Testimonio en muestra
Una nueva colección del Museo del Barrio, en Nueva York, exhibe objetos de expresión popular
Muñecas negras de 'madama' y esculturas de animales forman parte de la colección. Crédito: EFE
NUEVA YORK.- El Museo del Barrio alberga la exhibición Testimonios: 100 años de expresión popular, que muestra a través de esculturas, fotos, dibujos y textiles la forma en que diversas culturas latinoamericanas han expresado su espiritualidad, sentimientos, o celebraciones comunitarias.
La exhibición está compuesta de más de 300 piezas de la colección permanente del museo, ubicado en El Barrio latino de Harlem, que hablan de su propia historia, así como de coleccionistas privados, muchas de ellas realizadas por artistas “autodidactas”, destacó la comisaria del museo, Rocío Aranda Alvarado.
“Son obras que consideramos expresiones populares, que no son hechas típicamente en pintura de caballete, sino por artistas que quizá han trabajado en otra cosa, pero han sentido la necesidad de crear algo”, indicó.
En la muestra figuran las coloridas esculturas de animales del puertorriqueño Gregorio Marzán (1906-1997), un trabajador de fábricas que al jubilarse en 1971, a los 65 años, comenzó a hacer las figuras a base de objetos que recogía de la calle, además de papel, cintas, botones, cinta adhesiva y yeso.
La muestra también incluye la serie Paños (pañuelos de algodón usados como lienzos), compuesta por cerca de cien dibujos en tinta y lápiz hechos por prisioneros de origen mexicano.
En gran número son imágenes de la Virgen de Guadalupe, pero también hay diversas expresiones de amor hacia madres, pareja u otros familiares, y también hay los que “cuentan” cómo llegaron a la cárcel.
Muchos creadores de los paños (tradición cuyo origen se desconoce, pero puede haberse iniciado en la década de 1940 en el sureste de Estados Unidos) eran artistas o trabajaban en profesiones artísticas antes de entrar en prisión y muchos volvieron a sus profesiones tras ser liberados, de acuerdo con El Museo del Barrio.
“Al principio usaban sábanas y luego los pañuelos, para hacer dibujos en tinta permanente que enviaban como recuerdos a su familia y otros seres queridos. Lo que interesa mucho es la iconografía; se repite mucho la imagen de la Virgen de Guadalupe, pero también otras románticas, de mujeres bien vestidas”, explicó.
Destacó que en Paños también hay imágenes “más difíciles; ‘la vida loca’ le llaman ellos, sobre cómo llegaron a ser encarcelados”, señaló.
La exhibición consta además de las esculturas de los santos de palo del Caribe hispano, especialmente de Puerto Rico, tradición llevada a muchos países por los españoles, y creadas para altares domésticos.
“Por generaciones familias han hecho las figuras talladas a mano en madera, generalmente figuras religiosas y en el museo tenemos la colección más grande en Estados Unidos, después del Smithsonian”, señaló la comisaria.
El vudú también está presente con lienzos de brillantes colores y las populares muñecas negras de “madama”, que en el espiritismo es una asistente espiritual que sirve de protectora y que preserva las tradiciones orales en la cultura.
Las muñecas pertenecieron al doctor Manuel Aulí, del Lower East Side de Manhattan, especialista en traumatología, que las usó para facilitar la comunicación con pacientes que provenían de muchas culturas.
El público podrá conocer a través de las fotos de Eljat Feuer las tradicionales “casitas” de madera con sus balcones y jardines, construidas por los emigrantes puertorriqueños en El Barrio, El Bronx y el Loisaida (Lower East Side) en Nueva York, semejantes a los hogares que habían dejado atrás, y que se convirtieron en el lugar de reuniones y celebraciones de la comunidad, y muchas de las cuales ya no existen.
“Las casitas, muy de Nueva York, fueron construidas por gente que sintió la necesidad de crear un espacio común para su familia y vecinos, y en las que hacen todo tipo de actividad social”, argumentó.
Estará además el mensaje de mujeres chilenas bajo la dictadura de Augusto Pinochet (1915-2006), plasmado en pequeños tapices, conocidos como “arpilleras”, de las que la colección del museo posee más de 200 piezas, aunque sólo se muestra una treintena.
De acuerdo con la comisaria, se empezaron a hacer en 1997, un año después del golpe que derrocó al presidente Salvador Allende.
“La iglesia católica comenzó a ayudar a las mujeres a buscar a sus desaparecidos y como terapia se desarrollaron talleres donde las mujeres trabajaban juntas haciendo las arpilleras” en las que plasmaron diversos mensajes sociales y políticos, explicó.