Otra cumbre, otra vez Cuba

Otra cumbre, otra vez Cuba

Se acerca una nueva Cumbre de las Américas, reviviendo el debate sobre la ausencia de Cuba a la reunión. Esta es una discusión de casi dos décadas que quizás pueda resolverse en la reunión a realizarse en Cartagena, Colombia.

Desde el primer encuentro de este tipo en 1994, siempre suele surgir el tema de la exclusión de Cuba. Las normas establecidas indican que la cumbre es para los gobiernos democráticos que integran la Organización de Estados Americanos (OEA). Cuba fue excluida de la OEA en 1962, levantándose esa restricción en 2009. Como respuesta, el gobierno de la isla dijo estar desinteresado en ingresar la OEA.

De todas maneras Cuba podría asistir a la reunión de mediados de abril si hubiera habido un consenso para invitarlo, pero Estados Unidos se opuso a ello aludiendo que Cuba no es parte de la organización regional.

En consecuencia Cuba no fue invitado, aunque este tema -como corresponde- estará en la agenda de interés de varios países participantes.

Creemos que es importante que haya un foro continental que agrupe a todas las naciones de la región, Cuba incluida. No es necesario que Cuba sea integrante de la OEA para que esta organización pueda funcionar, pero la exclusión de un país de la cumbre en esta era es perjudicial.

Esta actitud, por ejemplo, justifica el surgimiento del ALBA como reacción a la intransigencia de la OEA en la cuestión de Cuba. La formación de bloques entre países afines es normal, pero eso no reemplaza la diversidad política actual que abarca hoy la OEA.

Esperamos que los países integrantes del ALBA -Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Dominica, San Vicente y las Granadinas y Antigua y Bermuda, además de Cuba- sean parte de la Cumbre de Cartagena. El presidente Correa de Ecuador puso en duda esa participación de los integrantes del ALBA si Cuba es excluida. Creemos la mejor ayuda que pueden darle a Cuba es participando en la cumbre y en el debate que se realizará sobre este tema.

Es lamentable que la cuestión de Cuba permanezca todavía como una pared que separa a Estados Unidos del resto del continente. Esta política de Washington es una reliquia de la Guerra Fría, como lo es el gobierno de los hermanos Castro, pero en este caso perjudica a la larga a Estados Unidos.

Esta no es una defensa de la dictadura cubana sino es un argumento a favor del pragmatismo necesario para mejorar la relaciones de nuestra país con Latinoamérica.

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