Politica: Irán, tan lejos, tan cerca

El último informe trimestral del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), afirma que Irán ha acelerado de forma significativa su producción de uranio enriquecido; una noticia que estaría alejada de nuestra realidad sino fuera porque la República Islámica de Irán representa en la actualidad el punto más explosivo de la geopolítica mundial.

Irán está más cerca de nosotros, consumidores de derivados de petróleo, al grado que un estallido bélico allí afectaría no solo la región sino los precios internacionales del petróleo y elevaría aún más el costo de los granos básicos y la producción industrial ya no se diga el de la gasolina y el diesel. Dicho país es uno de los principales productores mundiales del oro negro.

¿Qué pasa en Irán y desde cuándo? En febrero de 1979, cuando triunfó la revolución de los ayatollahs, los clérigos islámicos de la rama chií, Irán dejo de ser el portaviones de los Estados Unidos en lo que se ha dado en llamar El Gran Oriente (Irán, Irak, Afganistán y Pakistán) para convertirse en una revolución islámica de corte nacionalista que propugnaba una vía alternativa a los países del llamado Tercer Mundo: “Ni con la URSS ni con Estados Unidos”.

En este marco, la toma violenta de la embajada de Estados Unidos en Teherán por los guardias revolucionarios iraníes (pasdarán), desde el 4 de noviembre de 1979 hasta el 20 de enero de 1981, tomando como rehenes a 66 diplomáticos y ciudadanos de los EEUU, marcó el inicio de unas relaciones tormentosas entre Washington y Teherán, que persisten hasta el momento.

El fracaso de las intervenciones militares de Estados Unidos y Occidente en la última década en Irak y Afganistán, ha fortalecido la posición iraní en la región y su política anti-occidental ha cobrado más agresividad, de la mano de su folklórico Presidente Mahmud Ahmadineyad, él mismo un pasdarán, quien niega la existencia del holocausto perpetrado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, que cobró la vida de 6 millones de judíos, y propugna por la aniquilación de Israel.

Este odio anti-israelí del Presidente iraní y de buena parte del mundo musulmán de cerca de mil millones de habitantes y de parte de la opinión pública occidental , es consecuencia de la política del Estado israelí contra los palestinos, al obligarlos a salir de su propia tierra o a vivir en guettos bajo infrahumanas condiciones de vida en los campos de refugiados de Gaza o Jerusalén, entre otros.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA), que al igual que Dios todo lo sabe y evalúa, se ha apresurado a afirmar que Irán todavía no representa una amenaza atómica a la estabilidad regional y que un ataque preventivo de Israel a las instalaciones nucleares de Irán, fracasaría.

Al parecer, los servicios secretos israelíes, están desde hace años dejando “fuera de acción” a científicos atómicos que trabajan en el programa secreto nuclear iraní, con el objetivo de retardar la producción de “la bomba islámica”, en manos de Irán. Y no les faltan argumentos para justificar sus acciones, pues el Estado sionista sería el primer objetivo de los misiles nucleares persas, una vez conseguida la producción de ojivas atómicas.

Y es que el enjambre de la producción atómica iraní esta desperdigado por todo el país, siguiendo el diseño productivo de la antigua URSS, donde las diferentes piezas de un todo se producían en ciudades distantes entre sí. Y quienes han diseñado el sistema de producción atómica iraní son fundamentalmente científicos y militares de la antigua Unión Soviética que, según los servicios secretos occidentales, han construido multitud de bunkers de cientos de metros de profundidad a lo largo y ancho del territorio iraní donde hay una producción descentralizada de las piezas y el material radioactivo requerido por la industria atómica. Un ataque aéreo sería ineficaz y una incursión terrestre, de dudoso éxito, tomando en cuenta el inmenso territorio iraní.

Por otro lado, Irán cuenta con el aval del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) para desarrollar su producción nuclear con “objetivos pacíficos”, por ejemplo en la tecnología médica o la industria aeroespacial.

Ubicado en una zona crítica, el Indostán asiático, donde países cercanos poseen la bomba atómica (Pakistán, India, Israel, Rusia, China y, a tiro de misil, Corea del Norte)Irán, por su riqueza petrolífera y por su militante posición contra los intereses económicos occidentales, parece ser el escenario predestinado por los complejos militares de la industria armamentística, de las guerras que vienen.