Lo que hace un Super Bowl

Tom Coughlin, aquél del rostro de piedra siempre presente al costado de campo, últimamente suele sonreír más seguido. A veces, hasta suelta un chiste o una frase ingeniosa.
Lo que hace un Super Bowl
Tom Coughlin habla a los medios en la rueda de prensa de ayer.
Foto: EFE

INDIANÁPOLIS (AP).- Tom Coughlin, aquél del rostro de piedra siempre presente al costado de campo, últimamente suele sonreír más seguido. A veces, hasta suelta un chiste o una frase ingeniosa.

Qué interesante: cómo un segundo Super Bowl en cuatro años le puede cambiar el humor a la gente.

Pero Coughlin, el entrenador de 65 años de los Gigantes de Nueva York, sigue siendo el mismo, en el emparrillado y fuera de él.

Su disciplina, preparación intensa y puesta en ejecución son ya marcas registradas como coach. En casa, las prioridades son su familia, su iglesia y su trabajo benéfico.

“Él es quien es”, dijo su hija Keli por teléfono, a dos días del Super Bowl en que los Gigantes enfrentarán a los Patriotas de Nueva Inglaterra.

“No sé si eso cambió alguna vez, sabes exactamente qué esperar de él y qué espera él de ti. Todos ven eso y están cómodos porque sabes dónde estás parado”, agregó.

“¿Que si he cambiado?”, preguntó el propio Coughlin. “Probablemente, pero lo que creo que es importante es el proceso de aprendizaje. Aprendes, te desarrollas y cambias todos los años”, dijo.

Aunque más de uno ha tenido cruces públicos con el entrenador, en estos días de alta motivación los jugadores reconocen que Coughlin busca mejorarlos como atletas y como personas.

El receptor boricua Víctor Cruz recuerda que, hace algunos meses, estaba en un cumpleaños en un club nocturno de Nueva York cuando alguien murió de un disparo en medio de un altercado.

Coughlin lo convocó a su oficina y le habló casi como un padre. Como suele hacerlo.

“No sé si hay algo bueno que ocurra a las 2:30 o 3 de la mañana”, recordó Coughlin sobre lo que le dijo al jugador. “Eso nunca lo entendí. Más allá de eso, lo que hablamos queda entre él y yo”. Típico de Coughlin: lo que pasa en la familia, queda en la familia.