Crónica de un reencuentro

Caifanes vuelve a los escenarios después de la reconciliación entre Saúl Hernández y Alejandro Marcovich

Durante 15 años, cuando a Saúl Hernández se le preguntaba si existía la posibilidad de un reencuentro con Alejandro Marcovich, la respuesta era un tajante no.

Hernández, líder de la célebre banda mexicana Caifanes, no quería volver a tener una relación de trabajo con el guitarrista de su grupo, muchos menos restablecer la amistad.

Los sonados pleitos de estos artistas, hacia 1995 -que incluyeron acusaciones mutuas y hasta agresiones físicas-, terminaron con la vida de una de las bandas de rock más prometedoras y exitosas de Iberoamérica.

De repente sucedió lo inimaginable. Saúl Hernández, quien luego de disuelta Caifanes formó Jaguares, decidió restablecer el contacto con Marcovich. ¿La razón? Se enteró de que el músico sería sometido a una delicada operación para quitarle un tumor cerebral.

“Al enterarme, mi primera reacción fue escribirle y decirle, ‘Alejandro, lo que necesites, y no te preocupes, que todo va a salir muy bien’. ¿Cómo explicarlo? La vida te va dado zapes [golpes] celestiales o lecturas en el camino”, reconoció Hernández en una reciente entrevista telefónica desde Amsterdan, donde se encontraba de vacaciones con su familia.

Luego de intercambiar mensajes, los músicos se citaron en Ciudad de México y se sentaron a platicar por horas y horas, con una botella de tequila como testigo. “Hablamos desde las siete de la noche hasta las cinco de la mañana”, dijo Marcovich, de 51 años, en una entrevista por separado desde Ciudad de México.

De ese reencuentro, a finales del año pasado, surgió la idea de volver a tocar juntos y de revivir temas memorables como La negra Tomasa, La célula que explota y No dejes que, canciones con las que la banda llegó al nivel más alto de su popularidad.

Este éxito se atribuyó más que nada a dos factores: la singular voz de Hernández y el excepcional talento de Marcovich en la guitarra. “Fue un problema de egos, de derechos de autor; la personalidad de cada uno, la mala comunicación, la mala voluntad de resolver los conflictos. A veces no se quiere hablar de eso, pero fue real. Son muchas cosas que estorban a la relación maravillosa y mágica que se da en un principio”, dijo Marcovich.

Limadas las asperezas, los dos músicos aceptaron la propuesta que por años les habían hecho: volver a los escenarios juntos. Pero no lo hacen solos. Los acompaña el resto de la banda original: Alfonso André, Sabo Romo y Diego Herrera.

La extrañada Caifanes ya dio muestra de su poderío en abril en el masivo festival Vive Latino en Ciudad de México, y después en el de Coachella, en Indio, California.

Como era previsible, surgió una gira por México y Estados Unidos, y llegará este fin de semana al teatro Nokia de Los Ángeles. “Lo que vi [en el Vive Latino y en Coachella] es que el grupo está mejor que nunca”, dijo Hernández, de 47 años, y quien admitió que hasta el momento no hay planes de nuevo disco. El futuro de la banda, dijo, será determinado por lo que resulte de esta gira.

“Si estamos aquí juntos es por amor y es por la recuperación de muchas cosas, y porque queremos hacerlo, no por que necesitemos hacerlo”, recalcó el cantante.

En todo esto, los más beneficiados son los seguidores, que en su momento se quedaron “huérfanos” de un grupo, como lo expuso Marcovich. “Había giras pactadas, una gira en Inglaterra, un disco en vivo; todo se canceló, muchas cosas que estaban en puerta”, dijo el músico, que durante todos estos años colaboró con otras bandas, se dedicó a la producción de música y en 2003 estrenó un disco como solista, Nocturnal.

Actualmente, la salud de Marcovich, nacido en Argentina y nacionalizado mexicano, es estable. Sabe que en muchos casos los tumores extirpados pueden volver a aparecer, pero se siente optimista. “Me cuido, estoy tomando medicina. No la tengo segura, aunque nadie la tiene segura. Pero tengo a mi favor que nunca he consumido drogas y no tomo mucho alcohol”, dijo.

La vuelta a los escenarios, no obstante, lo tiene muy emocionado. “Nos sentimos muy a gusto; [volver a tocar juntos] es como ponerte una pantufla vieja. Como dijo Saúl, ‘Fueron 15 años, pero se sintieron como 15 minutos’”, dijo.