Mildred Fernández tras las rejas

Mildred Fernández  tras las rejas
Tras la sentencia de 22 meses en prisión, un alguacil le toma huellas dactilares a Fernández antes de salir de la corte.
Foto: Orlando Sentinel

El abogado y su clienta celebraron el Día de San Valentín de dos maneras distintas: él casándose y ella, camino a una prisión de mujeres.

Mientras la ex comisionada por el Distrito 3, Mildred Fernández, de 66 años, era transportada a Lowell, una institución estatal en el condado Marion, el licenciado Anthony Suárez, contraía nupcias por lo civil con su compañera sentimental, Karen Díaz.

“Mi marido me dijo hoy, ‘levántate tempranito’ que me tenía una sorpresa”, escribió su ahora esposa en Facebook.

Por lo menos, horas antes de partir hacia la prisión, Fernández pudo despedirse de su hija, Marielle Ascencio. De acuerdo con el registro de visitas de la cárcel, Ascencio compartió con su madre el 12 y el 13 de febrero. Y fue el mismo día del cumpleaños de Ascencio, precisamente, que Fernández fue arrestada por cargos de corrupción pública en abril del 2010.

Durante casi dos tumultuosos años, Fernández hizo noticia, mientras aguardó por el desenlace de su suerte.

La semana pasada, el juez, Jefferey C. Arnold, dictó veredicto contra Fernández: 22 meses en prisión, 4 años de probatoria y 400 horas de servicio comunitario. Además, tendrá que restituir miles de dólares en costos al tribunal.

“Perdí mi trabajo…he perdido todos mis ahorros de retiro, pero peor aún, perdí mi lugar en la comunidad, por lo que estoy muy triste”, dijo Fernández al magistrado, antes de ser penalizada. “Esto casi me ha sofocado a morir. Ha sido peor que una sentencia de muerte para mí de proporciones sin precendentes”.

Arnold, por su parte, reconoció que su posición como juez de tomar una determinación no era fácil.

“Yo sé que no eres una mala persona, sé que eres una buena persona que tomó una mala decisión”, le dijo Arnold antes de dictaminar.

El juez agregó que “sin duda has hecho unas contribuciones de gran impacto a la comunidad, no sólo a la hispana y a la puertorriqueña, pero a la comunidad en general”, aunque agregó que, “violaste la confiaza del público”.

En noviembre del año pasado, Fernández se declaró sin oposición al cargo de aceptar más de $5,000 para su campaña política por la alcadía del condado Orange de las manos de un encubierto que se hacía pasar por un urbanizador, a cambio de favorecer un proyecto. Con ello, la ex comisionada evitó ir a juicio.

En la sala judicial 10-A se mantenía congelada la imagen en vídeo de Fernández, vestida de amarillo, cuando acepta el sobre y a su espalda, un rótulo de propaganda política podía observarse que leía: “Nací para liderar”.

En los meses que luchó por probar su inocencia, Fernández se enfermó de hipertensión, se acercó más a Dios y a su familia, pero no pudo evitar la cárcel.

Suárez aún corteja la posibilidad de apelar la condena, al mismo tiempo que le hace frente a las críticas por no haber logrado salvar a Fernández de la cárcel.

“Nunca uses a un abogado de ejecuciones hipotecarias (foreclosures) para litigar un caso político de alto perfil”, escribió José Ismael Bosque, miembro de la Cámara de Comercio Puertorriqueña, en Facebook.

El letrado tiene una larga y respetada trayectoria de más de 30 años en el ejercicio del derecho criminal.

“Nadie se imagina las malas noches que perdió y los dolores de cabeza”, tratando de defender a Fernández”, respondió Díaz en su página de Facebook.

Al menos el fiscal quedó satisfecho. “El juez hizo lo correcto”, dijo Greg Tyran, el fiscal que lideró al estado.

Finalizada la segunda parte de la audiencia, la ex comisionda fue trasladada a la cárcel de Osceola.

“Cada vez que una persona es traída a la cárcel que ha tenido influencias anteriormente con el sistema, esa persona se traslada a una de las cárceles vecinas en Seminole o en Osceola”, dijo Allen Moore, vocero del Departamento de Correcciones del Condado Orange. “Para evitar dar cualquier impresión equivocada de favoritismo o trato especial”.

Fernández recibió el apoyo de un catedrático, un abogado, un médico y un consultor político durante el procedimiento judicial. Todos tomaron el estrado para defenderla.

“Eso se llama hacer leña del árbol caído. Nadie puede contra los poderosos,” comentaba en el pasillo del tribunal, el Dr. Luis Martínez-Fernández, profesor de Historia en la Universidad de la Florida Central, visiblemente acongojado.

Martínez-Fernández, de quien la convicta no guarda relación familar alguna, irrumpió en llanto cuando testificó a su favor en la primera fase de la audiencia de sentencia.

Pero el futuro ya estaba tocando la puerta de la corte. Entre miradas de sorpresa, tristeza e ira, el joven de 29 años, Marcos Avilés, aprovechó en el tribunal para repartir sus tarjetas de presentación.

“¿Quién eres?” le preguntó una mujer cuando Avilés se le acercó.

“Soy candidato al Distrito 3”, le respondió el joven, de padre puertorriqueño y madre colombiana.

“Hay que acabar con la corrupción y las transacciones a puerta cerrada”, dijo.