Videojuegos peligrosos

Son un regalo popular en Navidad, pero pueden afectar el cerebro de los niños
Videojuegos peligrosos
Para muchos niños y jóvenes, los videojuegos convierten en una necesidad.
Foto: Jupiterimages

NUEVA YORK.- La Navidad está a la vuelta de la esquina, y ya muchos niños y adolescentes han comenzado a preparar la lista de regalos que le pedirán a Santa Claus, al Niño Jesús o los Reyes Magos.

No cabe duda que entre las cosas que pedirán destacan los juegos de video, computadoras, tabletas portátiles y celulares inteligentes, que han reemplazado a las tradicionales muñecas Barbies y los carritos. Los aparatos electrónicos son ahora los obsequios predilectos por grandes y chicos y los niños hispanos no se quedan atrás.

“Mi sobrinito tiene apenas tres años, pero lo único que está pidiendo es un Nintendo DSi XL que cuesta como 200 dólares […] Yo no tengo la más mínima idea de qué es eso”, cuenta Amaryba González, turista venezolana que se encontraba comprando regalos navideños en Nueva York.

Son muchos los videojuegos que se ofrecen actualmente en el mercado, pero existen cuatro que han acaparado la atención de todos en los últimos años: el Xbox 360, Nintendo DS, PlayStation y Wii. Estos sofisticados -y nada económicos- aparatos pueden usarse en conjunción con la televisión, tienen consolas y controles inalámbricos o vienen en tamaño de bolsillo, lo que permite llevarlos a todos lados y usarlos en cualquier momento.

La imaginación y la versatilidad de los videojuegos no tienen límites.

Tenga mucho cuidado

Expertos en psicología infantil aconsejan a los padres que tengan mucha precaución y sentido común a la hora de adquirir algunos de estos dispositivos electrónicos. También sugieren leer cuidadosamente las instrucciones antes de ponerlos en las manos de sus hijos.

Estudios médicos han demostrado que los videojuegos pueden ser peligrosos para los más pequeñitos si no se usan de manera apropiada.

En primer lugar está el peligro de la adicción. Para muchos niños y jóvenes los videojuegos pasan de ser una simple diversión o entretenimiento y se convierten en una necesidad.

La explicación a esto es que la exposición excesiva del cerebro a estos juegos aumenta la liberación de dopamina, al igual que ocurre con sustancias adictivas, que estimula el sentimiento de euforia, satisfacción y placer, reforzando el deseo de jugar una y otra vez.

Algunos pasan horas pegados a las consolas portátiles y se olvidan de hacer la tarea o compartir con la familia. También pierden horas de sueño o dejan de comer por jugar con estos aparatos.

Esta adicción puede hacer que muchos niños tengan problemas de rendimiento y comportamiento en la escuela porque no hacen más que pensar en el juego.

También se presentan dificultades de socialización como cuando comienzan a utilizar el lenguaje de los juegos en sus conversaciones de la vida real; cuando se sobreidentifican con un personaje de algún juego o cuando tienen más relaciones con amigos en línea que con personas reales.

Otro problema es la exposición constante de muchos pequeñitos y adolescentes a la violencia.

Investigaciones han demostrado que alguien que usa videojuegos violentos con frecuencia tiene una menor actividad en el área prefrontal del cerebro, lo que afecta sus respuestas fisiológicas a la vida real, en especial su concentración, autocontrol e inhibición. Muchos presentan problemas de irritabilidad, trastorno obsesivo compulsivo y déficit de atención con hiperactividad.

Según la Sociedad Radiológica de EEUU, los juegos violentos alteran las funciones cognitivas y emocionales del cerebro en jóvenes en sólo una semana.

Otros efectos nocivos que se han asociado a la exposición excesiva a videojuegos, especialmente los que tienen pantallas con luz radiante o en tercera dimensión (3D), son los dolores de cabeza, mareos, náuseas o problemas en la visión.

“En la tienda me aconsejaron no comprar el DS de nueva generación para un niño menor de 5 años, porque vienen en 3D y eso les puede causar mareos y dolor de cabeza”, comenta González.

Y, como si esto no fuera poco, también se han vinculado con los altos índices de obesidad infantil y diabetes tipo 2 debido a que mantienen a los jóvenes apartados de la actividad física y los deportes.