Habita la emoción

Tiene solo 35 años, pero es una de las actrices más respetadas del panorama cinematográfico español.

Elena Anaya debutó a los veinte años y desde entonces ha trabajado a las órdenes de cineastas como Julio Medem (Sexo y Lucía, Habitación en Roma), Jaume Balagueró (Fragile) y Agustín Díaz Yañes (Alatriste). También se ha aventurado en el cine en inglés, con Van Helsing y Saving Grace a la cabeza. Pero ha sido Pedro Almodóvar quien le ha dado la gran oportunidad de su vida. Primero con un papel secundario en Hable con ella (2002) y ahora en La piel que habito, donde encarna a la mujer que un doctor perturbado emplea para llevar a cabo un experimento atroz.

Con Anaya habló La Vibra.

¿Qué hay en un guión de Pedro Almodóvar que te desvela que es ‘un filme de Pedro Almodóvar’?

Todo está escrito, desde la primera página.. Lo que ves como espectador, lo especifica con palabras el guión. Y allí es donde entras en su universo. Desde la primera página explica dónde te mete, a dónde te está llevando. No es casual el ‘look’ de sus películas. Es el resultado de mucho esfuerzo, trabajo, de ser tedioso con lo suyo, con elegir y definir lo que quiere y no parar hasta que lo consigue.

Los actores siempre lo alaban…

Lo que le diferencia más del resto de directores es la pasión que siente por su trabajo. Vive para contar historias. Y gracias a Dios que lo hace. Todos somos afortunados de poder disfrutar de su cine por eso. Es una persona elevada. Está a otro nivel. Es un genio en cuanto a la manera de percibir las historias, que también le eligen a él, como en La piel que habito. Hay pocos directores que sean tan específicos al contar historias y a llevarnos por esos recovecos increíbles [del ser humano].

En tu personaje hay algo de musa de cine mudo, una figura elegante, distante…

Hay un personaje dentro de otro, con muchas capas: vemos solo la punta del iceberg. Tiene que expresar mucho con pocas palabras. Almodóvar pensó en hacer esta película muda. Fíjate: es un viaje, el que propone Pedro. Mi personaje está cautivo, encerrado en una terrible cárcel, en un cuerpo que no es el suyo [porque] le han quitado la piel. Y ha sufrido una transformación inmensa en todos los sentidos. Pero hay algo que la cirujía no puede alterar, que es la identidad del ser humano, que le permite hacer su guerra, vengarse y mentir a ese ser que la tiene prisionera.

La película es perturbadora. ¿Te distancias de esos sentimientos cuando acaba el rodaje cada día?

Yo necesito cortar. Es un entrenamiento que se aprende con los años. Al principio me costaba mucho más: me iba a casa, echa polvo… De una manera consciente dejas esa energía en el decorado cuando te vas, pero de forma inconsciente, te sigue, y hasta en los sueños.

Estar en una película de Pedro Almodóvar debe cambiar la vida…

Sí. Yo solo quiero ver la parte positiva y a mí, a nivel personal y profesional, me ha aportado muchísimo. A nivel personal, no quieras saber la alegría de la gente que me quiere de que haya hecho una película con Pedro… Eso es muy bonito. También abre muchas puertas y oportunidades. Eso solo se lo puedo agradecer a él, hasta la eternidad.

¿Dónde ves tu carrera en 20 años?

No tengo ni idea [risas].

¿Ni siquiera en un año?

Ni en un año. Me gustaría envejecer contando historias, haciendo el trabajo que más me gusta.