A cosechar lo que sembraron

Propietarios de los Pats y Giants salvaron campaña de la NFL, ahora van por gloria
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A cosechar lo que sembraron
La temporada 2011-2012 de la NFL llega a su fin hoy, cuando los New England Patriots y los New York Giants disputan el Super Bowl XLVI en Indianapolis.
Foto: AP / Paul Sancya

INDIANAPOLIS/AP La temporada de la NFL comenzó a tiempo, en buena medida, gracias a Robert Kraft y John Mara. Así que no hay mejor manera de terminarla que con un duelo entre sus escuadras por el máximo trofeo.

Los dueños de los Patriots de New England y de los Giants de Nueva York tuvieron un papel decisivo para terminar con una prolongada guerra laboral que amenazaba con cancelar la que resultó ser la temporada más exitosa de la NFL.

Ambos han tenido el trofeo del Super Bowl en las manos: Kraft en tres ocasiones y Mara en una, en el 2008, a expensas de su colega. Pero las similitudes entre ambos prácticamente terminan ahí.

Cuando Kraft inicia una historia, podría terminar en cualquier lado. Cuando Mara lo hace, va directo al meollo del asunto.

Casi dos décadas después de comprar a los Patriots y de transformarlos en uno de los equipos más exitosos en cualquier deporte, muchas de las cosas sobre la vida de un dueño -en particular la celebridad- aún parecen novedades para el septuagenario Kraft.

Para Mara, de 57 años, un hombre de pocas palabras, el trabajo parece costumbre. No resulta extraño, ya que fue educado para el papel desde que nació y lo heredó cuando su padre, Wellington, murió en el 2005. Las raíces familiares llegan a la fundación del equipo en 1925, cuando su abuelo, Tim, un corredor de apuestas de Nueva York, desembolsó entre 500 y 2.500 dólares y apostó a la viabilidad de la NFL, en ese entonces de apenas cinco años de existencia.

“No estoy necesariamente feliz de jugar contra Bill Belichick y Tom Brady”, dijo Mara. “.Pero sí estoy muy feliz por Bob. Puso su corazón y su alma en las negociaciones durante un momento muy difícil. El éxito que han tenido lo tienen bien merecido”, agregó.

“Momento muy difícil” no describe la mitad de lo que fue. El acuerdo para un nuevo contrato laboral por 10 años se dio apenas una semana después de que Kraft enterró a quien fue su esposa durante 48 años, Myra, luego de una batalla contra el cáncer. Por mucho de ese tiempo, Kraft viajo ida y vuelta entre el hospital y la mesa de negociaciones, en gran medida porque, como Mara, era uno de los pocos dueños en los que los jugadores sentían que podían confiar.

“Me salvaron”, manifestó Kraft, haciendo un ademán con la cabeza para señalar a los jugadores de los Patriots que estaban a su lado. “Nunca entendí lo que la palabra desconsolado significaba. Es difícil para cualquiera conectarse conmigo. Mi esposa tenía 19 y yo 20 cuando me pidió que me casara con ella. Tuvimos cinco hijos pronto. Luego se fueron y nos hicimos los mejores amigos por 25 años. Pesaba 44 kilos (98 libras), leía cuatro libros en una semana y estaba sana”, acotó.

Mara ha estado metido en el fútbol estadounidense desde que era un muchacho. La política de becarios de la familia prácticamente lo exigió: comenzar como recogepelotas, conocer cada rincón del equipo y aprender cada fase de la operación, desde la venta de entradas hasta los topes salariales. Y sólo entonces Mara se puede dar el lujo de regresar al terreno de juego.

“Todavía recuerdo a Wellington Mara viniendo a vernos trabajar la primera vez que vine”, recuerda el entrenador de línea ofensiva Pat Flaherty, quien llegó en el 2004, un año antes de que el mayor de los Mara muriera a los 89 años. “Se divertía mucho porque conocía su negocio. Pero también enviaba un mensaje a nuestros muchachos. Les hacía saber que su trabajo era importante”, añadió.

“Cuando John Mara se hizo cargo, continuó … con esa clase de lealtad. Es casi como una transfusión de sangre. Le hace saber a nuestra gente que ni siquiera con el cambio en el timón las cosas cambiaron, ni las expectativas, ni la atención al detalle, ni lo que significa jugar para los Giants”, acotó Flaherty.

Mara aún se ve como el abogado que fue durante muchos años antes de reunirse con los Giants en 1991.

Al igual que su padre, John Mara es reservado y su temperamento ecuánime le ayuda a desempeñarse como director general de un negocio donde los cambios emocionales de una temporada como ésta pueden causar estragos.

“En este negocio, las cosas se llevan semana a semana. Una semana están en la cima del mundo y luego pierdes un par de juegos y estás en el fondo. Pero no puedes dejar que eso afecte tus decisiones”, dijo.