Mellizos en plan renovador

El regreso de su astro Joe Mauer es oxígeno puro para Minnesota

Mellizos en plan renovador
Un grupo de aficionados observan la entrada del receptor Joe Mauer.
Foto: AP

ANÁLISIS

Joe Mauer se expresó como alguien que tenía una deuda pendiente y lo hizo con mucha honestidad.

“Tengo una deuda y no soy el único”, dijo Mauer, quien apenas entró en acción en 82 juegos en la temporada pasada.

“Si no tienes esa espinita, pues algo está mal. Creo que todo el mundo, incluyéndome, se siente avergonzado de cómo transcurrieron las cosas el año pasado”, añadió Mauer.

El estelar receptor no es el único jugador de los Mellizos de Minnesota deseoso de olvidar la debacle de la temporada pasada, en la que pasaron del primero al último lugar en su división.

Parece increíble, pero así es esto en las Grandes Ligas: todo puede dar un giro súbito de un año a otro, en este caso de ganar 94 juegos a perder 99.

Una novena que se acostumbró a ganar su división, la Central de la Liga Americana, en la última década, se convirtió en el decimoquinto equipo en la historia que de un año al otro transitó de más de 90 victorias a más de 90 reveses.

Zarandeados por una verdadera epidemia de lesiones, los Mellizos se hundieron en el fondo de su división en su segunda temporada en el renovado Target Field.

Apenas era el sexto juego de la campaña cuando el segunda base Tsuyoshi Nishioka, recién llegado de Japón, se fracturó la pierna izquierda al ser arrollado mientras intentaba concretar una doble matanza.

Al volver al diamante estuvo lejos del nivel de alguien que venía de ganar un título de bateo en Japón.

Mauer, Justin Morneau y Denard Span, los tres grandes pilares ofensivos, sufrieron diversos problemas físicos.

Danny Valencia y Michael Cuddyer fueron los únicos titulares del día inaugural que no padecieron lesiones.

Paradójicamente, Carl Pavano -alguien que cuando formó parte de los Yanquis de Nueva York estuvo lesionado casi todo el tiempo- fue el único integrante de la rotación que completó totalmente sano la campaña.

En total, los Mellizos debieron recurrir a la lista de lesionados para colocar a 16 jugadores: cuatro lanzadores abridores, cuatro relevistas y ocho jugadores de posición.

Esta pretemporada arrancó con una mala señal cuando el relevista Joel Zumaya se lesionó el codo, dejándole fuera.

Pero la realidad era que no tenían expectativas con el apagafuegos al considerar el voluminoso historial de lesiones que han tenido a Zumaya a maltraer desde que irrumpió con los Tigres de Detroit en la temporada 2006.

La baja de Mauer, el ídolo local, fue la que más dolió. Tras operarse la rodilla en diciembre, el tres veces campeón de bateo y Jugador Más Valioso en 2009 estuvo siempre con la corriente en contra.

Comenzó el año fuera de forma y luego causó baja al acusar “debilidad” en una pierna, una dolencia que sorprendió a propios y extraños.

Sus totales ofensivos fueron los peores en sus ocho años de trayectoria: .287 de promedio, tres jonrones y 30 impulsadas.

La vieja expresión de borrón y cuenta nueva adquiere mayor vigencia con estos renovados Mellizos del 2012.

Mauer irradia optimismo al afirmar que su condición física es notablemente mejor a la del año pasado: “una diferencia como la noche y el día”, dice. Y esto es imperiosamente vital para lo que será el rumbo positivo o nuevamente negativo en la suerte del conjunto.

Si las lesiones tienen piedad, con el inicialista Morneau y el jardinero central Span recuperados de las secuelas dejadas por golpes en la cabeza, Minnesota puede volver a lo alto.

En caso contrario, el mánager Ron Gardenhire y Terry Ryan, éste último de vuelta a las tareas de gerente general, deberán plantearse cambios estructurales.

Tal vez llegue la hora de que Morneau sea vea limitado al papel de bateador designado y así cederle la inicial a Mauer.

Donde no hay cambios manifiestos es en la rotación abridora. Cuatro repiten.

Pavano será el número uno, seguido por el otrora estelar zurdo dominicano Francisco Liriano, detrás vienen Scott Baker, Nick Blackburn y el recién llegado Jason Marquis