Klimt íntimo

Una exhibición muestra al célebre pintor vienés como viajero, amante, padre y persona
Klimt íntimo
En 'Klimt personal' se trata de descubrir los aspectos más íntimos y desconocidos, entorno familiar, círculo de amigos e hijos del pintor.
Foto: EFE

VIENA, Austria.- Un Klimt tímido y retraído, sus viajes, su amores, sus hijos y su concepto del arte son los argumentos con los que el Leopold Museum de Viena trata de aportar una singular visión del famoso pintor dentro de la avalancha de exposiciones anunciadas para este año debido a la celebración del 150 aniversario de su nacimiento.

Con Klimt personal, el foco trata de descubrir al fundador de la Wiener Secession en sus aspectos más íntimos y desconocidos, a su entorno familiar, su círculo de amigos e incluso sus hijos.

Y es que, como manifestó hace unos días en la presentación de la muestra su comisario, Tobias Natter, el pintor vienés en sí ha quedado un poco “desvanecido” en exposiciones anteriores.

Pese a que los responsables del Leopold insisten en que el centro de la exposición sigue siendo la obra, y que en ella se pueden ver ejemplos tan rotundos como Muerte y vida, lo cierto es que gran parte del interés reside en otros testimonios vitales del artista.

Así, se pueden leer muchas de los cientos de cartas, postales y tarjetas que Klimt envió a su compañera sentimental, Emile Flöge, desde numerosas ciudades europeas, entre ellas Madrid y Toledo.

“España es un país peculiar. Desolado, monótono, plano, solitario. Pero interesante. Duro. Severo en su belleza”, narra en una de esas postales sus impresiones.

“Ahora toma la palabra Klimt”, resumió Natter el valor de esas cartas y lo que aportan sobre su carácter y gustos artísticos como, por ejemplo, la fascinación que muestra por el arte centroafricano tras visitar una exposición sobre el Congo en Bruselas.

Otra forma que el Leopold tiene de penetrar en la intimidad del pintor es el análisis de los estudios en los que el pintor realizó buena parte de su obra. Uno de ellos, el que utilizó entre 1892 y 1911 en la vienesa Josefstädter Strasse, y que es reproducido hasta el último detalle en esta muestra.

Un estudio en el que el autor de El beso se refugió de la polémica surgida por sus, para la época, rompedores pinturas para decorar el techo del Aula Magna de la Universidad de Viena.

Según Natter, la exposición que ya abrió y que se podrá contemplar hasta el 27 de agosto, servirá para ver por encima del muro que Klimt levantó alrededor suyo.

También tienen un papel destacado en ese viaje para conocer a Klimt las fotos, que lo muestran principalmente en sus estancias veraniegas en el lago de Attersee.

Paseos en barca, charlas relajadas con los amigos, juegos con niños, y algún simpático posado con un gato en los brazos son algunas de las imágenes que presentan al artista en las distancias más cortas.

Tan cercano se muestra al pintor, que incluso un capítulo poco conocido de su vida, su condición de padre, sale a colación en la muestra.

Fotos de algunos de los seis hijos que tuvo e incluso un retrato mortuorio de Otto, uno de sus vástagos ilegítimo, forman parte de esa colección de imágenes.

Desde el punto de vista artístico, la exposición logró reunir atraer en préstamo varias obras importantes de Klimt, algo complicado en un año en el que todos los grandes museos de Viena se han lanzado a presentar grandes exposiciones.

Aparte de Muerte y vida, pueden verse también El caballero dorado y Manzano, ésta última una de las cinco piezas que en 2006 el estado austriaco se vio obligado a restituir a la heredera de un industrial judío austriaco al que los nazis expropiaron.