Vendedores de frutas no ganan ni el salario mínimo en Los Ángeles

La mayoría de ellos son inmigrantes indocumentados

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Vendedores de frutas no ganan ni el salario mínimo en Los Ángeles
Los vendedores de frutas son objeto de robo de salario en Los Ángeles. Les pagan entre 45 y 50 dólares por jornadas de más 10 horas.
Foto: Araceli Martínez / La Opinión

Cuando te compras un vaso de frutas en la calle, nunca te imaginarías que el vendedor no gana ni el salario mínimo de 10.50 dólares por hora ni goza de prestación laboral alguna.

La mayoría de quienes venden fruta fresca en los carritos de las aceras de la ciudad de Los Ángeles no son propietarios del negocio sino empleados. La mayor parte son inmigrantes indocumentados.

Una inmigrante que prefiere que no se publique su nombre por temor al enojo de su patrón, dice que por una jornada de más de diez horas, gana 50 dólares pero en un día malo en ventas, sólo recibe entre 35 y 40 dólares.

La hora me sale como tres, dos dólares”, precisa esta mujer de 48 años, quien vino de El Salvador hace nueve años.

La mayoría de los vendedores de frutas en Los Ángeles son empleados, y no alcanzan a ganar el salario mínimo. (Araceli Martínez/La Opinión).
La mayoría de los vendedores de frutas en Los Ángeles son empleados, y no alcanzan a ganar el salario mínimo (Foto: Araceli Martínez/La Opinión)

Entro a las siete de la mañana a pelar y preparar la fruta en la Comisaría (la bodega donde guardan el carrito). A las ocho de la mañana, el patrón me trae al parque MacArthur. Nos recogen a las siete, ocho de la noche en el verano y en invierno a las seis de la tarde”, dice.

Esta vendedora de frutas dice que le gustaría tener un empleo donde ganara el salario mínimo. “No dejo éste porque no tengo papeles, y con lo que gano no puedo ahorrar para comprar el carrito ni la fruta diaria”, sostiene.

Los vendedores de fruta en Los Ángeles en su mayoría son inmigrantes indocumentados quienes al no tener un permiso de trabajo se ven forzados a trabajar como empleados en la venta de fruta callejera. (Araceli Martínez/La Opinión).
Los vendedores de fruta en Los Ángeles en su mayoría son inmigrantes indocumentados quienes al no tener un permiso de trabajo se ven forzados a trabajar como empleados en la venta de fruta callejera (Foto: Araceli Martínez/La Opinión)

Afirma que la venta de fruta callejera es un negocio lucrativo. Estima que en un día bueno en ventas, el propietario se embolsa entre 200 y 250 dólares, libres ya del pago de la fruta, la renta del almacén donde guarda el carrito y su sueldo.

“En un día bueno que casi siempre es el verano cuando aumentan las ventas, yo vendo hasta 450 o 480 dólares. Él me paga 50 dólares. Nunca me da un cinco de más  pero sí me quita, si las ventas bajan”, precisa.

Este es un trabajo muy grosero, muy pesado, tengo que madrugar todos los días. Uno sufre hambre, sol, frío, se aguanta hasta las ganas de ir al baño. Los dueños son bien desconsiderados”, confía.

Los fruteros tienen miedo a hablar con la prensa y a organizarse por perder su único ingreso. (Araceli Martínez/La Opinión).
Los fruteros tienen miedo a hablar con la prensa y a organizarse por perder su único ingreso (Foto: Araceli Martínez/La Opinión)

“Yo he soportado porque al menos puedo pagar la renta de 805 dólares al mes por un departemento single, y le rento a dos personas más, para que me alcance.  Yo pensaba cuando dejé El Salvador que aquí todo iba a ser más fácil y mejor. No fue así. No me he regresado por la delincuencia de mi país”, dice.

Marú Galván organizadora de la Coalición por los Derechos de los Inmigrantes (Chirla) en el Valle de San Fernando se ha acercado a muchos vendedores de frutas para enseñarles sus derechos pero se han encontrado con que no quieren saber nada ya que están muy atemorizados de perder su empleo.

Lamentablemente, la necesidad y el miedo de ser indocumentados hace que se aprovechen de ellos y sean víctimas constantes del robo de salarios“, comenta.

La inmigrante salvadoreña cuenta que ya en el pasado, un patrón le robó 1,600 dólares. “Me trajó con mentiras. Le trabajé varios meses y nunca me pagó ni para los pasaje del autobús ni la comida. Me decía la otra semana te voy a pagar y así me mantuvo con puras excusas”, comenta desilusionada.

Janet Favela de la campaña para legalizar a los vendedores ambulantes en Los Ángeles dice que es muy difícil organizar a los fruteros para ayudarlos a mejorar sus condiciones laborales porque tienen miedo. “No son dueños del negocio y nos preocupa mucho porque con frecuencia son intimidados y  explotados. La Ciudad no debería permitir que una sola persona tenga varios carritos de frutas y poner un límite”, destaca.

Un tímido inmigrante de Guatemala de 21 años que vende fruta alrededor del parque MacArthur quien tampoco quiso dar su nombre, dice que gana en promedio 50 dólares por día. “Ahorita por el frío, llego a vender la fruta sólo entre las 10:00 de la mañana hasta la 5 de la tarde”, comenta temeroso negándose a dar más detalles.

Cuando un inmigrante es el dueño de su propio carrito de venta de frutas, tiene un ingreso justo. (Araceli Martínez/La Opinión).
Cuando un inmigrante como Ricardo Mendoza es el dueño de su propio carrito de venta de frutas, tiene un ingreso justo (Foto: Araceli Martínez/La Opinión)

A diferencia de los inmigrantes que son empleados en la venta callejera de frutas quienes se muestran recelosos y se observan cansados, a Ricardo Mendoza, un inmigrante mexicano quien es propietario de su propio carrito en el que vende fruta fresca picada por la calle Wilshire, cerca de una tienda Home Depot, se le ve contento, seguro de sí mismo y lleno de energía.

“Somos cuatro hermanos. Cada uno tiene su carrito de frutas y de eso vivimos”, dice Mendoza.

Detalla que hace un año cuando comenzó con la venta de frutas, invirtió 1,500 dólares en la compra del carrito; la renta del local donde lo guarda, le sale 200 dólares al mes, y el gasto de fruta unos 60 dólares diario. “Al día gano como 400 dólares. Definitivamente no conviene ser empleado. No vale la pena”, exclama.

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