Pequeña gran delicia
Para comer o adornar, las uvas no pueden faltar en un festejo de fin de año
Uvas con 5queso. Crédito: California Table Grapes Commission
Comer las uvas hoy, justo cuando el reloj marque las 12 de la medianoche, es una tradición mundial, pero esta rica fruta de temporada además de saludable le puede dar un toque elegante y natural a la decoración de su mesa para la cena de Año Nuevo.
La tradición dicta que hay que despedir y recibir el año comiendo 12 uvas al ritmo de las campanadas del reloj; la creencia popular es que darán buena suerte para el año venidero.
Sin embargo, las uvas, además de sus propiedades alimenticias pudieran ser un artículo muy útil para decorar la mesa o incluso ser parte de un platillo.
En Año Nuevo, la uva es la fruta más popular, por eso su alto costo. En Estados Unidos, de acuerdo con la California Table Grape Commission, cada persona consume en promedio unas ocho libras de uva al año.
California es el estado que más produce uvas, más de 300 mil toneladas al año. Cosecha 98% de la producción en todo el país.
La uva está compuesta por un 80% de agua y cada 100 gramos aporta alrededor de 70 calorías.
La dietista registrada Sandra Monrroy, que ofrece sus servicios en el área de Baldwin Park, dice que consumir esta fruta “es una manera muy sana de comenzar el año”.
Esta “pequeña” delicia contiene potasio y magnesio, es abundante en minerales, rica en vitaminas aunque pobre en vitamina C, detalla la experta.
Dentro de su composición existen ciertas sustancias que pueden brindar grandes beneficios a la salud como los compuestos fenólicos: antocianinas, taninos y flavonoides, cuya función principal son los antioxidantes.
Monrroy dice que en las últimas décadas se le han adjudicado a la uva propiedades curativas, como la prevención de cáncer.
Las uvas se pueden ofrecer antes de la cena o como acompañantes de un queso y un rico vino.
La diferencia está en cómo se presenten. La sugerencia es presentarlas como arreglo floral.
La diversa variedad de sabores y colores de las uvas ayudarán a ampliar la creatividad. Hay de dónde elegir, porque hay negras, moradas, amarillas, doradas, púrpura, rosadas, marrones, anaranjadas y blancas. Los colores más comunes en California son las negras, amarillas y marrones.
Ese ramillete de uvas en diversos colores se puede colocar en medio de la mesa.
Personalizadas. Se hace con pequeños racimos de uvas. En un trozo de papel escriba el nombre de cada uno de los invitados; éste se cuelga o se detiene entre las uvas y se coloca en el plato en cada uno de los lugares de la mesa.
Entre copas. Las copas, sean de plástico o cristal, además de usarlas para el brindis se pueden utilizar para colocar las doce uvas que se comerán a la medianoche. Se les puede colgar algo distintivo, una pequeña hoja hecha con papel o utilizar palillos de colores.
Brochetas. Se colocan doce uvas de diversos colores en palillos de brochetas. Estas se pueden personalizar o se les puede poner algún distintivo y ofrecer entre los invitados minutos antes del Año Nuevo.
La idea de comerse las doce uvas durante la Nochevieja y darle la bienvenida al Año Nuevo es una tradición de origen español.
En Madrid, la familias ricas tenían la tradición de despedir el año con uvas y champán. En una ocasión, a un grupo de madrileños se les ocurrió ironizar esa costumbre burguesa y acudieron a la plaza la Puerta del Sol a comer uvas al son de las campanadas del conocido reloj de la Casa de Correos, edificio que se encuentra en ese lugar.
Esa burla se hizo popular, pero adquirió un sentido distinto y dejó de lado ese objetivo. En 1896 quedó marcado como el inicio de esa tradición que luego se fue extendiendo, como el hecho de comer las 12 uvas para atraer la buena suerte o para pedir esa cantidad de deseos.