Inmigración: Por una decisión humana

Felipe Montes es un ciudadano mexicano que emigró ilegalmente a los Estados Unidos en el 2003 para trabajar en las granjas de árboles de Navidad en Carolina del Norte. En el 2006 se casó con una ciudadana estadounidense, y de esta unión nacieron sus hijos Isaiah, Adrián y Ángel.

En el 2010, Felipe fue deportado después de ciertos problemas legales que se originaron por varias citaciones de tráfico que recibiera de parte de los 7 policías de la pequeña localidad de Sparta, donde vivía y trabajaba.

Bob Lane, jefe de la policía de Sparta, ha señalado que Montes fue parado en múltiples ocasiones sin haber mediado falta alguna, y solamente porque los agentes ya lo conocían.

Felipe fue puesto en un avión hacia México, sin permitirle siquiera despedirse de su cónyuge y de sus hijos.

Pero la situación de esta familia tiene un elemento adicional, Marie, la esposa de Felipe fue diagnosticada con una enfermedad mental y dos semanas después de la deportación de Felipe fue declarada incapaz de cuidar a sus hijos, así los tres niños fueron a cargo del Servicio de Protección de Menores.

Hasta la fecha, Felipe Montes está viviendo en Tamaulipas, México, y las autoridades estadounidenses que tramitan este caso se encuentran empeñadas en despojarlo de sus derechos de paternidad. En Encina, Tamaulipas, Felipe está radicado en una casa de cemento de cinco habitaciones con todas las comodidades del caso, que es propiedad de un familiar. El único problema es que no tienen agua corriente. La carencia de este servicio fue el argumento de las autoridades del condado de Allegheny para solicitar la pérdida de los derechos de paternidad.

Como si un servicio higiénico que baje automáticamente fuera más importante que el amor de un padre.

Queda claro que Felipe obviando su condición de indocumentado es una persona de buena conducta, además de haber sido el proveedor de su familia, y el único de los dos padres con capacidad suficiente para cuidar de sus hijos. Las autoridades federales pudieron haberle permitido quedarse en el país por razones humanitarias, sin embargo, decidieron deportarlo y ahora pretenden separarlo para siempre de su familia.

Y esto desgraciadamente no es aislado, existen actualmente en EEUU 5,000 casos de menores que fueron separados de sus padres por una deportación y colocados en hogares substitutos.

¿En qué momento los humanos nos convertimos en seres tan crueles y desalmados, incapaces de discernir la diferencia entre el cumplimiento a rajatabla de la ley y la aplicación de una justicia compasiva y humana?

El 5 de abril próximo habrá una audiencia en este caso para determinar si Felipe es separado de sus hijos para siempre o si se les permite reunirse con su padre en México. Ojalá el juez tome una decisión humana y no arruine para siempre la vida de toda una familia.

Hay que votar para tener influencia y evitar estas injusticias.