Altares con mucha vida

Flores, agua y velas honran la vida de difuntos

Celebrar el Día de los Muertos es un hábito anual de Beatriz Navarro.

La residente de Los Ángeles heredó desde niña ese legado cultural de sus padres originarios de Michoacán, México. Este año es la primera vez que honra a ambos juntos con un gran altar.

“Celebramos la vida de nuestros antepasados y damos gracias a aquellos seres que tocaron nuestras vidas”, dijo sobre lo que significa esta festividad del dos de noviembre.

Triste por el reciente fallecimiento de su padre hace un mes y el de su madre hace cuatro años, ella decoró el altar con orquídeas y mariposas con las que recuerda a su padre y madre, respectivamente.

“Utilizamos objetos de nuestros seres queridos que a ellos les gustaban o que nos recuerdan a ellos”, comentó sobre su decoración.

Al igual que ella, millones de mexicanos en el vecino país -y también aquí- mantienen viva esta tradición que proviene de las costumbres aztecas que habitaban lo que es ahora México.

“El único país que se burla de la muerte es México. Pero no es burla por reírse solamente. Se trata de celebrar la vida de los difuntos pero nos reímos de lo que hicieron como comer muchos tamales o tomar mucho tequila”, dijo Luis Villanueva, artista principal de la exhibición del Autry National Center que realizó el evento ¡Vivan Los Muertos!.

Para Rogelio Santibáñez, secretario de cultura de Oaxaca, el Día de los Muertos es más que un día.

“Nosotros creemos que las almas nuevamente llegan a convivir con nosotros”, expresó Santibáñez.

Y para hacer de esa reunión especial, este agregó que los elementos imprescindibles de las tradicionales ofrendas son las velas y veladoras.

“Con esto iluminamos el retorno de las almas a la tierra”, explicó.

Igual de importantes, dijo, son el pan de muertos, mole y frutas de la temporada. La flor de cempasúchil tampoco se puede olvidar.

“Se hacen niveles porque eso significa que es un lugar sagrado. Por eso se coloca encima un objeto religioso, una cruz de flores o fotografías de la persona a la que estamos recordando. El altar debe de tener agua para calmar a esas almas sedientes después de tan largo peregrinaje”, añadió.

Con gran fervor y dedicación, Navarro argumentó que se necesita representar la tierra, el agua, el aire y el fuego en los altares.

“El incienso atrae las almas y el plato con sal es para la purificación. También utilizamos una almohada y cobija para que el alma descanse. Y la calavera representa nuestro nacimiento y mortalidad”, explicó Navarro.

Por este arraigo, Rogelio Santibáñez considera que el Día de los muertos “es un compromiso, es una costumbre transmitida desde la época prehispánica, no solo religiosa, sino de identidad”.

“A veces los elementos van cambiando pero lo más importante es que sigamos manteniendo esta tradición viva”, dijo Santibáñez.

En el caso de Navarro, ella usa naranjas colgadas “para que las almas se vayan nutriendo en su camino” y representa al aire con figuras hechas en papel picado. Este ultima así como las calaveritas de azúcar decoradas con flores u otras cosas se pueden comprar en tiendas de productos mexicanos.

El lugar idóneo para colocar el altar, comentaron los expertos, depende de lo que se considere “el mejor lugar” de cada hogar, siempre y cuando la ofrenda esté protegida y en un lugar cerrado.

Los altares, con mayor arraigo en los estados de Oaxaca y Michoacán, se pueden elaborar desde una semana antes del Día de los Muertos a 24 horas previas, dependiendo de la costumbre familiar.

“Estamos celebrando la vida de los muertos no la muerte del muerto”, enfatizó Luis Villanueva.