Reflexión electoral

Guía de Regalos

Últimamente he recibido un creciente número de correos electrónicos. La mayoría son amables, pero otros -¡Uchala!- no tanto.

Hay quienes no pueden expresar sus ideas y desacuerdos más que con palabras “gruesas”; de todos modos sus comentarios son bienvenidos.

Algunos lectores me reclamaron el que yo “esté siempre en contra de los candidatos republicanos”; afirmación sin base porque no estoy en contra de nadie y menos “siempre” pero, por más esfuerzos que hago, tampoco encuentro algo que me haga estar a su favor.

Un lector, Jimmy López, según dice, es activo republicano en “La Jolla” (sic) me dice que con mis críticas abuso de la libertad de expresión y que “eso la distorsiona” (sic).

¡Usar la libertad dentro de los márgenes de veracidad y decencia no distorsiona nada!

Y una es la libertad de expresión y otra el insulto.

Yo me había hecho el propósito de no volver a mencionar a Rush Limbaugh, supongo vocero del Partido Republicano, porque sus exabruptos no me parecen. Este agitador radiofónico tiene todo el derecho a expresar sus ideas pero no a insultar como lo hizo a Sandra Fluke a la que llamó “prostituta” agregando otras indecencias, tan solo porque esta joven defendía sus puntos de vista.

Me extrañó sobremanera que ni el Partido Republicano ni alguno de los pre-candidatos se distanciara de ese insulto.

La tibia “no disculpa” de Limbough tuvo más de justificación que de arrepentimiento.

Pero vamos a algo menos vergonzoso y verdaderamente importante: Yo quiero para los Estados Unidos un gran presidente. Llámese como se llame, sea del partido que sea, cualquiera que sea su raza o religión y que lo sea de todos los estadounidenses, hayan votado por él o no. Que se preocupe especialmente por los más necesitados, que son millones y que, ya en el cargo, no sea partidista, sea honesto y que deje a un lado la demagogia.

¡Sé que es pedir mucho!

Ahora bien: ¿Quién de los que aspiran a la presidencia llena esos requisitos?

¡Usted pienselo!

Con la desastrosa pre-campaña – que Laura Bush (lo mejor del régimen anterior) calificó “como la peor que recuerda”- hace la reelección de Obama probable pese a que le echan en cara no haber cumplido con ciertas promesas de campaña.

¿No ha cumplido o no ha sido posible cumplirlas? Para el caso es lo mismo…

Obama ha hecho cosas por las que debe recibir crédito pero no son suficientes como para asegurar su reelección. Lo interesante es que en las elecciones de noviembre se enfrentará lo cierto a lo incierto.

Lo cierto: Se sabe lo que Obama puede hacer; se sabe de su capacidad, aunque haya dejado en el tintero cosas prometidas como la reforma migratoria y su actitud sea un tanto académica al pasar por alto el desastre que heredó de Bush, desastre del que ahora lo culpan.

Lo incierto: No sabemos cual es la capacidad, vaya ni siquiera cuales son las dos o tres ideas constructivas y nuevas que sostienen los pre-candidatos republicanos que no sean las trilladas de años atrás.

A como pintan las cosas, tras el martes 6 de marzo, parece ser que Romney va a ser el candidato republicano pero por su cambiantes puntos de vista habrá que preguntarse como va a actuar de llegar a presidente.

No hay manera de anticiparlo…

En esta precampaña Ronmey sale un poco menos destruido que Gingrich con sus antecedentes que arrastra. Solo Santorum, pese a su extremismo, puede aun darle un susto a Romney.

Al ritmo que van ganando delegados me parece que ninguno de ellos va a llegar a la convención nacional con suficientes votos para haber asegurado la candidatura.

Queda un largo y desgastante camino por delante para asegurarla. Si Romney la gana, sale electo y actúa como cuando fue gobernador de Massachusetts, va a ser un presidente moderado. Por ello habrá gente de su partido que no esté con el.

Obama es moderado lo que le vale la critica de algunos demócratas.

Los miembros del Congreso que buscan la reelección tienen la peor calificación de la historia; me han convencido que como políticos profesionales solo buscan el poder por el a poder mismo y por las ventajas personales que obtienen. Muy pocos han aprovechado la oportunidad que les brindó la historia para hacer algo verdaderamente importante para esos hombres y mujeres que pueden ser demócratas, republicanos o independientes, religiosos o ateos y de todos los colores.

Es una pena pero entre más demagógicamente politizado esté el Congreso, menos capacidad e interés tendrá en satisfacer las necesidades de los que no piensan igual; que siempre son muchos.

Hacen falta caras nuevas, gentes jóvenes honestos con ideas modernas con deseos de servir.

Con algunos de los que buscan reelección no salimos de lo mismo… y lo mismo es obsoleto.

Se necesitan gentes que entiendan que el Congreso es el de los Estados Unidos, no el del Partido Republicano o Demócrata, aunque sus miembros lo sean.

Hay que revivir la democracia, alejarnos de la plutocracia y darle nuevamente valor a lo que realmente lo tiene.

Los gastados políticos de Washington, con respetables excepciones, no tienen con que hacerlo porque solo buscan satisfacer sus ambiciones personales ($$$$).

Y como usted, yo y millones mas, los dejamos hacer, amable lector, nosotros tenemos la culpa.