En serio, ¿cómo dices?

¿Recuerdan a las integrantes del equipo campeón de lacrosse femenino de la Northwestern University, quienes visitaron al presidente Bush en julio del 2005, vestidas con sandalias de playa?

Sin duda, también vistieron vestidos y faldas, pero surgió una controversia sobre lo que era el atuendo apropiado. ¿Cómo se les ocurre? Las sandalias de playa no son las apropiadas, ¿no?

Una nota de primera plana en el periódico Chicago Tribune exclamó: “You wore flip-flops to the White House?” (¿Fueron a la Casa Blanca con sandalias de playa?)

Algunos familiares de las del equipo quedaron angustiados. Todavía se considera, generalmente, que ese tipo de calzado es demasiado informal como para una reunión formal con el presidente y una visita a la Casa Blanca.

Las mujeres se defendieron, explicando que calzaba sandalias playeras algo más vistosas que lo normal. Aly Josephs dijo que llevaba un par que costó $16 y que llevaba brillantitos de imitación.

Lo que principalmente consideraban las mujeres, según el periódico USA Today, era vestirse informal o formalmente, el verse bien o el sentirse cómodas.

En realidad, éste es un perfecto ejemplo de lo que trata el nuevo Diccionario de modismos mexicanos, de Jorge García Robles.

García Robles, en el augusto Palacio de Bellas Artes en esta ciudad, explicó la razón por la que se necesita una nueva obra de referencia, en particular una guía para las pintorescas expresiones provenientes de México. Los modismos pueden ser maneras de frasear que se desvían de las reglas de gramática o de los modales.

Pueden conformarse como lo que nos gusta llamar “jerga callejera”, pero es mucho más que palabras claves entre frases inconsecuentes. Esta fraseología puede sentar el tono, hasta ofrecer un contexto difícil de alcanzar. La campeona de lacrosse con las sandalias de $16 con brillantitos hizo precisamente eso con poner un nuevo marco al sport elegante dentro del contexto de una oportunidad para fotos en la Casa Blanca.

Y a eso quiere llegar García Robles. Presentó un discurso sobre su tomo de referencia en el lugar en el que los más distinguidos de la literatura, la poesía y el periodismo se dirigen al público.

El palacio es un lugar de espectáculos, en el que la música, la danza y la escultura más finas y las pinturas de mayor importancia histórica se exhiben. El libro de García Robles, de la Editorial Porrúa, cuenta con 11,000 entradas.

Así lo dice él: se puede dividir el lenguaje en dos avenidas. Una la llama la tecnológica, la del mundo de la gramática. Tiene reglas de uso y expresión apropiados. Es clara, precisa, lógica, mecánica, está gobernada y emplea palabras apropiadamente aceptadas.

Pero los modismos, los cuales buscaron él y sus asistentes en la televisión, las novelas, las películas, la literatura clandestina, en las historias, parten de la cultura. Son orgánicos, como un bosque tropical del Amazonas en el que crecen nueva variaciones y que se desarrolla cada día. Son expresiones humanas que dan voz a sentimientos fundamentales, que hasta reconocen el erotismo y otros sentimientos, a diferencia del habla apropiado. Los modismos pueden expresar lo sencillo y lo exuberante, lo cómodo y lo sensual, así como hace la moda.

Escritor renombrado Guillermo Samperio, leyó un cuento durante la presentación del libro sobre la búsqueda de un talismán en el mercado. En el cuento, el público vive las expresiones que lo llevan a la Apocalípsis y al Juicio Final en busca de la suerte.

El discurso pintoresco lo transporta a uno a palabras que con frecuencia son el árbitro entre nosotros y el juicio.

Escritor popular Alberto Vargas Iturbe, por otro lado, se especializa en la erótica, en particular la que parte de las comunidades campesinas y de los espacios urbanos a los que emigran los campesinos. Cuenta una historia sobre el origen del término popular “guey” (derivado de “buey”). En el dialecto caló, se refiere a los inmensos cuernos del buey, y define lo idiota que es el hombre promedio al ser engañado. (Tal vez sea también el origen del término en inglés, “horny”.)

García Robles observa que los políticos y ejecutivos del centro en los bares, tan pronto como salen de la mira del público y de sus escritorios gerenciales, se relajan y emplean los modismos. Con facilidad se llaman entre ellos y en referencia a sus adversarios “guey”. Los modismos, así, reducen a los poderosos a quiénes son y qué hacen. Normalmente son expresiones de buen humor y frecuentemente con ironía, ciertas.

El lenguaje así puede reducir la existencia a una realidad compartida. Los modismos exponen las verdades básicas, así como hicieron las jugadoras de lacrosse. Todos tenemos dedos en los pies. Sólo que algunos cubren sus peludos dígitos con calcetines, mientras que otros calzan sandalias de playa, tal como la gramática apropiada y los modismos.