Agredir también daña a quien lo hace

Agredir también daña a quien lo hace
Foto: iStock

Golpear a un valet parking que se niega a darte un servicio mec·nico, bajarte de tu auto en pleno Periférico para insultar a quien pasó antes que tú o hacer un reclamo a cualquiera que te voltea a ver, son actitudes de personas que viven o provienen de un hogar violento, tienen una adicción, son inflexibles respecto a los roles de género o un bajo nivel educativo.

Cualquier persona que ejerce violencia ha aprendido que debe dejar patente quien tiene el control y el poder en cualquier situación, explica Roberto Garda, director de Hombres por la Equidad.

Y agrega que la conducta violenta no es simplemente un enojo incontrolable, sino algo socialmente aprendido que tiene aprobación precisamente en el ámbito social.

De ahí que los hombres se muestren más violentos en ámbitos públicos que las mujeres y que algunas de éstas sólo se atrevan a expresar su poder en su ámbito doméstico violentando generalmente a sus hijos.

La escena de alguien con poder, ya sea de clase, económico o en jerarquía, golpeando o insultando a otro puede ser entre un padre o una madre con un hijo, de un jefe con un empleado, del marido con la esposa o de una señora de casa con algún empleado doméstico, ejemplifica Gómez.

La buena noticia es que estas actitudes se pueden desaprender. Identificar los signos físicos que te llevan a la ira y adoptar algunas estrategias para descargar el enojo sin violentar a alguien son dos de los pasos básicos para dejar de ser una persona violenta.

De la ira a la violencia

Los especialistas aclaran que enojarse es humano; el problema es pasar a la ira y de ésta a la violencia.

Además de afectar a otros, esta violencia opera en contra de quien la experimenta, afectando su salud física y mental, además de que las relaciones interpersonales se verán afectadas.

De acuerdo con Liz Basañez, autora de Y tus emociones …¿qué dicen? Aprende a manejarlas, una de las principales afectaciones de quienes sufren ira son los males cardiacos.

Diversos estudios demuestran que la ira suele ir acompañada de problemas cardiovasculares, pues al aumentar la presión sanguínea se incrementa la fuerza con la que fluye la sangre por las arterias y esto debilita y daña el revestimiento de éstas.

Los ácidos grasos y la glucosa se pegan a las paredes dañadas en las arterias, lo que origina una obstrucción y disminución del flujo sanguíneo general, lo cual causa arteroesclerosis.

“Si esto sucede en el corazón se está más propenso a sufrir enfermedades coronarias como isquemia de miocardio o infartos”.

Quienes actúan violentamente empujados por la ira, además, suelen sentirse avergonzados, culpable o deprimido por haber actuado con agresividad. “Se empeora la relación con los demás”, precisa BasaÒez en su texto.

Un proceso complejo

Las personas pueden experimentar diversos grados de enojo, desde una molestia ligera hasta una ira que puede terminar en violencia.

Las personas que suelen enojarse con frecuencia creen que el enojo es el mecanismo de acción para eliminar los estÌmulos dolorosos o incómodos y no son capaces de manejar su frustración, precisa Basañez.

Cuando las personas experimentan ira actúa la parte más primitiva del cerebro, por lo tanto sólo obedecen a sus impulsos, explica Socorro Gómez, psicóloga del Instituto Personas.

Después, al darse cuenta de su enojo, en segundos, reflexionan qué hacer con él: si pararlo o atacar.

Por su parte, Roberto Garda, director de Hombres por la Equidad, indica que al enojarse se activan varios dispositivos: los cognitivos, es decir, el agresor justifica su violencia diciéndose que la víctima lo merecía por no haber hecho lo que esperaba; los corporales, que se manifiestan físicamente y que alistan al organismo para el combate, y los conductuales, toda acción que produzca un daño.

Cualquier persona que ejerce violencia busca dejar patente quien tiene el control de la situación y el poder, explica Garda.

Afirma que la conducta violenta no es sólo es el paso del enojo a la ira, sino algo socialmente aprendido y decidido por quien la ejerce porque tiene aprobacin en el ámbito social.

Público y privado

Una misma persona puede actuar su enojo de diferente manera.

“Es adorable afuera y en casa violento”, dice Gómez.

Esa es la razón por la que los actos cotidianos de violencia en el ámbito público son generalmente protagonizados por hombres. Las mujeres actúan más su violencia en casa; con sus hijos o sus empleados domésticos.

Por ejemplo, la misma escena del empresario abusando de su empleado puede ser la de una madre golpeando a su hijo, considera Gómez.

“Qué bueno que un evento tan dramático hace que las personas volteen hacia las violencias cotidianas, porque generalmente no son vistas hasta que tienen tal dramatismo”, indica.

En los feudos, la violencia contra los siervos era permitida hasta que nacieron los burgos, ciudades donde el hombre empieza a considerarse ciudadano. La violencia nos puede llevar al oscurantismo de nuevo, concluye Garda.