Duelo migratorio

Los costos psicológicos de ser inmigrante.
Duelo migratorio
Un migrante ve pasar un tren en México. Foto Notimex

Cuando hablamos de inmigración generalmente pensamos en visas, permisos temporales, trámites y costos. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar cuánto nos afecta emocionalmente esta situación.

Todos los que son inmigrantes saben que comenzar una nueva vida en otro lugar no es cosa fácil. Es que emigrar es un proceso mucho más complejo que el simple “desplazamiento geográfico de individuos o grupos, generalmente por causas económicas o sociales”, como lo define el Diccionario de la Real Academia Española, pues involucra también aspectos psicológicos importantes que pueden llegar a afectar nuestra estabilidad mental.

Marco Gemignani, fundador de Servicios de Salud Mental para Hispano Parlantes de la Universidad de Duquesne, asegura que “independientemente de si las personas abandonan su país porque así lo decidieron, como algunos estudiantes o profesionales que buscan nuevos horizontes, o bien porque fueron forzados a hacerlo, como los refugiados, asilados o gente de pocos recursos, el dejar el país de origen es una experiencia desafiante, pues es una oportunidad para crecer, pero al mismo tiempo un proceso psicológico difícil”.

Tan difícil, que muchos especialistas lo han denominado como “duelo migratorio”, pues corresponde a una situación que conlleva pérdidas emocionales fuertes, pues se dejan atrás pilares fundamentales que conforman el desarrollo de una persona como lo son la familia, los amigos y el entorno.

Sin duda que las razones por las cuales alguien decide emigrar influyen directamente en la manera en que se vive el proceso. Así, el cambio será mucho más llevadero para quienes tienen buenas perspectivas a futuro y pueden mantener los lazos con su país de origen, pero es más complicado en aquellos que no poseen esa opción.

Al respecto, Gemignani explica que “por ejemplo, si el inmigrante está imposibilitado de regresar a su patria por alguna razón, tendrá un sentimiento de pérdida de su ‘hogar’ y lo mismo sucede cuando las personas retornan a sus países después de muchos años, ya que no encuentran lo que recordaban. El paisaje no es igual, la cultura ha evolucionado y más importante aún, las relaciones humanas que definían su vida, se han desvanecido”.

Si bien existe una sensación permanente de nostalgia que acompaña a todo tipo de inmigrantes, ésta se manifiesta aún más en los indocumentados y en aquellos que acaban de establecerse.

Ángela García, Investigadora del Centro de Estudios Comparativos de la Inmigración, de la Universidad de California, afirma que “cuando ellos llegan por primera vez a su nuevo destino, pasan por un período de adaptación en el que se acostumbran a la vida en el nuevo país. Para los indocumentados esto puede ser difícil pues no está inmediatamente claro qué actividades normales de la vida diaria los pueden poner en riesgo de encontrarse con autoridades migratorias”.

Según la especialista, un punto fundamental aquí y que facilita enormemente la transición es la protección que se puede recibir de los pares.

“Está demostrado que el apoyo de redes sociales y familiares ayuda a mitigar los efectos negativos del estrés físico y mental asociado a esta experiencia. La ayuda de los más cercanos es muy importante para que los recién llegados se familiaricen con las nuevas comunidades y el estar integrado en un trabajo y en un grupo contribuye a que la adaptación sea más fácil” explica.

Cuando la migración se convierte en realidad, el mejor consejo es tomarla con optimismo y sobrellevarla de la mejor forma posible. Marco Gemignani sostiene que “para cuidar la salud mental hay que evitar ‘asimilarse’ a la nueva cultura. Por supuesto que se deben aprender los hábitos del nuevo país, pero en vez de tratar de transformarse en un americano más, los extranjeros tienen que mantener y cultivar sus raíces”.

Por eso, recomienda integrarse a agrupaciones sociales o religiosas donde se compartan los intereses y tradiciones de la patria donde se nació, pues eso permite lograr una mejor adaptación. Y más importante aún, siempre tener presente el aporte que cada uno de los inmigrantes realiza al nuevo país. “Los inmigrantes tienden a ser personas adaptables y energéticas que proveen una enorme contribución social, cultural y económica a Estados Unidos y deben sentirse orgullosos de eso” recalca el experto.