Editorial: La movida diplomática de Trump

Es normal preocuparse cuando la selección de la persona que defenderá los intereses de EEUU y sus aliados en el mundo es celebrada por su principal rival estratégico

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Editorial: La movida diplomática de Trump
Rex Tillerson, nominado a Secretario de Estado de Trump.
Foto: ERIC PIERMONT/AFP / Getty Images.

La designación del jefe ejecutivo de ExxonMobil, Rex Tillerson, como Secretario de Estado sigue la línea marcada por el presidente electo Donald Trump, de valorar la experiencia en el sector privado por encima de la función gubernamental. En este caso puso a un experimentado petrolero que mantiene relaciones personales con distintos jefes de estados logradas a través de negociaciones comerciales representando su empresa.

La experiencia de esperar que un empresario exitoso en el sector privado obtenga un resultado similar en el sector público no es generalmente positiva. El poder se maneja de una manera muy distinta. En una compañía se respeta y obedece una verticalidad que no existe en la burocracia gubernamental.

Además, es muy distinto negociar un producto comercial con un cliente que jugar un ajedrez global con múltiples intereses estratégicos ante rivales. Trump puede creer que un “deal” es un “deal” pero en la diplomacia y las relaciones internacionales no hay leyes de bancarrota que protejan contra el error.

Mucho menos si el que está del otro lado de la mesa es Vladimir Putin. Un implacable exagente del espionaje soviético que quiere restablecer el equilibrio del poder bipolar con las esferas de influencia de la Guerra Fría. Ahora el líder ruso espera del gobierno de Trump el reconocimiento de su país como superpotencia y ser respetado como tal.

El nuevo papel asertivo de Rusia se vió en algunas acciones como la invasión en Crimea, la intervención en Ucrania -con la responsabilidad del derribo de un avión de pasajeros, la presión en los países bálticos -exrepúblicas soviéticas-, la intervención en Libia y la represión interna, y han conducido a sanciones comerciales contra Rusia. Tillerson se opuso en su momento estas medidas.

Ya era visible en la campaña presidencial la simpatía de Putin con Trump, que veía posible una debilitación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con las críticas del millonario a aliados europeos, y con ello un refuerzo de la posición rusa.

Tillerson, quien es cercano a Putin por la relación comercial, es visto desde Moscú como “pragmático”, figura creíble” y “beneficiosa a la cooperación mutua”. Trump no quiere un enfrentamiento, sino trabajar juntos, por ejemplo, en el Medio Oriente.

Lo importante es no abandonar a los aliados europeos que saben mucho mejor que la administración entrante porque hay que desconfiar de Putin.

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