Jueves 19 de Enero 2017

La dura realidad de los menores sin acompañantes

Jóvenes centroamericanos comparten los desafíos y obstáculos a los que se enfrentan al llegar al país

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La dura realidad de los menores sin acompañantes
Homies Unidos organizó la 2 Conferencia de Liderazgo de la Juventud de Centroamérica en Cal Sate LA.
Foto: Virginia Gaglianone / La Opinion

José Rivas se embarcó en la ardua travesía desde El Salvador a EEUU a los 16 años de edad y sin un adulto que lo acompañe y proteja, buscando reencontrarse con su padre y huyendo de la violencia de su país de origen.

“Me llevó dos meses llegar a Estados Unidos. Solo cruzar por México me tomó un mes”, recordó el joven que hoy tiene 19 años. Al llegar, Rivas fue arrestado en Texas y enviado a un hogar de crianza (foster home) en Florida. Finalmente, pudo reencontrarse con su padre, quien vive en el sur centro de Los Ángeles.

Lo que el joven nunca se imaginó fue que llegar a este país sería sólo el comienzo de otra ardua jornada –pronto descubriría que la vida aquí no era lo que le habían contado.

“No es lo que ves en la TV, ni lo que dicen las estadísticas. Es una vida que no me esperaba”, confesó el joven.

La historia de José es similar a la de miles de niños y adolescentes que llegan a EEUU sin acompañantes y se encuentran con una dura realidad.

La semana pasada, Homies Unidos, junto a otras organizaciones, activistas y cientos de adolescentes y jóvenes centroamericanos se dieron cita en la Universidad Estatal de California en Los Ángeles (CSULA), para la Segunda Conferencia de Liderazgo de la Juventud de Centroamérica.

La jornada, que contó con recursos para los jóvenes, talleres educativos y foros informativos, entre otras actividades, fue una oportunidad para los participantes de compartir experiencias y recolectar propuestas para encarar la situación en la que se encuentran miles de menores inmigrantes.

“Nuestros padres nos mandan a traer para encontrar seguridad, pero aquí es peor”, opinó Rivas refiriéndose, entre otras cosas, a la persecución y violencia de pandillas en Los Ángeles.

“Si vienes huyendo de [Barrio] 18, y crees, ‘¿quién me va a conocer en Estados Unidos’, te encuentras con las mismas pandillas, la misma violencia, las mismas drogas en la escuela de L.A.”, señaló.

“En South Central se vive algo similar a El Salvador. Solo por estar en la calle equivocada te pueden atacar. Tengo un amigo al que mataron en Virginia, y a otro en New York. Al final no salimos de nada, venimos a caer en la misma”, señaló.

“Supuestamente este es el país más rico del mundo, pero yo tengo amigos viviendo en sus carros, que no encuentran trabajo y ya se quieren devolver. Cuando llegué me regalaron un teléfono y al día siguiente me lo robaron. Ya me asaltaron dos veces”, contó Rivas.

Reunificación familiar

La reunificación familiar de los menores con sus familiares en EEUU tampoco es fácil.

En muchos casos, los niños y jóvenes inmigrantes no han visto a sus padres por años. No los conocen, no saben cómo comunicarse, en algunos casos sienten resentimiento o no tienen una buena relación con la nueva pareja o familia de sus padres.

“Cuando los muchachos llegan a EEUU, los primeros días viven una especie de ‘Luna de miel’ con sus familiares. Pero esta etapa dura poco”, indicó Alex Sánchez, Director de Homies Unidos.

“Los jóvenes tienen que lidiar con el choque cultural, el dolor de la separación y vemos muchos madres, padres e hijos que no saben cómo relacionarse entre sí”.

“Cuando llegas, lo primero que decís a tus padres es ‘¿por qué me dejaste?’”, recordó Rivas. “En El Salvador al menos tenía mi propio cuarto, pero aquí siempre hay que compartir el espacio con cada uno que llega, un hermano, la cuñada…”, señaló.

Ronnie Eliseo, otro joven centroamericano que llegó a los 16 años de Guatemala compartió una experiencia similar a la de Rivas.

“Vine soñando con poder educarme y progresar. Siempre quise poder tener una educación. Pero a los dos días de llegar a la casa de mi hermano, él me sacó y me dijo que no podía quedarme más tiempo. Ya no pude ir a la escuela y tuve que empezar a trabajar para poder comer”, contó.

Ambos adolescentes mencionaron la diferencia de la relación de las familias en EEUU y en sus países de origen. Al llegar al país del norte, el sistema abruma a muchos inmigrantes, que tienen que trabajar día y noche y no pueden invertir tiempo en sus hijos, convirtiéndose en padres ausentes, cuando los menores más los necesitan.

Aquí la familia se divide. Mi papá trabaja en San Francisco y yo ya no lo veo”, confirmó José.

La reunificación con familiares que no han visto por años y que apenas conocen tampoco es fácil para los muchachos.
La reunificación con familiares que no han visto por años y que apenas conocen tampoco es fácil para los muchachos.

Ni aquí ni allá

Pero a pesar de las muchas dificultades, volver a sus países de origen no es una opción.

José describió algunos de las muchas dificultades que enfrentaba en El Salvador.

“Es un país dolarizado. Por ejemplo, el galón de leche te cuesta $3.50 dólares, pero ganas $7.50 por día trabajando desde las 5:00 de la mañana”.

El joven también se refirió a la violencia. “Si salís a la calle, sólo por estar en el barrio equivocado, te pueden matar. Mi mamá está pagando cárcel por algo que no ha hecho”, contó.

Alfonso Gonzáles, Profesor de Ciencias Políticas, Universidad de California Riverside y experto en el tema, confirmó los dichos de Rivas.

“Muchos jóvenes llegan huyendo de la violencia de pandillas, pero muchos más llegan huyendo de la Policía Nacional Civil, PNC”, indicó el experto.

Y a pesar de la violencia sistemática de los países del triángulo norte de Centroamérica -El Salvador, Guatemala y Honduras-, al llegar, los jóvenes no reciben asilo político ni estatus de refugiados.

“¿Qué futuro tengo yo si me deportan?”, planteó Rivas. “Por venirme aquí, ya no pude terminar mis estudios. Tengo que trabajar para enviar dinero a mi mamá que fue encarcelada injustamente”.

Jóvenes nobles

El programa Joven Noble de Homies Unidos ayuda a los menores inmigrantes a entender el choque cultural, la depresión, el aislamiento y otras dificultades que atraviesan, y cómo lidiar con ellas.

“Queremos que los jóvenes sientan orgullo de quienes son, de dónde vienen y de su herencia indígena. Que entiendan que son descendientes una Civilización Inteligente. Cuando sienten orgullo de su identidad es más difícil que se dejen influenciar y que caigan en las pandillas y las drogas”, explicó Sánchez.

Para más información sobre el programa Joven Noble, puedes visitar: http://homiesunidos.org

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