Ayudan a seguir un buen camino

Programa de salud mental apoya a familias de bajos ingresos

Ayudan a seguir un buen camino
Gloria de la Cruz Quiróz (izq.) con Blanca Ruiz, una de las mamá que sirve el programa.
Foto: Suministrada

Blanca Ruiz quedó perpleja cuando su hijo de seis años le dijo que quería ingresar a las sesiones de consejería en grupo que la escuela Camino Nuevo ofrece a sus estudiantes y padres de familia.

Ante la iniciativa del pequeño -que se sentía incómodo con su timidez-, ella se motivó a inscribirse en las sesiones de consejería para padres.

“Yo también necesitaba una terapia para vencer la timidez y el nerviosismo que no me dejaba hablar con seguridad ni tener destrezas de crianza para ayudar a mis hijos”, recuerda la madre de 39 años.

A tres años de participar en sesiones individuales y de grupo, la natural de Sinaloa, México, asegura que tanto ella como su hijo han experimentado un cambio positivo en sus vidas.

“Mi hijo, que ahora tiene nueve años, es un niño extrovertido y feliz… y ha mejorado mucho sus calificaciones”, cuenta esta madre soltera, de bajos ingresos. “Y, en cuanto a mí, la consejería me ha ayudado a ser mejor mamá y a transmitirle a mis hijos la seguridad que necesitan para ser mejores estudiantes y personas”.

A la fecha, más de 300 padres y 200 menores -entre las edades de prekínder y último grado de la preparatoria-, vinculados a las escuelas Camino Nuevo en el área de MacArthur Park, reciben terapia de consejería.

Gloria de la Cruz Quiróz, directora de programa de salud mental para las mencionadas escuelas, explica que el servicio bilingüe se ofrece hace cinco años en este sistema escolar gracias a una alianza con Los Angeles Child Development Center (LACDC).

“El programa [de salud mental] surgió hace 25 años en la zona oeste de Los Ángeles”, agrega la doctora Jeri Weiss, presidenta de LACDC. “Comenzó con los estudiantes de educación intermedia y preparatoria de Culver City; así como con los alumnos de la escuela de educación continua de Culver Park”.

Desde sus inicios, el objetivo del programa fue el de ofrecer consejería a los alumnos que no tienen cobertura médica y sus padres no tienen dinero ni tiempo para llevarlos a un servicio privado de consejería emocional.

Sin este programa, las familias latinas de las comunidades desatendidas de Los Ángeles -como la de MacArthur Park y Pico Union- no tendrían acceso a tratamientos de salud mental.

“En este programa damos terapia individual y de grupo a niños y padres. Y cuando tratamos un problema grave incluimos también a los maestros del menor”, explica De la Cruz Quiróz, trabajadora social de profesión.

Los estudiantes y los padres llegan al programa referidos por los profesores o por los mismos padres que se pasan la voz.

Además del servicio de consejería, el programa imparte seminarios educativos a los padres de familia para que aprendan cómo identificar e intervenir a tiempo en un problema emocional o de comportamiento de sus hijos.

“Es maravilloso ver cómo los niños que tienen algún problema cambian su comportamiento y mejoran el rendimiento escolar cuando son tratados”, resalta De la Cruz Quiróz.

Los cambios positivos se dan cuando el menor tiene la oportunidad de expresarse y los padres entienden qué le está pasando a su hijo y, de acuerdo con el problema, hacen los cambios necesarios en la crianza.

Las alteraciones emocionales que manifiestan los menores tienen, por lo regular, sus raíces en la violencia que se vive en los vecindarios o complejo habitacionales donde residen, la situación de pobreza o la ausencia de la imagen paterna en el hogar.

“¿Cómo puede aprender un niño que llega con hambre a la escuela o está traumado con tanta violencia y pobreza en su entorno?”, se pregunta De la Cruz Quiróz. “Obviamente que la ansiedad, la tristeza o el coraje que siente y que no sabe cómo canalizar no lo deja concentrarse en los estudios”.

El acoso o intimidación (bulling, en inglés), que hoy es tan común en las escuelas, es otro problema que las consejeras del programa tratan para prevenir la deserción escolar.

“Entre más temprano se le dé tratamiento a un problema emocional es mejor para el menor”, denota De la Cruz Quiróz. “Su rendimiento académico sube y tanto él como sus padres estarán más felices y tranquilos”.