Sábado 21 de Enero 2017

Padres de migrantes centroamericanos desaparecidos en Tamaulipas interponen denuncia

Estadísticas señalan que aproximadamente, desde 2006, cerca de 70 mil centroamericanos han desaparecido en México en su intento por llegar a EEUU

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“¿Me ve? Yo no estaba así de vieja. Así me puse desde que mi hijo desapareció: la vida se me ha ido rápido estos seis años”.

Hace unos días que la guatemalteca Irma Yolanda Pérez estuvo de Tamaulipas, a más de seis mil kilómetros de su tierra natal, para interponer una denuncia ante el Ministerio Público, la primera en este tipo que alguien se atreve a levantar en el estado.

La recibieron abogados y peritos de la delegación local de la Procuraduría General de la República (PGR). “Estaban temblorosos, pálidos y hablaban bajito”, recuerda la madre de Heber Estuardo, el más pequeño y cariñoso de sus hijos que se fue de casa a los 17 años.

No fue la última vez que lo vieron físicamente los habitantes del pueblo. Muchos juran y perjuran que apareció en el programa “Primer Impacto” de la televisora Univisión, justo cuando lo detuvieron policías tamaulipecos en una combi de transporte colectivo.

Luego, dejó de comunicarse con su madre.

Irma Yolanda dudó mucho en ir a Tamaulipas, la tierra controlada y peleada por dos cárteles de la droga, “Los Zetas” y “El Golfo”, los que mandan en carreteras, en las calles de las ciudades principales, en la policía de investigación, en las cárceles.

“Me animé porque no iba sola “, dice con los ojos abiertos.

La acompañaban familiares de otros desaparecidos en el estado: el salvadoreño Walter Omar Jarquin, padre de David Alexander, y la hondureña Isadora de Jesús Zúñiga, madre de Josué Idelfonso Molina, así como Rubén Figueroa, coordinador de la region sur sureste del Movimiento Migrante Mesoamericano (M3).

“Fuimos con el riesgo de saber que es una zona controlada por el narcotráfico y ahí, el crimen organizado no improvisa sino que matan porque tienen un sistema de callar todo lo que hace ruido y tratamos de ser lo más discretos posible, pero las autoridades estaban nerviosas”, precisa Figueroa.

De cualquier forma, les tomaron muestras de ADN y prometieron informar si entre los cuerpos que tenían sin identificar había alguno que correspondiera con la de los padres.

Los señores querían ir a buscar a las cárceles, hacer ruido, llamar la atención con las fotos de sus hijos, pero mejor callaron.

“Por ahora, ya rompimos la barrera del miedo, esperemos que también la rompa la autoridad”.

Desde 2006, organizaciones civiles, entre ellas M3, calculan que han desaparecido alrededor de 70,000 migrantes centroamericanos en su paso por México.

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