En su propia piel

Antonio Banderas vuelve a colaborar con Pedro Almodóvar en 'La piel que habito'Antonio Banderas vuelve a colaborar con Pedro Almodóvar en 'La piel que habito'

Antonio Banderas tiene un final de mes ajetreado. Por un lado, está en plena promoción de La piel que habito -o, como se la ha bautizado en inglés, The Skin I Live in—, que se estrena hoy.

Y por otro, se está afilando las uñas para el estreno en dos semanas de Puss in Boots, donde el gato de la saga Shrek al que prestó su voz protagoniza su primera aventura a solas.

El actor español recibe a La Vibra en una suite de un hotel de Beverly Hills como siempre lo hace: con su amabilidad y encanto habituales.

Hay estrellas que se comportan de forma harto educada. Pero mantienen una distancia más que formal con los periodistas.

Banderas parece disfrutar de cada pregunta (repetida) y de cada comentario (ya oído).

Como el detalle de encarnar en La piel que habito a un personaje que, en apariencia, dista mucho de los que ha dado vida a lo largo de su dilatada carrera que empezó en 1982 con una participación en Laberinto de pasiones, el tercer largometraje de Almodóvar.

El intérprete malagueño de 51 años da vida a un cirujano plástico, Robert Ledgard, que crea una piel sintética -debido a un hecho traumático en su pasado- que prueba en el cuerpo de una joven mujer, a la que arrebata su imagen pero no su identidad.

Mitad drama, mitad cinta de terror, con toques de thriller psicológico, la cinta de Almodóvar se adentra en recovecos de la mente humana tan perturbadores como tabú.

“La historia ya me la había contado Pedro en el Festival de Cannes de 2002, cuando me contó que había comprado los derechos de la novela [de Thierry Jonquet, en la que se basa el filme]”, recuerda Banderas al preguntarle cuál fue su reacción al echarle un vistazo al libreto port primera vez.

“Cuando leo el guión -y después veo las reacciones del público en dos festivales y un pase privado- tengo la misma reacción del público: [quedé] estupefacto, me dije: ‘no es posible que esto lo haya escrito este hombre… [Almodóvar]’. Pero al mismo tiempo me dio la impresión de que Pedro dio un tremendo salto en materia narrativa al no contar la historia de forma lineal. Eso es lo que me sorprendió”.

La estrella de Evita se explica. “La forma transforma el contenido porque plantea una película en la que la primera hora es una pregunta, pero en esa pregunta ya se está dando información sobre mi personaje y la historia pasada con su mujer y su hija. Eso posiciona al espectador desde un punto de vista moral. Cuando de repente empieza a desarrollarse el resto de la historia, con las respuestas perturbadoras, reposiciona al espectador, lo agarra y [lo obliga] a ir para otro lado”.

“Yo tengo la sensación de que es un montaña rusa: la primera parte de la película va despacito: ‘cla cla cla cla cla’ [imitando de forma fonética el ruido de una atracción] y cuando llega arriba hace, aquí vamos: se tira para abajo y te lleva a un lado y a otro”, continúa el marido de Melanie Griffith, con quien lleva casado 15 años. “Esa es la sensación que viví yo al leer el guion y es la sensación de la gente con la que la vi en en el Festival de Toronto. Cannes es una catedral. La gente [esta callada]. En Toronto son más normales. Con chaquetas de cuero, las palomitas… Era increíble. Hasta mi mujer reaccionó como el resto del público. Yo me decía: ‘esto no es posible’… Fue precioso verla con gente joven que estaba metido de lleno con la historia.

Robert Ledgard es un villano en el término más elemental del género, como si fuera una versión europea de Hannibal Lecter, la estrella de The Silence of the Lambs. Pero Banderas nunca se lo planteó como tal. “Ahí tiene mucho que ver Pedro Almodóvar”, reconoce el intérprete de The Mask of Zorro.

“Porque como actor yo podría haber hecho lo que me diera la gana con el personaje: un circo. Es un psicópata. Pedro no quería eso. Él me razonó el personaje desde un punto de vista formal y uno de contenido”.

“El formal me dijo: ‘Antonio, la historia la estoy contando yo. No la comentes más. No le hagas guiños al espectador. Vamos a construir un personaje que es una pantalla en blanco en la que el público puede escribir sus horrores más íntimos’. Porque al no tener límites se hace imposible de leer. Todas las puertas están abiertas y cada paso que da es impredecible. Eso a él le interesaba mucho”.

El contenido surge “de la propia patología del personaje”, prosigue. “Este tipo se mezcla en la sociedad donde vive. Es un hombre elegante, sofisticado, de éxito. Nadie puede sospechar el horror que más tarde lleva a cabo. Por ahí construimos al personaje. Y yo lo compartimenté. Nunca iba al rodaje con la [idea de] que es un psicópata, un asesino… Yo me repetí que era un médico de familia”.

Como ejemplo, rememora “la escena de los dildos: la jugué en mi cabeza como si [Robert] fuera un médico que receta dos pastillas por la mañana, dos por la tarde con un vasito de leche y por la noche ‘usted se toma los dildos. En un par de meses, estará perfectamente’. Eso es lo que yo jugaba [en mi cabeza]”.

“Pedro quería que fuera absolutamente natural, porque este tipo tiene una desconexión completa por el dolor ajeno. Lo que él está haciendo él cree que no es punible, sino que hay que agradecérselo, porque, [para él], lo que ha creado es un ángel, una piel perfecta, y la ciencia debe reconocérselo”.

Laberinto de pasiones, Matador, La ley del deseo y Átame convirtieron a Banderas en “el chico Almodóvar” por excelencia. Pero tras ciertas desavenencias creativas, los dos han tardado 20 años en volver a colaborar juntos.

“Trabajar con Almodóvar es un acto de fe, de creer en él y de ponerte directamente en sus manos”, reconoce Antonio Banderas, padre de Stella, su única hija de su relación con Griffith. “Y como es tan preciso, increíblemente preciso -te dice hasta cómo mover un dedo- el lo naturaliza todo. Todo tiene que ser natural. Ese fue el éxito de Carmen Maura o de Victoria [Abril]. Ese es el secreto de trabajar con él. Un acto de fe. El cine de Pedro se reinventa cada vez. Y más en esta película”.

Banderas prosigue comparando los filmes en los que trabajó hace tres décadas y La piel que habito.

Este, explica, “no tiene el barroquismo de su cine de los años 80. Te afecta el universo en el que trabaja. Esas lámparas flotando como planetas, la importancia al mundo de los objetos, el sonido de los guantes de látex, cómo rodaba los pedazos de piel que va cortando, la serpiente en la pared… Yo veo más de Luis Buñuel que de [Alfred] Hitchcock. En términos de atmósfera me recuerda a Viridiana, con esa atmósfera opresiva… Pedro tiene referencias a mucha gente, que es lo que crea su estilo, un compendio ecléctico de muchos géneros, épocas…”.

El protagonista de Desperado y Spy Kids termina recordando cuando Almodóvar lo llamó para que actuara en La piel que habito. “Me dijo: ‘yo no quiero que hagamos lo que hicimos en los [años] 80, Antonio. Vamos a reinventarnos’. [Robert] no es el chico de La ley del deseo, o de Átame, que era una víctima… Es otra cosa. Costó [encarnarlo], porque [Pedro] me quitó la maleta de los trucos. No quiso utilizarla. Quiso algo nuevo y fresco. Y eso duele. Pero es un dolor tan bonito…”.