No defraudan

El hecho de que Los Tigres del Norte se presenten con mayor frecuencia en escenarios poco comunes para su género musical, es muestra de que su estatus de leyenda está trascendiendo a otras culturas
No defraudan
Hernán (izq.), Jorge y Luis Hernández, durante el concierto del jueves.
Foto: René Miranda

El hecho de que Los Tigres del Norte se presenten con mayor frecuencia en escenarios poco comunes para su género musical, es muestra de que su estatus de leyenda está trascendiendo a otras culturas.

La banda de música norteña se presentó el jueves en el nuevo y moderno Valley Performing Arts Center de la Universidad Estatal de Northridge, como parte de la temporada de conciertos de Jazz y World Music de esa institución.

En el lugar, con capacidad para 1,700 personas, había un público mayormente latino, pero también una cantidad considerable de anglohablantes.

La música de Los Tigres, especialmente los corridos -en donde hablan de la vida de lucha y trabajo de los migrantes-, los ha situado en un lugar privilegiado y ha capturado la atención de un público que no habla español.

Por eso ahora, aunque las principales voces de esta banda -ganadora de múltiples premios Grammy y Latin Grammy-, tengan problemas de voz, sus seguidores no reparan en ello.

Durante las dos horas de concierto, que tuvo un lleno total, Hernán Hernández (bajo eléctrico) mostró en todos los temas que interpretó una desgastada voz. La segunda voz del grupo no lograba alcanzar los tonos y en algunos momentos dejó ver el gran esfuerzo que hacía para terminar una nota musical.

Lo mismo ocurrió con Jorge Hernández (vocalista y acordeón), líder de la banda, que desafinó en varias ocasiones.

Pero aunque era evidente el problema de las voces, Los Tigres del Norte no defraudaron a la audiencia, porque como siempre, supieron corresponder al incondicional cariño.

La banda nunca siguió una lista de canciones. Interpretó los temas que el público pidió. Los papelitos con los títulos de las canciones y los saludos pasaban de mano en mano hasta llegar a Los Tigres.

Así, uno tras otro, interpretaron grandes éxitos como La puerta negra, Golpes en el corazón, Tres veces mojado, La perra, Rosita de Olivo y Mi buena suerte.

Un coro multitudinario se escuchó en varias piezas, especialmente en Contrabando y traición, mejor conocida como Camelia la tejana, con la que confirmaron que las nuevas generaciones -porque la mayoría de la asistencia era de jóvenes-, conocen su música de raíz.

El centro de arte resultó un espacio para un concierto muy íntimo con Los Tigres del Norte. La gente tenía fácil acceso para llegar al escenario a saludarlos, a entregar sus peticiones por escrito, a pedir autógrafos y tomarse fotos.

En medio de los temas, los hermanos Luis (bajosexto), Eduardo (acordeón y saxofón), Jorge y Hernán, sin dejar de cantar o tocar, se acercaban a sus fans para tomarse la foto.

Aunque molesto para algunos espectadores, los músicos parecían disfrutar de esas muestras de cariño.

Antes de concluir el concierto, el orden se rompió. Un gran número de asistentes se levantó de sus asientos para acercarse al escenario, y después de que el grupo se despidió con La reina del sur, los guardias de seguridad ya no le permitieron cantar otro tema.

Entonces los cuatro hermanos, junto con su primo Óscar Lara (batería), continuaron en el escenario repartiendo besos, abrazos, autógrafos y posando para las fotos hasta que fueron obligados a abandonarlo.

Eso, y lo que su trabajo musical ha dado por varias décadas, es lo admirable de Los Tigres del Norte.