La ley no es subjetiva

El debate sobre la obligatoriedad de una institución de otorgar a sus empleados un paquete de beneficios médicos que incluya la contracepción es un dialogo de sordos.

La Iglesia Católica y los republicanos lo ven como un ataque a la religión porque las universidades y hospitales religiosos -a diferencia de las iglesias- no pueden objetar por motivos morales a cubrir servicios reproductivos para la mujer. Mientras que los demócratas, médicos y organizaciones en favor de la mujer ven esta actitud como un ataque al derecho de la mujer sobre su cuerpo. Ambas posiciones argumentan como un disco rayado su postura, ignorando absolutamente la del otro, impidiendo así cualquier tipo de comunicación entre ellos.

Creemos que el meollo de la cuestión es el derecho del empleado de esperar una cobertura médica estándar y el cumplimiento y la subjetivación de la ley.

Un ejemplo de ello es la reciente enmienda Blunt que fue rechazada, aunque recibió un numeroso respaldo de 48 senadores. La medida iba a permitir a cualquier empleador negarse a cubrir cualquier de los servicios médicos que les sean moralmente objetables.

Los defensores de las mujeres tienen razón cuando lo objetable es la píldora y otros servicios médicos ligados a la reproducción. Pero esta enmienda también puede incluir las vacunaciones si el empleador es una de esas personas que las consideran peligrosas.

Es absurdo que cada uno pueda interpretar a su gusto el cumplimiento de una ley y pueda negar beneficios laborales a su personal.

Aquí hay una cuestión ética y legal, pero también electoralista. El deseo republicano de exprimir este conflicto le sirve para marcar a Obama falsamente como un enemigo de la religión y mantener la reforma médica como una controversia. Y no lo que es, una necesaria ampliación de la cobertura médica para los estadounidenses.