EN SU MEJOR ETAPA

El padre Alberto Cutié habla de su vida actual y de la reedición de 'Dilema'

Al padre Alberto Cutié le sorprenderle que a su descubierto romance con una mujer, cuando todavía era sacerdote de la iglesia católica, se le llame escándalo.

“Para mí escándalo es algo como abuso sexual de menores, como una promiscuidad, como una cosa inmoral, criminal, pero un escándalo por estar con una mujer…”, criticó el padre hace unos días durante una entrevista telefónica desde Florida. “Cuando uno es famoso o conocido, la gente tiende a juzgar de una forma un poco más severa”.

Ciertamente, ese fue su caso, cuando en 2009 fue sorprendido por unos paparazzis en pleno romance con la que entonces era su novia.

Las fotos de la pareja acostada en una playa aparecieron en revistas de todo el mundo, y el caso fue la comidilla de programas de espectáculos por varias semanas.

Sin embargo, de lo que poco se habló fue del proceso que el padre Cutié había comenzado tiempo antes, y con el que pretendía transferirse a una iglesia que sí permitiera que sus jerarcas y dirigentes se pudieran casar. La iglesia católica, a la que él perteneció por muchos años, no permite los matrimonios de sus sacerdotes.

“Las fotos para mí fueron un accidente de tiempo”, dijo enfático, rechazando la percepción de que si no hubiera sido por las imágenes hubiera continuado con una doble vida.

“Yo ya estaba en el proceso; fotos o no fotos el resultado hubiera sido el mismo. En abril de 2009, antes de las fotos, en Semana Santa ya estaba en la Catedral Episcopal”, dijo Cutié, quien ahora profesa en esta iglesia. “Para eso no me siguieron los paparazzis, no sé por qué… Para mí las fotos fueron un accidente que no tienen nada qué ver con lo que resultó porque yo al final sabía que quería casarme, tener a mi familia, y quería seguir sirviendo a dios en una nueva iglesia”.

Tomar esa decisión no fue fácil, reconoció el sacerdote nacido en Puerto Rico de padres cubanos, quien plasmó todo este conflicto en Dilema, un libro que sacó al mercado el año pasado y que se reeditó recientemente en una versión de pasta blanda y con un prólogo nuevo.

“Si no fuera por la muerte de Michael Jackson [quien murió en la misma época que surgieron las fotos] el padre Alberto hubiera seguido siendo la noticia”, sostuvo Cutié, de 42 años, quien aseguró que las únicas verdades que se dijeron sobre él y su ahora esposa, Ruhama Canellis, fueron que los vieron en la playa, que él se había cambiado a la iglesia episcopal y que se había casado.

“Todo lo demás fue inventado; todos los días inventaban algo diferente, le inventaban novios a mi esposa, cosas que, bueno, yo decía, ‘¿hasta cuándo?'”.

A casi tres años del suceso, y calmadas las aguas, la vida del padre Cutié ya es muy distinta. Por el momento no hay proyectos de radio o televisión, sino una vida dedicada a dios y a su parroquia, donde asiste una congregación de unas 300 personas en una pequeña comunidad de Florida.

“Trabajar en los medios no es lo más importante en mi vida”, dijo el sacerdote, quien precisamente se dio a conocer internacionalmente hace más de una década en un programa que dirigía en la cadena Telemundo.

El libro incluye un nuevo prólogo, con unas 10 mil palabras más que la edición original, en donde Cutié recapitula la historia de su dilema y la reacción de la gente desde que salió el primer libro a la fecha.

Todo esto, sin embargo, no cambiará la manera en que funciona la iglesia católica, dijo el padre, quien procreó una niña, Camila Victoria -que ya tiene un año-, y que espera un segundo hijo.

De hecho, el celibato no es un concepto que se encuentre en la Biblia, dice Cutié, sino una decisión que tomó la iglesia católica en el siglo 12 por un asunto de “real estate”.

“La iglesia romana instituyó el celibato por una situación, podíamos decir, de real estate, porque las propiedades le quedaban a las esposas o hijos cuando los padres morían. Entonces la iglesia decide que los curas hagan dos promesas, obediencia al obispo y el celibato”, resumió el padre.

Mientras tanto, Cutié dice estar viviendo “la mejor etapa de mi vida, en el sentido de que miro hacia atrás, y ciertamente no me siento orgulloso de haber roto con el celibato ni de haber hecho sentir mal a ciertas personas… [Pero] no vivo mucho en el pasado; no dedico mucho tiempo ni mi mente ni mi corazón en las cosas del pasado; vivo más enfocado en el presente y mirando hacia el futuro con esperanza”.