Mexicanos se juegan la vida en Malasia

Juicio contra hermanos inicia esta semana; familiares narran su vía crucis

Mexicanos se juegan la vida  en Malasia
Los hermanos (atrás) enfrentan la horca si el juez Mohamed Zawawi los halla culpable de tráfico y posesión de metanfetaminas.
Foto: EFE

CULIACÁN, México.- Los ojos de doña Carmen Villarreal Espinoza se inundan de lágrimas y su voz se quiebra cuando empieza a hablar de sus hijos José Regino, Simón y Luis Alfonso González Villarreal, presos desde marzo de 2008 en Malasia, acusados de tráfico y posesión de metanfetaminas y que de ser encontrados culpables enfrentarán la horca.

En Malasia, el artículo 39B del Acta de Drogas Peligrosas señala que cualquiera en posesión de más de 50 gramos de metanfetaminas es considerado narcotraficante y sin excepción alguna es acreedor a la pena de muerte.

“Estos años han sido muy duros, muy duros”, dice sollozando Carmen Villarreal, de 68 años, mientras a lo lejos se escucha el canto de los gallos en plena tarde en la colonia Lomas de Rodriguera, un cinturón de miseria al Norte de Culiacán donde la pobreza y violencia son cosa de todos los días.

A Héctor González, el padre de 68 años, hay que gritarle para que pueda oír.

“Pos aquí como dice el dicho, estamos tristes con la situación que tenemos. Estamos pendientes nomás, con pocas esperanzas, ahí estamos esperando”, expresa con una voz lenta llena de melancolía.

Los últimos años han sido los más difíciles para Villarreal y González y los ochos hijos que les quedan. Un año atrás del arresto de los tres hermanos en Malasia, habían perdido a un hijo de 25 años en un asalto.

Villarreal recuerda la partida de sus hijos a mediados de febrero de 2008. “Ellos no dijeron nada, nomás salieron. Nos dijeron que para el Día de las Madres iban a estar con nosotros, pero nos llegó la noticia de que los habían detenido”.

Los tres hermanos, José Regino de 33 años, Simón de 36 y Luis Alfonso de 46, no cumplieron la promesa porque fueron arrestados afuera de un laboratorio de metanfetaminas en la ciudad de Johor Bahru, al sur de Malasia, casi en la línea fronteriza con Singapur. Ahí la policía encontró 60 libras de metanfetaminas cuyo valor en el mercado es estimado en 15 millones de dólares.

Según la familia, no tenían idea de dónde estaban sus hijos. Jamás habían oído hablar de Malasia.

Pero de lo que sí están convencidos es que la pobreza los empujó a dejar Culiacán e irse hasta Malasia. “Estaban cansados de la ladrillera (el negocio que ha sido el sustento de la familia), de la rutina diaria, de comenzar a trabajar desde las 4 de la mañana”, dice Alejandrina González, hermana de los muchachos presos.

“Nomás sale para comer. El trabajo es muy pesado, no se le ve futuro y duele mucho la cintura”, completa el padre.

Lo más duro para la familia ha sido la lejanía del país y la falta de dinero para viajar hasta allá a ver a los hermanos, pero también no saber inglés y hasta la poca información que tienen sobre el caso, del que muchas veces se enteran por lo que sale publicado en la prensa.

Consuelo Soto, esposa de Luis Alfonso, se comunica con el abogado defensor Kitson Foong, a través de un sobrino que tiene en Los Ángeles y que habla inglés.

Es ella quien a su vez informa al resto de la familia de la situación del trío de hermanos. También saben de ellos por las cartas que reciben aproximadamente cada tres meses.

“Les damos ánimos en las cartas, los regañamos, les decimos que se cuiden, que no se pongan tristes”, dice Alejandrina.

“Ellos no cuentan mucho, no quieren preocupar a nuestros papás que están enfermos del corazón y azúcar”, comenta Alejandrina. Los hijos no le han dicho a Héctor, el padre, que Regino, el hermano más chico, se ha enfermado de los riñones en la prisión y está orinando sangre.

“La embajada de México en Malasia nos mandó pedir el expediente médico para ver el caso de José Regino”, indica Alejandrina preocupada.

El abogado defensor Kitson Foong dio a conocer a La Opinión que Regino además de estar enfermo de los riñones, le acaban de diagnosticar tuberculosis. “Se ve muy mal, ha perdido mucho peso, está muy decaído, y los otros hermanos están muy preocupados”, explicó el abogado desde Kuala Lumpur y quien trabaja sin honorarios para evitar que los hermanos González sean sentenciados a la pena capital.

La desesperación por la lejanía

En los tres años que los hermanos llevan presos, Alejandrina y Leticia González han podido viajar en dos ocasiones a Kuala Lumpur con dinero que juntaron haciendo colectas en las calles de Culiacán. “Es un desespero, llega una corte, y quisiéramos ir, pero aunque tuviéramos para el pasaje que cuesta como 33,000 pesos, cómo le hacemos con los gastos del hotel y comida”, cuestiona Alejandrina.

En Malasia, el artículo 39B del Acta de Drogas Peligrosas señala que cualquiera en posesión de más de 50 gramos de metanfetaminas es considerado narcotraficante y sin excepción alguna es acreedor a la pena de muerte, por lo que si los hermanos son hallados culpables serán sentenciados a la horca.

“Mis hermanos no se merecen eso”, exclama Leticia.

“Eso es muy drástico, pero dentro de nuestra pobreza, sin hablar inglés, no vamos a dejar solos a nuestros hermanos y vamos a insistir ante Relaciones Exteriores para que los ayude. Muy bien por el presidente que quiera combatir al narco, pero por eso no significa que les van a dar la pena de muerte a mis hermanos”, enfatiza Alejandrina entre lágrimas.

En entrevista telefónica, cuando iba camino a la prisión federal de máxima seguridad Sungai Bulch para ver a los hermanos, dijo que el juicio está pendiente para empezar está semana. Se espera que inicie entre el miércoles 8 y el viernes 10. Será el juez Mohamed Zawawi, conocido en Malasia como el “Juez Soga” por haber mandado a la horca a más de 100 individuos, quien emitirá el fallo. Durante el juicio los hermanos tendrán que rendir su testimonio.

“Mantengo las esperanzas pero no estoy muy optimista. Este juez tiene un historial a favor de la pena de muerte, así que mis esperanzas están fincadas en ganar el caso en el Tribunal de Apelaciones, pero no con este juez”, indicó.

“Un juez debe basarse en los hechos: dos tercios de las metanfetaminas decomisadas desaparecieron y los materiales encontrados fueron alterados y cambiados. Un juez no debe basarse y hacer presunciones de alguna conexión de los muchachos con algún cártel en México como lo ha venido haciendo en la corte sólo por lo que ha visto en las noticias de que en ese país se libra una guerra con el narco”, señala.

Foong dice que los hermanos se encuentran nerviosos ante la cercanía del juicio. “Ellos están muy conscientes de que hay pocas esperanzas con el ‘Juez Soga’ pero tienen confianza en el Tribunal de Apelaciones”, expresó.