No hay tema tabú para Stephen Daldry

El director de 'Billy Elliot' rememora 9/11 en su nuevo filme con Tom Hanks y Sandra Bullock

No hay tema tabú para Stephen Daldry
Thomas Horn y Tom Hanks son padre e hijo en la cinta.
Foto: Warner Bros.
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Ha realizado cuatro largometrajes, tres de los cuales —Billy Elliot, The Hours y The Reader— le reportaron las respectivas nominaciones a los Oscar al Mejor Director, un hito único en la historia del cine.

El cuarto, Extremely Loud and Incredibly Close, bien podría suponerle una nueva candidatura al premio de la Academia, aunque este año ese apartado está disputadísimo y, además, el filme se ha presentado a los medios y diversas organizaciones de galardones demasiado tarde como para afectar a las votaciones.

Pero eso no es lo que le preocupa al cineasta inglés Stephen Daldry.

El filme, un viaje emocional y muy lacrimógeno por el Nueva York posterior al 11 de septiembre, es también una apuesta arriesgada en una época, la navideña, donde las audiencias están más prestas a reir y disfrutar de la compañía familiar.

Adaptación de la novela de Jonathan Safran Foer, Extremely Loud and Incredibly Close sigue a un niño, Oskar Schell (Thomas Horn, en su filme debut: fue descubierto tras participar como concursante en el programa de ABC Jeopardy, donde ganó más de 30,000 dólares), quien pierde a su querido padre (Tom Hanks) en los ataques terroristas a las Torres Gemelas.

Un día, Oskar descubre entre las pertenencias de este, una llave en un sobre donde solo se lee “Black”.

El niño emprenderá un viaje por Nueva York para averiguar qué abre dicha llave.

Daldry, de 50 años, habló vía telefónica con La Vibra de la cinta -coprotagonizada por Sandra Bullock en el papel de la madre de Oskar y Viola Davis (The Help), como una de las señoras Black con las que Oskar contacta- y de cómo lidió con un tema que algunos aún consideran tabú.

Empecemos por la extraordinaria actuación de Thomas Horn. ¿Cómo se puede extraer una actuación como la suya en alguien que nunca ha actuado antes?

Es increíble. Es una de las mejores actuaciones vistas por parte de un actor joven. Thomas es muy inteligente y valiente. Lo que tiene de inusual es la capacidad de ir a un lugar emocional al que solo él tiene acceso. Durante las audiciones, que fue un periodo de tiempo muy largo, ese acceso a su vida emocional es lo que encontré increíble. Y no hay parecidos entre él y Oskar: él tiene una situación familiar muy feliz, nadie a su alrededor ha muerto… Por eso tuvimos que desarrollar el personaje, encontrar la idea de quién es este Oskar, en él. [Thomas] respondió a todas las exigencias que le pedimos.

Me fijé que en la película la cámara presta especial atención a los ojos de los actores…

Me alegra que digas eso. Rodamos la película con una cámara [especial] que permite mostrar un formato en el que los ojos se acercan al espectador de una forma única. Lo que hace es arrastrarte hacia las caras de una forma que me parece es nueva.

También me interesó mucho cómo las vistas aéreas de Nueva York muestran una ciudad como si fuera de juguete.

Durante las conversaciones acerca de [Oskar] y su autismo -o si tenía el síndrome de Asperger o no-, tuvimos que averiguar dónde él estaba en realidad. Creamos un chico que tiene sus miedos y sus fobias, y un especial sentido del olfato, del tacto, del sonido… De ahí surgió la idea de que, en el mundo de sus percepciones, particularmente cuando está en crisis, su foco cambia. Así que así es, empleamos un foco distinto que muestra [la ciudad] de un modo muy particular.

El libro original es muy popular. Al adaptarlo, ¿qué es lo que consideró imprescindible y qué es lo que usted y el guionista [Eric Roth, popular por ‘Forrest Gump’] aportaron?

Una de las ventajas que tuvimos es que el libro fue escrito por Jonathan Safran Foer, que siempre tuvo presente las diferencias entre un libro y un guión o una película. La novela es fantástica, pero por supuesto hay cosas en las que tenemos que enfocarnos y otras que hay que eliminar. Jonathan fue un buen compañero. Fue un proceso muy largo: escribimos unas 40 versiones del guión.

Los eventos del 9/11 son mostrados desde una perspectiva muy impactante pero sutil. ¿Cómo supo que esas imágenes nunca caerían en el sensacionalismo?

Teníamos muy presente a lo largo de este proceso los problemas de una película sobre el 9/11, y lo que queríamos mostrar y cómo lo queríamos mostrar. Al final hay que confiar en tus propios instintos para saber qué es lo correcto o no [a la hora de mostrar].

La música de Alexander Desplat es un acompañamiento tan emotivo como las actuaciones de los actores. ¿Cómo trabajó con él?

Él llegó al proyecto muy tarde. Pero tuvo una respuesta emocional muy fuerte al material. Trabajamos muy de cerca y colaboramos el uno con el otro. Y lo compuso todo en solo tres semanas.

¿Qué es lo que tiene Viola Davis que es capaz de expresar tanto con solo una breve caída de ojos?

Ella es una de las mejores actrices con las que he trabajado y estoy muy contento de que vaya a ganar el Oscar este año [por The Help].

Tanto Tom Hanks como Sandra Bullock parecen conscientes de que la historia no es sobre ellos, sino que gira en torno a ellos…

Sandra y Tom respondieron al guión. Hablamos mucho de sus papeles y luego ensayamos aún más. Debido al tono del filme y de las actuaciones -que me parecen muy espectaculares-, su tono emotivo y el de las escenas, siempre tuvimos mucho cuidado con la calibración [de las actuaciones] en ese viaje emocional.

Los últimos minutos del filme son un mar de lágrimas. ¿Le preocupó ir quizá demasiado lejos en ello?

Uno solo debe fiarse de sus instintos en adivinar cuándo algo así es demasiado. Hay mucha gente que comparte mi experiencia en él. Acabo de terminar la película [hace dos semanas] y estoy emocionado por conocer la reacción de la gente y su respuesta emocional. No he tenido ocasión de verla mucho con público, pero las pocas que lo he hecho estoy muy agradecido por el hecho de que el viaje emocional de esa audiencia coincide con el mío.