Republicanos en su laberinto

Aunque en Iowa la población va favoreciendo las candidaturas republicanas de Ron Paul, Newt Gringrich y Mitt Rommey, los últimos datos a nivel nacional van dando cierta ventaja -hasta ahora y en un ambiente de gran volatilidad- al ex presidente de la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense.

Como ocurre generalmente en las elecciones del país, se ponen de manifiesto dos características fundamentales.

En primer lugar, dentro de la dinámica de cada agrupación política, cada candidato debe apelar -durante las elecciones primarias del partido- a las posiciones representativas de grupo, con el fin de hacerse de la respectiva candidatura. Por lo general, estos grupos internos presentan un claro radicalismo, tanto a la derecha como a la izquierda de las opciones electorales. En una segunda fase, el candidato ganador debe buscar los decisivos votos de los electores de se ubican en el centro político, fuera de los “mercados cautivos” del electorado.

En segundo lugar, y esto es algo no menos importante, en general la sociedad odia a los políticos profesionales, pero está más que ansiosa por encontrar un buen presidente. Alguien que sepa matizar su comportamiento entre la firmeza de las propuestas justas, con la flexibilidad y la persuasión necesarias que conlleva la creación de consensos. Un dirigente que se encuentre a la altura de las necesidades de liderazgo tanto para los problemas internos del país, como de lo que parece ser la creciente complicación internacional, escenarios que requieren que Estados Unidos deje de jugar a la potencia indispensable.

El problema es que para llegar a ser un buen presidente se requiere haber pasado por ser un político profesional, de haber sorteado todo ese pantano de intrigas y de puñaladas intempestivas en que se concretan muchas de las ambiciones personales, los egos desaforados, la soberbia de los “líderes” en una corriente cuyas sendas están plantadas no pocas veces de traiciones personales o de grupo.

Quienes desean servir a un país, a una sociedad, desde las instituciones del Estado, deben pasar por la política, así sea como es normal: tapándose la nariz.

El problema clave que hace levantar un auténtico laberinto para los republicanos, emerge del hecho de que este partido ha abandonado el pragmatismo que caracterizó a dirigentes como Ronald Reagan y Teodoro Roosevelt.

Nada que decir de posturas de auténtico legado para generaciones futuras. Evidentemente las posiciones de trascendental idealismo histórico de Abraham Lincoln -el Gran Emancipador- parecerían actualmente como “acciones comunistas” dadas las posiciones cavernarias de grupos republicanos, como el “Tea Party”.

Aún así, los conservadores tienen claro un dato alentador: ningún presidente ha sido reelecto con los actuales índices de desempleo. Eso ofrece esperanzas para poder desplazar a la Administración Obama de la Casa Blanca. Pero la intransigencia de planteamientos del pre-cámbrico haría que votantes independientes, el “centro electoral”, se inclinaran en pro de lo viejo conocido, dando la espalda a radicalismos tan simplistas como demagógicos.

La revista The Economist ha dado a conocer varias de las posiciones más amenazantes y poco innovadoras que plantean los precandidatos conservadores: Se debe cerrar entidades como las de protección ambiental y así como aquellas relacionadas con el sector educación; se deben deportar a 12 millones de personas que no tienen sus papeles en orden, en el país; quienes no cuentan con seguros de salud -unos 46 millones de personas- son los únicos culpables de que no tengan ese servicio; es una mentira lo del calentamiento global; debe prohibirse total y definitivamente el aborto en todos los casos; Israel nunca hace nada incorrecto; los “auto denominados palestinos” como ha enunciado Gingrich, son una amenaza mundial, nunca hacen nada correcto; toda forma de control de armas, por más moderada que sea, es inconstitucional; es razonable recortar siempre los servicios sociales a los más pobres, a la vez que se disminuyen impuestos a los más ricos.

Con esos planteamientos de los conservadores, tratando cada precandidato republicano de ser más radical que sus compañeros, aún hay esperanzas de que la sociedad estadounidense opte por mejores opciones en la conducción política desde el Ejecutivo. De nuevo, los republicanos desean convencer que son ellos los mejores para remediar una crisis interna que ellos mismos crearon. La intransigencia de sus líderes contrasta con la carencia de propuestas creativas que permitan tener una oposición política constructiva. Algo indispensable en toda democracia que se precie de tal.