La mentira del oleoducto

Guía de Regalos

La oposición de la Administración Obama a la construcción del oleoducto Keystone XL y la reciente derrota del proyecto en el Senado, le ha dado municiones a la oposición republicana para aprovechar el aumento de precios de la gasolina y atacar al Gobierno, acusándolo de ser un extremista del medio ambiente que está en contra de la independencia energética de Estados Unidos.

En realidad eso no es así. De llegar a ser construido, los aproximadamente 700 mil barriles de petróleo diarios que circularían a lo largo de dos mil millas, entre Alberta, Canada, y Texas, serían exclusivamente para exportación. La existencia de este proyecto tal como está planeado no aumenta en un galón la producción destinada al consumidor estadounidense.

Es más, el proyecto tiene un riesgo potencial al medio ambiente, ante la posibilidad de ruptura y pérdidas a lo largo del oleoducto. Esta es una preocupación real que está dificultando los planes de TransCanada de lograr una salida al mar para exportar el combustible. Hasta los mismos canadienses de la costa este y oeste están en contra de que el oleoducto pase por su área por temor al impacto ecológico.

Dicho esto, el único argumento positivo para Estados Unidos de este proyecto es la creación temporal de empleo para su construcción y nada más. El beneficio es temporal mientras que el riesgo ambiental es permanente.

El proyecto es una bonanza corporativa. Permitirá embargos de tierras privadas en los seis estados para el proyecto de una petrolera extranjera, otros países recibirán el combustible y los inversionistas en petróleo y en el oleoducto sacarán ganancias subsidiadas por los beneficios impositivos. A los estadounidenses únicamente les queda el alto riesgo de la contaminación.

Es un error pensar que este proyecto ayudará de alguna manera a la independencia energética de nuestro país. Es una mentira implicar o decir que la construcción del oleducto reducirá el precio de la gasolina para los conductores.