Promesa cubana

Alberto Velázquez se estrena como bailarín profesional en The Joffrey Ballet con 'Nutcracker'

El mejor regalo de navidad que pudo recibir Alberto Velázquez llegó con mucha, pero mucha anticipación.

Fue en abril de este año, de parte de The Joffrey Ballet, una de las compañías de danza de más prestigio del país, que tiene su sede en Chicago. “Me llamaron una semana después de que hice audición para decirme que tenía contrato de un año”, contó el bailarín cubano de 22 años vía telefónica desde Chicago.

La noticia llegó justo a tiempo, porque la beca de dos años que Velázquez tenía con el American Ballet Theatre 2 estaba a punto de terminar. Ya había hecho audición en compañías de Boston, Houston, Pennsylvania, Atlanta y otras, y en ninguna había tenido suerte.

“Hay veces que dicen que sí, que eres muy bueno, pero que ‘estamos buscando personas altas’, o que ‘te vamos a tener en cuenta’ y así. Ya estaba un poquito nervioso, pero siempre con la esperanza de que algo saliera”.

Y llegó el Joffrey al rescate.

Velázquez, quien estudió en Cuba hasta los 14 años, es ahora parte del cuerpo de baile de esta compañía, que de hoy al domingo presenta en Los Ángeles el cuento de navidad Nutcracker en el Dorothy Chandler Pavilion.

De hecho, la del Joffrey fue su última audición, y era también su última oportunidad.

El contrato que consiguió es de un año, pero con posibilidades de renovarse.

“Espero poder quedarme más años porque la compañía me gusta mucho, me gusta su repertorio”, dijo.

Se podría pensar que los bailarines cubanos son muy codiciados no solo en Estados Unidos, sino en compañías de todo el mundo. Basta saber que artistas como José Manuel Carreño y Carlos Acosta son -o fueron, en el caso de Carreño- primeros bailarines de prestigiosos ballets, en el caso del primero del ABT y de The Royal Ballet de Londres el segundo.

Sin embargo, Velázquez vio durante sus audiciones a muchos de sus paisanos buscando trabajo como él.

“El problema es que quieren que seas muy alto, o con ciertas características, y con las mujeres es peor todavía”, reconoció.

Para su fortuna, llegó al Joffrey con una buena recomendación por parte del director del ABT2, la pequeña compañía del ABT que solo beca a entre 12 y 14 bailarines por un lapso de dos años. Durante este tiempo se prepara a los artistas para entrar al ABT, siempre y cuando haya plazas disponibles.

Esta beca la ganó Velázquez cuando vivía en México, a donde llegó en 2004 luego de que a su mamá, Adria Velázquez, la contratara una escuela de Veracruz para dar clases de danza. Adria, quien estudió ballet cinco años en Rusia cuando era muy joven, daba clases en la Escuela Nacional de Cuba.

Antes de esta oportunidad, Velázquez ya había ganado otra beca que lo trajo a Florida por una temporada. Y también había ganado en una competencia de ballet en Nueva York, donde obtuvo el primer lugar en la categoría de pareja y llegó a la final como solista.

Con su llegada al Joffrey comienza también su carrera profesional debido a que a la edad de Velázquez es cuando un bailarín comienza a construir su trayectoria.

En el Nutcracker interpretará varios papeles, entre ellos un ratón, Snow Wind y uno de los bailarines rusos.

Y sobre sus aspiraciones, quiere llegar a ser como Carreño, Acosta o Jorge Esquivel, quien fuera por muchos años partner de Alicia Alonso, primerísima bailarina del Ballet de Cuba, antes de salir de la isla para establecerse en San Francisco.