La paz nunca llegó

El candidato presidencial Newt Gingrich mencionó recientemente a MS 13 durante el debate presidencial en Carolina del Sur. MS 13 es una tristemente célebre pandilla.

Newt Gingrich está inculcando miedo pero no está ofreciendo ninguna solución para ayudar a El Salvador a luchar contra el crimen y la violencia. En realidad, EEUU contribuyó a las condiciones actuales al deportar a miles de presos que habían sido encarcelados por problemas relacionados con pandillas. Las cárceles en El Salvador no tenían capacidad para albergar la interminable cantidad de presos deportados por EEUU.

Según el Departamento de Estado estadounidense, “El Salvador es uno de los diez países más violentos del mundo. Tiene uno de los índices de homicidios más altos del mundo: 64.4 por cada 100,000 (2010)”. Para reforzar aún más esta realidad, EEUU tuvo que retirar a sus voluntarios del Cuerpo de Paz debido a la terrible violencia, que hace que nadie esté seguro.

En la década de 1980, América Central era una zona conflictiva, y las visiones políticas del presidente Ronald Reagan inculcaron el miedo en EEUU al asegurar que el comunismo triunfaría en América Central y que con el tiempo llegaría a EEUU a través de un efecto dominó.

Estados Unidos gastó más de dos mil millones de dólares en El Salvador en apoyo a los gobiernos de derecha y a los militares. Fue un promedio de dos millones de dólares por día para la guerra civil de 12 años en la que murieron más de 80,000 personas.

El año 2012 marca el vigésimo aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz en el Salvador en 1992, que pusieron fin a la sangrienta guerra civil. El comunismo ya es no más una amenaza importante en América Central, y la mayor parte de la atención se ha trasladado a Medio Oriente.

La guerra civil terminó prácticamente en un estancamiento, ya que los militares y los guerrilleros de izquierda salvadoreños nunca pudieron derrotar al otro bando. No hubo un ganador claro, y la pobreza y la violencia continúan aumentando.

Durante los ochentas, es asombroso que haya sido el dinero de los contribuyentes de EEUU lo que financió la llamada ayuda humanitaria que EEUU enviaba al gobierno militar de El Salvador. El dinero se usó para comprar armas y los líderes de ambos bandos se vendían armas entre sí en el mercado negro. El resultado eran grandes ganancias a costa de la sangre derramada por soldados y guerrilleros. La violencia y los asesinatos se convirtieron en algo común. Se perdió el respeto por la vida humana y muchos niños imitaban el comportamiento violento.

La firma de un pedazo de papel no hace desaparecer las atrocidades que ambos bandos cometieron, principalmente contra la clase trabajadora y la población campesina. Ninguno de los dos bandos se atrevió a tocar ni atacar a los ricos, y de todas maneras la mayoría de ellos abandonó el país.

Los Acuerdos de Paz fueron un avance importante, pero la verdadera paz nunca llegó a El Salvador. Ahora el partido político FMLN se encuentra en el poder. El FMLN eligió como candidato al centrista Mauricio Funes para ganar las elecciones presidenciales.

Los dos principales partidos políticos, el FMLN y el Arena, no han podido alcanzar la estabilidad socioeconómica. Ninguno de los dos bandos ha aceptado verdaderamente las atrocidades que cometieron contra la humanidad, que contribuyeron a la creación de pandillas violentas.

La participación obsesiva de los EEUU en América Central en la década de 1980 ya no existe. La ayuda exterior de EEUU es deplorable. EEUU eligió ignorar a América Central después del fin de las guerras civiles, y ahora esos países son algunos de los más violentos. La inversión en programas sociales nunca fue una prioridad. Alcanzar la paz ha sido una ilusión, y no se ha logrado.

Doce años es mucho tiempo para soportar una guerra civil sangrienta. Esperábamos que la pesadilla terminaría en 1992. Sin embargo, la pesadilla continúa y esperaríamos que los candidatos republicanos mencionaran América Central como una prioridad para ayudar a establecer la paz y la prosperidad. Pero no tienen visión de futuro.

Actualmente México y América Central se encuentran entre las regiones geográficas más violentas del mundo.

A EEUU le interesa, por su propio bien, ayudar a esos gobiernos a establecer políticas y programas que ayuden a minimizar la violencia. La violencia ya no se puede detener con fronteras ni deportando prisioneros.

Podemos lograr más resultados cuidando las vidas de las víctimas inocentes en México y América Central. No deben ser considerados únicamente estadísticas, sino seres humanos con emociones y familias que los quieren y se preocupan por ellos.

Mantengamos la esperanza y oremos para que la violencia en América Central sea considerada seriamente, y que sea adoptada como una prioridad en la política exterior de EEUU.

Medio Oriente no debe ser la única área del mundo que merece atención, financiamiento y protección de los EEUU