos.

El futuro de Cuba está lleno de potenciales, pero también de obstáculos. Al mismo tiempo que los grandes líderes del mundo, desde Barack Obama hasta el Papa Francisco, reconocen la figura histórica de Fidel, lamentablemente en el vientre de Miami y en la derecha estadounidense vemos la bajeza de aquellos que saltan y vociferan su alegría festejando su muerte. Pero a pesar de los idólatras de la muerte, que no quepa duda: Fidel es inmortal.


Néstor Fantini es profesor de sociología en Rio Hondo College.

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