Zapotecas trasladan sus fiestas a California

Por tercer año consecutivo, los zapotecas se reunieron en Madera en los días siguientes a Navidad

Zapotecas trasladan sus fiestas a California
Mujeres zapotecas asan chiles para preparar el mole negro para la fiesta de San Juan Evangelista, en Madera, un día después de la Navidad. La fiesta en Calfornia coincide con la de Oaxaca.
Foto: AP

MADERA, California .— Un grupo de mujeres zapotecas cavan un hoyo con las manos para hacer un horno de barro en el que asar chiles, ajo y cebollas en el patio trasero de su casa en California Central.

Al amanecer cocinaron suficiente cantidad de mole negro, una salsa espesa que incluye chocolate, como para alimentar a cientos de trabajadores agrícolas que llegarían de todas partes de California y hasta de Washington y Oregon para celebrar la fiesta de San Juan Evangelista, el santo patrono de un poblado mexicano a más de 2,000 millas de distancia.

Los zapotecas que trabajaban en California solían regresar a su hogar en Coatecas Altas y otras ciudades en Oaxaca para participar en las fiestas. Pero cuando la seguridad en la frontera se hizo más estricta y los cruces ilegales se volvieron más caros y peligrosos, muchos de ellos buscaron la manera de venerar a su santo en la pequeña ciudad de trabajadores agrícolas de Madera.

Por tercer año consecutivo, los zapotecas se reunieron en Madera en los días siguientes a Navidad, cocinando y comiendo mole, construyendo un altar, organizando desfiles con muñecas gigantes de papel maché y bailando en la noche con bandas de instrumentos de viento que tocan las tradicionales chilenas.

La fiesta se extiende durante varios días, al mismo tiempo que la de Oaxaca.

“Se trata de servicio comunitario, de reunirnos para ayudarnos y apoyarnos”, dijo Alfredo Hernández, voluntario de Madera que ayudó a organizar la celebración. “Para nosotros es importante no perder nuestra cultura. Y como no podemos volver, lo hacemos aquí”.

Los zapotecas es uno de los grupos lingüísticos indígenas más grandes en Oaxaca, y sus miembros forman parte de la ola más reciente de trabajadores que migraron a EEUU. En California, se estima que 30% de los trabajadores agrícolas son actualmente indígenas, según el Departamento de Trabajo de EEUU.

En Oaxaca, los zapotecas han vivido durante más de 2,000 años cultivando maíz y frijoles, siguiendo la práctica de servicio comunitario obligatorio y especializándose en artesanías. En medio de las montañas, Coatecas Altas es conocida por intrincadas cestas y esteras tejidas a mano usando hojas de palmeras silvestres.

Pero su estilo de vida colapsó en las últimas décadas. Haciendo frente a una crisis económica en su país, a una inundación de maíz estadounidense barato que ingresó gracias al Tratado de Libre Comercio y al apoyo cada vez menor del gobierno a los pequeños agricultores, los zapotecas comenzaron a emigrar buscando mejores oportunidades, dijo Sara Lara Flores, socióloga de la Universidad Nacional Autónoma de México, que estudió la emigración zapoteca.

Los que se trasladaron al norte de la frontera antes de la década de 1980 se establecieron principalmente en Los Ángeles, pero en la pasada década los zapotecas llegaron a la zona rural de California Central para trabajar en el campo.

Juan Santiago, estudiante en la Universidad del Estado de California en Fresno, comenzó la fiesta en Madera para ayudar a organizar su comunidad. Santiago, de 23 años, vino a los Estados Unidos con su madre cuando tenía 11 años, reuniéndose con su padre, trabajador agrícola, y sus cuatro hermanos en Madera. Es el primer miembro de la familia en graduarse de la preparatoria e ir a la universidad.

La vida en California plantea enormes desafíos a su gente, dijo Santiago.

En Madera, donde 77% de los 61,000 residentes son hispanos, los zapotecas se han enfrentado a una doble barrera idiomática con el inglés y el español, y han experimentado un doble choque cultural.

Muchos de los 5,000 zapotecas del área son jóvenes que no tienen educación básica y viven en la pobreza, con pocas opciones laborales sin documentos de inmigración legal, dijo Santiago. En los campos, los indígenas suelen recibir menos salario que otros latinos.

Hace tres años, Santiago organizó la primera asamblea de la comunidad de los zapotecas en Madera, y fue elegido presidente.

Una de sus primeras medidas fue trasplantar la práctica del servicio comunitario. Ese trabajo voluntario, dijo, le da a los jóvenes algo productivo y positivo para hacer y favorece el liderazgo.

El trabajo comunitario es clave para la sobrevivencia de los inmigrantes, dijo Flores.

“Esta celebración permite que se fortalezcan los lazos de solidaridad y ayuda mutua que caracterizan a los pueblos indígenas”, dijo. “Los ayuda a enfrentar la atmósfera de hostilidad e intolerancia que muchos de ellos sufren”.

La fiesta, que incluyó una carrera desde Fresno a Madera y un torneo de básquetbol, también promueve la cultura y el lenguaje zapoteca entre las generaciones más jóvenes, que se están americanizando rápidamente, dijo Santiago.

El día de la fiesta, después de asistir a misa, más de 1,000 zapotecas abarrotaron un salón alquilado en los predios de la Feria de Madera. Oraron, encendieron velas y colocaron ramos de flores ante un altar móvil de San Juan Evangelista, que hicieron para que luciera igual al de Coatecas Altas.

Las muñecas gigantes de papel maché bailaron bajo un techo cubierto de papel picado, coloridas guirnaldas de fino papel cortado a mano para formar elaborados diseños. Platos con mole y vasos con tepache, una bebida de piña fermentada, se repartieron entre la multitud.

Al final, en una ceremonia especial, Santiago y los demás miembros del comité entregaron cuatro bastones ceremoniales a los nuevos miembros del comité recién elegidos y a los voluntarios, que continuarán con la tradición del servicio comunitario en los próximos tres años.